El motivo

 Ya sabes que en invierno siempre voy con el abrigo negro porque está lleno de bolsillos donde guardar el tabaco, la cartera, y algún libro más o menos grueso. El que llevaba era Ficciones.

La puñalada sin embargo llegó un poco por debajo de donde guardaba al argentino, y como mi agresor no era más alto, ni su cuchillada fue más ascendente, ni a mí me dio tiempo para encogerme de miedo… me alcanzó sin que Borges pudiese hacer nada.

Cuando me socorrían, retorcido de dolor, fabulé que si la casualidad hubiese querido ser benigna conmigo, incluso poética, la puñalada podría haber sido detenida por “Las tres versiones de Judas”; por “El Sur” (acaso su mejor cuento, como él mismo decía); por leyendas como Pierre Menard o Herbert Quain; o por palabras como «laberinto», o «heresiarca».

No hubo en cambio nada de poética y Ficciones quedó intacto. Todavía sin embargo pienso en lo bello de la idea: la tinta desangrada en lugar de mi tripa, el papel como escudo, la ficción como salvadora… Pero ya me ves, apenas puedo balbucear, y de no ser tú quien me escucha, sería acusado de loco, o peor aún, de moribundo.

De moribundo y sin contarte aún el motivo por el que me apuñalaron. Este sí que es una buena historia…

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