La conjura contra América, Philip Roth

En proceso de remodelación de mi blog en el que será su tercer gran salto desde que nació, allá por un lejano otoño berlinés de 2007 y, tras un parón de meses por el que me merezco la admonición que cada cual considere, vuelvo a vosotros con la sección que durante el año pasado más disciplina y placer me supuso, a la que espero volver a partir de ahora sin fisuras ni abandonos y que no es otra que la de la crítica de libros.

Entrar en una biblioteca y encontrarme a Philip Roth de frente es una tentación que no puedo evitar y en la que una vez más caí con todas las consecuencias, no recuerdo el motivo por el que estaba en el expositor, pero me importó poco y en seguida hice la suma pertinente, que me lo pudiera llevar y que no lo hubiera leído antes, dados los sumandos de manera efectiva, el resultado no pudo ser otro, el libro que iba a buscar no lo tenían, pero el viaje no había sido en balde. Nunca hay viaje baldío a una biblioteca.

Ya en la tentación, me entregué a su prosa a pecho descubierto. Reconozco que al principio me costó, pues la novela parecía poner todo el peso en la vivencia norteamericana-judía que caracteriza su obra, cuando a mí me interesa más su lado y sus derroteros libidinosos. Con todo, el atractivo de tenerle a él como protagonista (siendo un niño de unos ocho años) y a su familia, en Newark, dónde si no, me hizo avanzar hasta que me atrapó sin remedio. El precio que se paga con Roth siempre es realmente sugerente.

Puesto que vivimos en una sociedad anti spoilers, y puesto que hay un elemento clave a este respecto, poco diré a la hora de calificar y definir la novela ante la que estamos y del mismo modo, me prohibiré reflexionar sobre esos aspectos. Solo me limitaré a decir que según avanzaba me contuve de acudir a otro tipo de fuentes para ampliar los conocimientos históricos que con su lectura iba adquiriendo. Al final, el propio Roth se marca unos apéndices que desvelan y reúnen esas fuentes de información que se precisa.

En La conjura contra América tenemos al genio en el pleno esplendor de su prosa, jugando como él sabe hacer de una manera hipnótica con la Historia, con su biografía y con el lector. Un relato bien escrito es siempre un relato verosímil, convincente y poderoso. Así que solo puedo recomendarles que se dejen llevar por la procelosa Norteamérica previa a su participación en la II Guerra Mundial, descubrirán episodios sorprendentes que desconocían, y al final de la novela, tal vez duden, como me ha pasado a mí, entre odiar o amar a Philip Roth.

Aunque les seré sincero, en mi caso la disyuntiva la resolví al instante y con toda facilidad. Yo siempre me arrodillo ante el escritor Philip Roth, para darle las gracias por la obra que nos ha legado y nos ha regalado por los siglos de los siglos venideros, que no serán muchos al ritmo que vamos, pero ese relato, ya es otra historia.


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