28.07.10

28.07.10

Como la luz se hizo, en ocasiones se esfuma. Y esa es la razón de que ayer “decidiera” no escribir, la luz dijo basta a las 20:00, y mientras en otros lugares se le responde con un bofetón de plomos hacia arriba, aquí se agacha la cabeza y se dirige uno a la cama acompañado de velas si hay suerte.

En unas horas llegará la reunión, esperemos que no se nos vaya de las manos y que no nos dediquemos a juzgarnos en demasía. Y en unas pocas más, las fiestas, el cine, las despedidas. El avión aguarda tras un mes, y la búsqueda de casa, y la vuelta al curro.

Así las cosas empiezo a preguntarme si la experiencia me ha cambiado, esas cosas que uno hace al expirar un proyecto de este estilo. Pues bien, iba a responder que no, que sigo siendo el mismo, más curtido en dolor ajeno pero sin haberme modificado a mí mismo un ápice. Sin embargo, dando vueltas sobre la incómoda litera en la noche de ayer, concluí algo que si revienta mis parámetros: quiero tener hijos.

La cosa no es tan espectacular, pues siempre he dudado al respecto, pero creo que de aquí me llevo un paso al frente a favor del “sí”. No hay una fuerza mayor en la naturaleza que la de un niño, capaz de tragar y digerir el infierno, para devolverlo en forma de sonrisa. Si eso puede hacerlo con el Dolor Personificado, qué no podrá hacer con una bonita y saludable infancia. Y por qué no decirlo, me apetece formar parte de tal aventura.

El otro punto a destacar es la relación sumamente compleja de Dios con Latinoamérica, y de la corrupción con sus dirigentes. Ambas las conocía, pero al vivirlas en primera plana, se comprende su abismo casi insondable.

La segunda la escuché más que la vi, pero con la primera, pude observar la otra cara de la moneda con respecto a la tradicional Iglesia europea, es decir, el lado bueno, un Dios que en ocasiones sirve para salvar personas al menos aquí en la Tierra. Si las opciones son las maras o Dios, el trauma eterno y vicioso, o la fe, bienvenidas sean las Iglesias y sus seguidores, por mucho que mi piel no sienta las punzadas de Cristo.

También he de decirlo, como conocí a buena gente, profesan “cultos decentes” (qué fue primero, ¿el huevo o la gallina?), pero bien harto salgo de escuchar sobre cultos radicales, oscuros, intransigentes y estúpidos, que dan un calor que abrasan.

En fin, que de todo hay, y más en Latinoamérica (y más aún en concreto en la realidad salvadoreña que es la que he conocido), en la viña del Señor.

El susto del curro llegó vía email explosivo. Está claro que me tenían que dar las vacaciones, y desde luego lo han conseguido. Al parecer yo me daba de baja voluntario por no querer el turno de tarde. Tras llamar a la directora, todo parece solucionado. Eso sí, puedo ir despidiéndome de las noches y diciendo hola a las tardes.

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