24.07.10

24.07.10

Parece que este trío inusitado de convivencia llegará al final del trayecto sin rasgarse las vestiduras ni la piel. Los tres encontramos tensiones pero a estas alturas de gran hermano es lógico, y bueno es que sepamos llevarlas.

Y para llevarlas nada mejor que un sábado conociendo las joyas del país.

La primera que hemos conocido fueron Las ruinas de Tazumal, una construcción piramidal pipil o nahuathl, esto es, una rama de los mayas que se asentaron en El Salvador. No es tan espectacular como otras ruinas vistas en fotos y vídeos, pero dignas de ver en cualquier caso.

Luego tocó Santa Ana, con su catedral colonial y su teatro y su fiesta, pues coincidimos con su patrona, razón por la cual la gente se había lanzado a las calles. Como resultado de lo anterior, unas calles atestadas de gente y tres libros a la buchaca que no pude resistir… Pero lo mejor de Santa Ana fue la comida, Roberto, el pastor, nos había recomendado “El Patio”, un restaurante a las afueras, y nos ha servido para degustar una estupenda comida y para invitar a comer a don Ovidio, nuestro sempiterno y atentísimo taxista de estas aventuras. Por cierto, me zampé un churrasco riquísimo, previo consomé (por partida de doble) de res.

Tocaba ahora ver la panorámica del lago Coatepeque, según algunos uno de los 10 lagos más bonitos del mundo. No conozco muchos, pero éste era precioso. Tras verlo desde arriba tocaba ponernos a la par del volcán Izalco, con una vista al parecer impresionante. Pues bien, después de un buen tramo de subida, el coche-taxi dijo basta y el resto del día se nubló según lo previsto.

Sin embargo, en esos momentos en los que el coche decía quizá tiro, quizá os deje tirados (salió primero canto y luego cruz), yo me fundí por momentos en el bello paisaje de bosques, maizales y cafetales, con mi cámara en mano, respirando paz y buscando diversos bichos por los márgenes de una carretera brutal y hermosa.

Luego de la aventura del taxi estropeado y tras que nos recogiera Evelyn (la hija de Ovidio y segunda y última taxista nuestra) con su hija, y puesto que no pudimos seguir con el plan por estar este cerrado, fuimos a “La boca del Diablo”. Estuvo bonito, y nos acompañó una neblina que allí es clásica y que dio un toque interesante.

El caso es que mañana continuamos con la ruta que a medias quedó hoy, sin subir a Izalco eso sí, quizá lo que más me hubiera gustado (y sinceramente, no me veo volviendo otro año para zanjar esta deuda). Pero fue un buen día, y don Ovidio es un buen hombre aunque con una camioneta taxi regular, y qué coño, disfruté como un enano de ese paisaje que desborda e inunda de verde hasta la sangre, olvidando uno que es carne, para donarse con ternura a una naturaleza que como me descuide en exceso, un día me devorará.

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