Día negro

Si la memoria me respetara lo más mínimo, recordaría sin dilación aquella frase sartriana escrita en latín que dice algo así como, ni un solo día sin escribir al menos una línea.
Si mi ánimo me respetara lo más mínimo, éste no me zarandearía por los abismos más extremos en busca de lo inefable del ser humano
Si yo mismo me respetara lo más mínimo, no odiaría la calma que en ocasiones duerme mi tragicomedia, sino que más bien la acariciaría con ternura.
Sin embargo, ni la memoria ni el ánimo ni el Yo, me respetan. Y sin éste resulta difícil mantener el mundo sobre los hombros, ni siquiera uno como el nuestro.
Así las cosas, hay días que desde luego no naufrago por la imperfecta pero existente sutil concatenación de la rutina, y cuando en uno de ellos falle ésta, puedo olvidarme de volver a mojar los labios en algo dulce, puedo olvidarme de volver a recuperar el más mínimo respeto.

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