Sobre Dante y el amor

“Enamorarse es crear una religión cuyo dios es falible. Que Dante profesaba una admiración idólatra por Beatriz es una verdad que no cabe contradecir; que en una ocasión ella se burló él y en otra le desairó son hechos que registra Vita nuova. Hay quien mantiene que estos hechos son imágenes de otros; ello, de ser así, reforzaría aún nuestra certidumbre de un amor desdichado y supersticioso…
Infinitamente existió Beatriz para Dante; Dante existió muy poco, quizá nada en absoluto, para Beatriz. Nuestra piedad, nuestra veneración, hace que olvidemos esa desarmonía digna de lástima, que fue inolvidable para Dante”.
Borges
“Dante era un partido político y una secta de un solo miembro”.
“La desproporción es el camino regio de Dante a lo sublime”.
“Ninguna otra obra de la literatura occidental… es tan sublimemente escandalosa como la exaltación que Dante hace de Beatriz, que, de ser una imagen de deseo, se sublima hasta alcanzar una categoría angelical y convertirse en un elemento crucial en la jerarquía de salvación de la Iglesia”.
Harold Bloom

Reseña de "Hermanos y Reyes"

Aquí va otro enlace que reseña de modo concienzudo «Hermanos y Reyes», reflejando sus virtudes y sus defectos, que también los tiene, qué le vamos a hacer. Pero no me quejo, un 3,4 sobre 5 me parece una muy buena nota para mi primera novela, de la que me gusta pensar y decir, que será la peor de todas cuantas escriba (que quizá le guarde más cariño que a ninguna otra, también es posible y no es incompatible con lo anterior).  Leer reseña.
 

La azotea

Di un sorbo al cubata. Miré al maromo con altanería. Sabía que la noche iba a acabar muy mal…

El día había ido bien y esperaba terminarlo sin que se estropeara. Mientras hubo luz, las dos o tres veces que la nostalgia quiso entrar en mí, le cerré la puerta. Sin embargo me pasé de listo, de confiado, y de alcohol.

Lo supe de inmediato, en la pensión, al oscurecer. Lo supe en cuanto me vestí con la camiseta que reza: Yes, I’ve read Ulysses. Es un hecho objetivo que atrae problemas cuando me la pongo. Y con ella marché a la discoteca.

Todo podía haberse reconducido si el gorila de la puerta hubiese sido más estricto y me hubiera impedido el paso. Creo que se lo pensó dos veces pero al final decidió que cumplía con la etiqueta aunque fuese por los pelos. Y nunca mejor dicho, pues para variar me recogí los míos en una coleta.

Bajé las escaleras de La Noche y el Día como siempre bajo unos escalones; pensando en Dante y en la famosa inscripción a las puertas de su infierno: «Los que vais a entrar…»

Me instalé en la barra y comencé a beber con la intención de transmutarme en el tipo impresentable, que ya puedo llegar a ser si me esfuerzo un poco. Con el segundo cubata de vodka arribó mi desprecio hacia esa jodida música; en el cuarto la discoteca estaba llena y mis ganas de burlarme de todos también; con el sexto convertía al que se cruzaba conmigo en personajillo; con el octavo vodka, transformé a la rubia que se pidió una copa no muy lejos de mí, en una mezcla de Marilyn y de Virginia Woolf… aunque ella probablemente no hubiera oído hablar en su vida de la segunda, y quizá tampoco de la primera.

Sin embargo, de lo que no tuve dudas es que se trataba de una calientapollas de primera. Cuando se topó con mi mirada de borracho la sostuvo, y no la esquivó a partir de entonces ni una sola vez, por muy libidinosas que se tornaran mis pupilas. Tampoco dejamos de provocarnos cuando llegó su novio, su maromo, su chulo, o lo que fuese. Tampoco cuando lo que fuese se dio cuenta de mi presencia, digamos… amenazadora.

−¿Tienes algún problema? –preguntó lo que fuese acortando la distancia que nos separaba con tres pasos. Como mínimo su bíceps era el doble que el mío.

−Bueno, no tenía ninguno hasta que viniste a mí con tu asquerosa frase manida –le dije con una sonrisa.

Yo estaba muy satisfecho de mí. Eché mano al cubata.

−¿Qué coño dices?

Por un momento parecía haberse olvidado de lo que había venido a defender… el honor de su chica.

Recuerdo que pensé en decir, «solo contemplaba la fermosura de la doncella». Pero finalmente dije tras dar un sorbo al cubata, mirar al maromo con altanería, y saber que la noche iba a acabar muy mal:

−Mi problema es que la rubia con la que estás, tiene ganas de hacerme una mamada, y tú nos estorbas.

