Abrimos los ojos mirando en derredor con un ansia fatigada de otros esfuerzos quebrados, anhelando alcanzar un sosiego esquivo hasta ahora. Esta vez sí, me digo, arrojando lejos y con ahínco los peores humores. Sé que volverán a atosigarme, y que los acometeré pertrechado tan sólo con los despojos de algunas pequeñas victorias que sirven para malvivir, sé que me hundiré en el abismo de la autolamentación. Pero también sé, y de algo sirve conocerme las entrañas, que emergeré nuevamente del fango para seguir con la rueda de la vida que me ha tocado en suerte, la aborrezco tanto como la amo: en su totalidad.
¡Cuánta exageración soy capaz de convocar, cuánta pedantería! En fin, a la hora de desatar mi lengua y ponerla en negro, disfruto horrores con esta estética de la lamentación, y sufro glorias con la del resurgimiento.
¿Son estas las líneas cruciales de mi blog? Sin duda y no sólo. Por él circularán a capricho los designios de mi ánimo, no sólo consustancial a mí, sino a veces más verdadero que yo mismo; no cabe duda: no tengo la menor idea de quién pertenece a quién. Por ello debo dejarle campar a voluntad, pues es el mejor modo de conocerle, de conocerme. Por otra parte, no sólo escribiré sobre las mediocres miserias que le suceden a esta escisión de mi que necesita escribir, sino que aparecerán también torrentes (sifilíticos eso si) de palabras dichas con mesura, o mejor, no brotadas de ese Yo escindido, sino de otros, quizá del Yo escritor, del filosófico, del Escéptico, del Cínico, o de cualquier otro que logre imponer su voluntad en ese momento. Así pues, aquí pulularán semidiarios, relatos propios, citas, artículos, y cualquier cosa que considere oportuno, digna o indigna, sin apenas orden ni concierto.