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No comparto la comodidad de aquellos que no se plantean las consecuencias de la existencia de Dios, tanto para negarle, como para aceptarle, y que eligen vivir entre dos aguas, porque resulta una apuesta segura.

Respeto a quienes creen en Dios conscientes de lo que ello supone, no puedo decir mucho más al respecto, o al menos no si ellos no están delante.

Me incluyo entre quienes rechazan toda posibilidad antropomórfica del mismo, rechazan el Sentido de la vida, y sufren del absurdo de la existencia, tratando de buscar pequeños sentidos a la misma.

Y admiro a quienes aún abrazando el Absurdo, son capaces de encontrar un Buen Sentido a la vida, y ofrecen su incansable esfuerzo, bondad, y talento, por el bien de la especie. Es una actitud y una fe que envidio.