Ya había dicho bastante y añadir una sola coma me hubiera supuesto perder la iniciativa. Mi lado macarra está en fase de construcción, pero ya sé de modo sobrado que en estos casos, la iniciativa es lo más importante. Así que actué en consecuencia.

Le estampé el vaso de cubata en pleno rostro, a la altura de su oreja izquierda, cuando aún no había cerrado su bocaza, cuando aún no le había dado tiempo a reaccionar.

El vaso estalló y todo alrededor se llenó del pringoso vodka. Mi mano se rajó. El maromo se desplomó a mis pies, su oreja y su mejilla pronto fueron un surtidor de sangre. Ganada la guerra, salí por patas.

No presté atención a los gritos de la rubia, quien ya no tenía nada de Monroe ni de Woolf. Tampoco hice caso de los insultos de quienes habían presenciado la escena, incluida la camarera que debió caer en la cuenta de que me largaba sin pagar. Conseguí librarme de dos héroes que intentaron impedir mi fuga. Y logré mi objetivo porque los gorilas de planta estaban lejos, mientras que el de la puerta, a su pinganillo, le decía no escuchar bien cuando yo salí del averno a la carrera, burlándome de la amenaza dantiana, y recuperando la esperanza entre tropiezo y tropiezo.

Oí pasos detrás de mí, continué la carrera, y aún la aceleré al escuchar sirenas y sentirme el protagonista.

La imaginación no se elige y la mía trabaja muy por su cuenta, así que comencé a pensar, justo cuando di con un portal abierto, ¿el limbo?, que los mejores cuentos de Hemingway son aquellos en los que la palma el protagonista. Yo sin embargo no tenía pinta de que fuera a morir a pesar de la fea herida de mi mano.

Sabía que la noche iba a acabar mal, pero no en muerte para mí. ¿Y para el otro, para el maromo? Yo no soy un personaje de Hemingway, me salgo de sus esquemas, pero lo que fuese sí que lo era. Tal vez, pensé mientras subía al último piso, haya otro por ahí relatando la historia desde el punto de vista del maromo, para quien la noche sí que va a acabar mal de verdad… En ese momento envidié que su historia pudiera ser mejor que la mía, tropecé contra un escalón y casi me partí los dientes.

Para mi sorpresa llegué hasta la azotea. La puerta que daba acceso al cielo estaba abierta.

La cabeza me daba vueltas, nadie me seguía, las sirenas habían desaparecido. Me convencí de que el maromo no acabaría tan mal la noche, y yo tampoco. Me senté. La tranquilidad llegó después del vómito. Aún estuve despierto un buen rato. Mientras me dormía al amanecer, pensé que el Paraíso es siempre aburrido.

Romero (Apuntes, 2)

Cinema Paradiso

Título original: Nuovo Cinema Paradiso
Año: 1988
Director: Giuseppe Tornatore
Imborrable será el recuerdo de las lágrimas a causa de esta película.
Un homenaje al cine, a la vida, y al mejor concepto del amor.
 
Cinema Paradiso pasa a convertirse en una de mis películas favoritas.
Mis lagunas cinéfilas me permiten disfrutar de estas pequeñas alegrías; descubrir verdaderas joyas con décadas a sus espaldas, que me atraviesan como felicísimos rayos.
Vida y cine fundiéndose permanentemente.
“La vida es más difícil que el cine… márchate… solo quiero oír hablar de ti” Uno de los diálogos maravillosos entre Savatore (Totto) y Alfredo.
Tierna, pedagógica, obra maestra, histórica, metacinematográfica, genial…
El momento “Navidad” en el cole; El momento de la omisión en la iglesia entre Alfredo y el cura; la escena final…
No quiero añadir nada más, el que no la haya visto que busque el momento y lo haga, y si existe alguien que no la disfruta, que se vaya al carajo y no me vuelvas a hablar.
Título original: Les invasions barbares
Año: 2003
Director: Denys Arcand
Una vez me vi la película pensé: estaría genial que alguien hubiera colgado este fragmento aparte, para poder subirlo al blog, como mezcla perfecta de la ideología del siglo XX, con sus aciertos y sus defectos, trufados de sexo, brillantez, y torpeza. Y ahí que estaba, bendito youtube.

Las invasiones bárbaras

C.R.A.Z.Y

Título original: C.R.A.Z.Y
Año: 2005
Director: Jean-Marc Vallée
Estamos ante una prueba más −la segunda este mes tras Incendies− de la excelencia del cine canadiense (uno de mis mejores brindis teniendo en cuenta que no soy un experto, pero que he encontrado verdaderas joyas cinematográficas de este país). Un fantástico ejemplo para reivindicar el amor sin imposiciones, la familia, el dolor como maestro, la música… y en definitiva el cine como forma de narrativa, que muestra y educa.

