Yoga, Emmanuel Carrère

Vuelvo al moribundo blog no sin una carga de vergüenza a mis espaldas, pero vuelvo, porque debo reseñar Yoga, de Emmanuel Carrère. Me gustaría pensar que es la primera piedra que reconstruya secciones, que habitaré nuevamente mi espacio literario original, sin embargo, bien sé que no será así, al menos no por ahora. Basta de lamentos y escribamos lo que he venido a escribir.

Tras leer una elogiosa reseña en un periódico cuyo nombre no recuerdo, me dije que Yoga era un firme candidato a engrosar mis estanterías de libros cuando volviera a realizar una compra selectiva, pero tras encontrarlo en la Biblioteca Pública donde acudo asiduamente, no pude resistir la tentación y me lo llevé. Esperaba un buen libro, no lo que he encontrado.

Yoga es una obra de arte profundamente hermosa, un texto que trasciende su formato de libro para encontrar un equilibrio incandescente entre la palabra y los hechos. Sin lugar a dudas es uno de los artefactos más luminosos que recuerdo. Por si fuera poco es un libro para todos los públicos, a poco que todos los públicos, tenga un mínimo de interés por el mundo que le rodea, un mínimo de empatía, un mínimo de sensibilidad literaria.

Confesaré que me preocupa un poco generar tanta expectativa, porque ya se sabe que las expectativas las carga el diablo y suelen provocar que la obra elogiada tienda a la baja en aquel que llegó a ella tras tanto alboroto y aplauso. Sin embargo, ante esta maravilla que en español ha publicado Anagrama, estoy dispuesto a correr el riesgo.

Llegados a este punto, contar de qué trata Yoga, al menos mínimamente, sería de una lógica aplastante, pero me vais a perdonar, o no, pero invito a quien me lea a que acuda para este punto a las cientos de reseñas que seguro lo hacen mejor que yo. A mí lo que me interesa decir es que mientras leía Yoga empecé a practicar Taichí, escuché la Polonesa de Chopin con ardor, recordé y sentí el drama de los refugiados, y hasta he intentado ser mejor persona. Sí, Yoga trata de meditación, de todo lo anterior y de mucho más.

En el eterno debate de si la literatura debe ser social, me posiciono en el lugar de que no tiene por qué serlo, pero que si lo es, y está bien hecha, bienvenida sea. Yoga sin duda es pura literatura y por si fuera poco, es útil. Es difícil pedir más. Solo queda hacer lo que he hecho, hablar y escribir sobre ella para que llegue a tus manos.


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