Condenado

“Hay otros mundos pero están en este,

hay otras vidas pero están en ti” Paul Eluard

 

−¿Sabes por qué me gustas, poeta?

−La verdad es que no tengo la menor idea.

Era de noche y hacía calor en los primeros días de otoño. Se habían alejado un poco del camino principal para tumbarse sobre la hierba. A pocos metros el río tenía aquietadas sus aguas. La luna llena lucía hermosa.

−Porque eres capaz de recitar palabras que llevan a ideas, porque puedes juntar en la misma frase «polla» e «inmarcesible».

−Gracias –él esbozó una sonrisa− aunque a todas luces exageras.

Ella no le había mirado en ningún momento, él no dejaba de hacerlo, quería registrar cada detalle de su rostro, no le fuese a faltar en breve.

−Crear debe ser bonito –dijo ella después de un silencio cálido.

−Qué va, crear es un asco. Si te conformas con lo que alcanzas estás jodido, si no te conformas, también estás jodido.

Tomó la firme decisión de besarla en cuanto le mirase, de besarla en cuanto ella  quitase los ojos de la noche.

−Suenas triste, poeta, pero dime, ¿acaso no ocurre lo mismo con la vida? Me refiero a lo de estar jodido con cualquier alternativa que tomes.

−Supongo que sí, que estamos condenados y sin juicio previo. Diría más, tampoco tenemos juicio póstumo, así que es fácil perder la cabeza antes, durante o después. Tú estudiaste física, tal vez la física ofrezca alguna respuesta a todo esto.

Ella seguía sin mirarle. Él temió que no ocurriese nunca. Ella dijo:

−Allá donde miremos, estamos mirando al pasado y eso facilita las cosas para perder el juicio.

−No sé si te he entendido –dijo él, temiendo haberlo hecho.

−Es fácil –toda ella parpadeó−. La velocidad de la luz es finita, muy rápida si quieres, pero limitada. Todo lo que vemos viaja sobre esa cuerda de luz, y por tanto todo tarda en llegar un tiempo, por pequeño que sea, por cerca que se esté. Así que todo lo vemos en pasado. Las estrellas, la luna, si te mirara ahora, todo.

Después de ese «todo» su rostro y su cuerpo comenzó a difuminarse. Él encajó las piezas. Ella no había estudiado física, ella había sacado esa teoría de un libro que él había leído. De un libro que él no le había dejado… porque ella no existía salvo en la cabeza de él, por un tiempo, el necesario para escribir esas líneas.

Ella desapareció por completo, él se levantó del césped. Era de noche, sí, pero no había luna llena, hacía frío, agarraría un catarro por tumbarse sobre la humedad. El río olía mal y la contaminación se palpaba sin esfuerzo.

Al menos he conseguido acabar con la sequía creadora, se dijo encogiéndose de hombros. Y de inmediato se preguntó si se conformaría o si arrojaría la historia a la papelera. Otra vez, una más. Lo único que tuvo seguro es que hiciese lo que hiciese, estaría jodido. Sonrió. Aterido de frío se dio una respuesta más amplia: porque ella no me miró, porque yo no pude besarla. Ni siquiera en el pasado.


 

Publicado originalmente en dekrakensysirenas.com, @krakensysirenas

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