Nietzsche

Zaratustra en el capítulo “Jubilado”:

“Yo amo todo lo que mira limpiamente y habla con honestidad. Pero él -tú lo sabes bien, viejo sacerdote, en él había algo de tus maneras, de maneras de sacerdote -él era ambiguo.
Era también oscuro. ¡Cómo se irritaba con nosotros, resoplando cólera, porque le entendíamos mal! Mas ¿por qué no hablaba con mayor nitidez?
Y si dependía de nuestros oídos, ¿por qué nos dio unos oídos que le oían mal? Si en nuestros oídos había barro, ¡bien! ¿quién lo había introducido allí?
¡Demasiadas cosas se le malograron a ese alfarero que no había aprendido del todo su oficio! Pero el hecho de que se vengase de sus pucheros y criaturas porque le hubiesen salido mal a él -eso era un pecado contra el buen gusto.
También en la piedad existe un buen gusto: éste acabó por decir “¡Fuera tal Dios! ¡Mejor ningún Dios, mejor construirse cado uno su destino a su manera, mejor ser un necio, mejor ser Dios mismo!”

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