Evidencia cruel

Escribo más en mi “Memoria” que aquí porque esto es accesible a otros, poco probable, ésta es la entera cruda y triste realidad, pero accesible al fin y al cabo. Y si de escribir lágrimas se trata, prefiero ahorrárselas al personal en la medida de lo posible, ya escribí suficiente llanto. Sin embargo, tan pocas son las cosas que marchan bien que la crisis llega a todos los estamentos, y no quedan capas donde refugiarse.
A veces funciono a fogonazos, o tan sólo hay de estos, y parece que esta noche me ha cegado uno sorprendente, y lo es, porque su evidencia no me dejaba verlo en toda su identidad, y ahora ya puedo empezar a ocultar ésta en este grado para no desmoronarme, y quizá así sepa administrarla en cucharaditas diarias de hiel. Sea como fuere, he de decirlo, y hasta lo escribo: no soy feliz. Y esto, que proviene de un misántropo amargado pero feliz durante años, me deja en una posición muy dura, pues ya no tengo ese gran asidero que era mi bonanza dichosa. Ahora tengo todo lo malo que tenía antes, más preocupaciones nuevas, y más infelicidad. O cambio o cambian las cosas, aunque decir que así no se puede seguir contradice esa sentencia del Wilson de House tan terrible que apunta: “Te sorprendería lo que puede soportarse”. Es verdad, es sorprendente, y es una mierda. Y eso que ni siquiera vislumbro imaginarme el límite. Puedo seguir así, y esto es una perspectiva aterradora.

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