Cortando el cordón umbilical

Génesis, 1:
Desprenderse de los orígenes exige un esfuerzo considerable que por supuesto no estoy dispuesto a realizar para el caso que nos concierne. Más bien al contrario, más bien debo explicarme y comentar brevemente el por qué de “Pandemónium” como nombre de este incierto blog:”pandemónium:
(De pan- y el gr. δαιμόνιον, demonio).
1. m. Capital imaginaria del reino infernal.
2. m. coloq. Lugar en que hay mucho ruido y confusión”. R.A.E

Durante muchos siglos pervivieron con fuerza corrientes filosóficas que mantenían la creencia en un “esencialismo nominal”, algo así como que el nombre de una cosa le daría su esencia. Y claro, teniendo su esencia tendríamos su conocimiento. Las consecuencias de estas afirmaciones cabalgaron por los derroteros más variopintos, desde la imposibilidad de conocer el verdadero nombre de Dios puesto que le conoceríamos a Él (algo que hoy sigue manteniendo al menos la fe judía) hasta la posibilidad de manejar y manipular a aquello de lo que conociéramos su nombre, su verdadero nombre.

Hoy (al menos en occidente y en general), viviendo como vivimos en un mundo desgastado, descreído de los grandes metarrelatos (bien políticos bien religiosos -aunque prestos a creer en cualquier pseudo Consuelo) y alejados por completo de posibles “esencialismos nominales”, poco queda de esa fe ciega en los nombres. Sin embargo, todos seguimos buscando afanosamente la palabra y el nombre adecuado para nuestros inminentes “nonatos”, bien sean futuros hijos, animales o, por qué no, cosas. Algo por tanto parece quedar de aquel “nombrar es dotar, nombrar es hacer, nombrar es dar, nombrar, en definitiva, es crear”.

Y claro es que aquí al menos, a la hora de hacernos un blog, nombrar es crear -como salga la criatura después no depende ya por completo de nosotros. Por lo tanto no podemos cagarla desde el principio, o al menos debemos intentar no hacerlo, y ese ha sido mi propósito. Nacer y hacer nacer a este blog con el nombre más adecuado posible.

Por todo ello mi blog naciente se llama pandemónium; porque recoge a la perfección el estado en el que se encuentra el yo que más traslucirá por este blog: un yo caótico, indisciplinado, cínico, harto de su felicidad, anímicamente inestable, contradictorio a cada paso, voluntarioso a ratos y vago casi siempre, inseguro hasta la médula, y por supuesto, libidinoso. Es decir, esto será un lugar de ruido y confusión, y si me apuran, quizá crezca hasta convertirse en la capital del infierno. Aunque como dije somos artífices absolutos del nacimiento pero no de la evolución, ni siquiera de algo que manejaremos nosotros supuestamente a nuestro capricho, así, quien sabe si no acabaremos siendo un remanso de paz, una perfecta terapia psicoanalítica, o pasto del olvido. Como siempre, el tiempo dirá.

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