Homenajes

Proust me aburría. Desde hacía dos o trescientas páginas, Marcel estaba enfrascado en una de sus interminables y fatuas fiestas burguesas, sin lanzarme uno de sus abigarrados flashes llenos de genio y sensibilidad.

Fue entonces cuando me atravesó la frase de la chica:

−Hay hombres algunos años más tristes que yo.

La mesa de la pareja estaba cerca de mi mesa. Ella, rubia, me daba la espalda, pero gracias a un espejo podía ver su perfil, su bonito perfil. Él, quedaba por entero frente a mí, vistiendo impecable, con el pelo impecable, con un atractivo impecable, y con una sonrisa sin embargo que se perdió al escuchar la respuesta desconcertante de la chica.

Era sin duda su primera cita. El tipo pareció procesar la información poco a poco. No entendió el cambio de género, llegó tarde a la metáfora, ni por asomo se le ocurrió que se citaba una canción. Lo peor de todo es que no le encontró ninguna gracia a la frase.

Decidí ponerme al acecho. No tenía prisa, las viperinas lenguas que pululaban en las páginas festivas del francés  tampoco, y mi cerveza estaba a la mitad.

La conversación entre ellos no fluía, ella tiraba de ingenio que él no captaba, y él hacía gala de un ego que no iba a ninguna parte.

Años atrás me hubiera conformado con ser un simple voyeur, pero había crecido y quise convertirme en una amenaza. Arranqué una hoja de Sodoma y Gomorra, me puse a escribir en los márgenes, y esperé mi oportunidad.

Al acabar sus postres el tipo se marchó a los servicios, tal vez quería escaquearse de la cuenta, tal vez revisarse el pelo engominado, tal vez tan solo quería mear. Me importó poco salvo que era mi oportunidad. Doblé la página una, dos veces. De inmediato me puse nervioso y la arrugué hasta hacerla una bola. La lancé hacia la mesa donde la rubia había sacado la cartera para pagar. La bola de papel chocó contra su copa de vino, y quedó muerta.

Ella se giró y me examinó con descaro de arriba abajo por unos segundos. Luego se volvió hacia su mesa, desenvolvió la bola, curioseó, y leyó lo que le había escrito: en la ardiente oscuridad me gustaría invitarte a un dry Martini, y sexo anal.

El tipo regresó del baño, ella seguía mirando la nota, yo contemplaba la escena con todo el descaro del que era capaz. Pero ni siquiera así el impecable me consideró una amenaza, no se le ocurrió pensar que esa página arrugada se la hubiera podido alcanzar quien se sentaba a un metro escaso de ellos.

Cuando él le preguntó qué hacía, lo que ella hizo sin contestar fue rebuscar en su bolso. De allí sacó un boli bic azul y con verdadero garbo escribió en un margen libre de la hoja. Cuando acabó volvió a arrugar la página, se giró hacia mí, me sonrió, y me la echó encima de la mesa.

−Vámonos anda –dijo sin más explicaciones para nadie.

Estuve a punto de levantarme e irme con ella, pero la invitación era para el otro, quien la siguió con su boca abierta. Había perdido la impecabilidad.

Ya se habían marchado cuando leí lo que me había escrito: los freakis me gustáis para muchas cosas, pero, he trazado un ambicioso plan que consiste en sobrevivir, y en follarme a los guapos. Lo siento, pero Proust ya no tiene mucho que ofrecerme al respecto… eso sí, estoy de acuerdo contigo en que este tipo es demasiado tonto para hacerle el favor de tirármelo, aunque él todavía no lo sepa.

Con una sonrisa pagué y me marché. La victoria está sobrevalorada, y esa noche tampoco perdí.

Romero (Apuntes, 1)


Mario Benedetti

NO TE SALVES
 
No te quedes inmóvil 
al borde del camino 
no congeles el júbilo 
no quieras con desgana 
no te salves ahora 
ni nunca 
no te salves 
no te llenes de calma 
no reserves del mundo 
sólo un rincón tranquilo 
no dejes caer los párpados 
pesados como juicios 
no te quedes sin labios 
no te duermas sin sueño 
no te pienses sin sangre 
no te juzgues sin tiempo 
pero si 
pese a todo 
no puedes evitarlo 
y congelas el júbilo 
y quieres con desgana 
y te salvas ahora 
y te llenas de calma 
y reservas del mundo 
sólo un rincón tranquilo 
y dejas caer los párpados 
pesados como juicios 
y te secas sin labios 
y te duermes sin sueño 
y te piensas sin sangre 
y te juzgas sin tiempo 
y te quedas inmóvil 
al borde del camino 
y te salvas 
entonces 
no te quedes conmigo.