Arrecife, Juan Villoro

Hay libros y autores que me hacen dudar de mi mismo como escritor. Desde luego no se trata de una ayuda solicitada ni agradable, pero no se puede evitar, son demasiado buenos. Ese es el regusto amargo que me ha quedado al descubrir la novela Arrecife del mexicano Juan Villoro. Por todo lo demás, aplaudo.

Arrecife consigue aunar en menos de 250 páginas una trama policiaco personal envolvente, personajes exuberantes que se abrazan a sus propios límites, y sacos de ideas desperdigadas por cada página. Por si fuera poco, el lenguaje que emplea embruja. Así las cosas, consigue un combo cautivador; trama, estilo y fondo se dan la mano de manera sobresaliente.

Imaginen a un escritor o personaje (a menudo y en este caso concreto venían a ser lo mismo) de la Generación Beat que sobrevive a su propia autodestrucción, que a pesar de las drogas y de una vida sobre el alambre, logra sacar la cabeza del pozo después de revolcarse en el subsuelo durante años. Una figura parecida vendría a ser el narrador en primera persona que tenemos en Arrecife.

Salvo que en lugar de escritor, Tony Góngora, será músico. Un músico que lucha por su abstinencia y por recuperar sus recuerdos, casi todos arrasados precisamente por su pasado de excesos. Desde luego, no está en el mejor lugar para recuperarlos con solvencia, pues trabajará para La Pirámide, el particular hotel de una isla de México, que se dedica a fabricar miedo controlado a los clientes que alegremente pagan por la experiencia.

Como no puede ser de otra manera, si juntamos personajes límites (Tony Góngora será un dechado de virtudes en comparación con quienes le rodean), con la idiosincrática problemática de México y el narcotráfico, más la búsqueda de una fórmula para controlar la adrenalina del turista que todos llevamos dentro, pues obtendremos un cóctel molotov. Y qué agradable resulta beberlo tranquilamente desde la comodidad de nuestro sillón.

Juan Villoro pone frente al post-post-modernismo que vivimos un juego de espejos que provocan imágenes y consecuencias desalentadoras. Pero es lo que hay y es lo que debemos analizar por si hubiera alguna salida, pues a veces hay que morir varias veces para encontrarla. De entre la bruma, saco la siguiente conclusión: Juan Villoro sabe lo que dice, sabe lo que hace, sabe lo que escribe; son motivos más que suficientes para que no tarde en agarrar otro libro suyo.


 

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