En todo caso Jesús creó a Dios

A pesar de ser ateo y de deambular por el siglo XXI, dios me preocupa, me obsesiona casi. ¿Puede interesarte algo en lo que no crees? Por supuesto, y por muchos motivos, en lo que nos ocupa, las razones más bien sobran, conoce la idea de dios y conocerás culturas, tradiciones, verdades, engaños, excesos, arte, contradicciones y un largo etcétera. Pero no seré tan ambicioso como para tratar lo dicho, sino que me ceñiré a este punto: dios no pudo crear al hombre, en todo caso, Jesús creó a Dios, como Mahoma, y como tantos otros rostros desconocidos que sin embargo levantaron panteones.

Hace ya más de una década que un profesor me marcó a fuego la idea de que dios no necesita a los hombres pero que nosotros sí necesitamos de él. He aquí el mejor argumento de la “existencia” de dios –que no su prueba-: la necesidad de Sentido, que explica la aparición de todos los dioses, del primero al último. Pero puestos a plantear la posibilidad de su existencia real vengo a quedarme con una hipótesis que aunque absurda, me parece más plausible que una imposible. Vayamos con ellas.

La hipótesis imposible reza que dios creó al hombre a su imagen y semejanza y está bautizada en un sentido amplio como antropomorfismo. Pocas cosas hay que rechace con más fuerza (lo reconozco, con la fuerza de un intelecto bastante normalito y limitado, por lo que asumo que mi opinión puede ser errónea, por lo que recomiendo que no se monte una religión en torno a mí), y es que me causa mucha gracia, pensar por ejemplo en un dios con el atributo tan poco occidental de la paciencia, esperando ámbar en mano, o lo que tomen ahora los dioses, mientras la Tierra se madura para que las sucesivas extinciones conviertan a los mamíferos en especies propicias que heredarán la Tierra, con especial mención a uno de ellos que seguirá evolucionando hasta comprender que fuimos creados no por el azar y millones de años, sino por un ser inteligente y superior. Y nótese que aquí asumo que los defensores de dios a los que me refiero asumen algo como la evolución y esas cosillas, y que luego le añaden la idea del antropomorfismo. A estos no les voy a convencer, pero es que con los otros, creacionistas, fundamentalistas, reaccionarios, o beatos, ni siquiera podría discutir de ello por mucho que Habermas se empeñe. En fin, mucha tinta podría correr para rechazar el antropomorfismo, pero me quedo con aquella apreciación griega, que tontos no eran precisamente, por la que apuntaban que si los caballos supieran pintar, pintarían a sus dioses con forma de caballo. No se puede ser más escueto, convincente y tajante, y yo añadí ya mucho más de la cuenta para decir que tendemos a humanizar lo que no lo es, o lo que no existe, y que es un proceso natural, propio del ser humano, y que sin embargo hay que saber reconocer para sacarle su provecho (por ejemplo en el campo del arte) y para evitar sus engaños.

Y tras el anterior paseo por una hipótesis que califiqué de imposible, vamos a por la que llamo absurda, pero plausible comparada con la otra, y que hasta donde yo sé es mía, y que me granjeará comentarios de, “este tío está como una chota”. No tiene mucho misterio a estas alturas porque ya la mencioné dos veces y con ésta tres: puestos a creer en creaciones, creo más bien que Jesús creó al padre y al espíritu santo, y etc., etc., etc., con el resto de las aportaciones divinas. Y que conste que siguiendo esta teoría en la que yo no creo pero que me resulta interesante como dije por ser mía, no hablamos sólo de fundar una religión, sino de que esa religión fundada, tiene un dios o unos diosecillos correteando por algún lugar más o menos tangible de la Tierra o el espacio.

Lo apuntado anteriormente es lo interesante de la absurdez plausible: al fundar una religión no sólo conseguían inventar un nuevo génesis, unos nuevos horizontes y unos destinos cargados de Sentido, sino que lo creaban. De acuerdo con esto, Dios quizá no sea omnipotente, puesto que de un talento finito y limitado, no puede salir nada perfecto y todopoderoso, pero quizá sea. Quizá sea una mancha colgada en las estrellas que se infla más, cuanta más gente crea en ella, y quizá esa mancha se deshaga y desaparezca, al igual que nosotros, los replicantes, y todo lo que existe, como lágrimas en la lluvia, cuando la gente le dé la espalda. Por tanto, cuanta más gente crea más brillará esa mancha, y cuanta más fuerza haya en esa mancha, más poder para ella.

Hablé de creencia y fuerza, pero no tengo problemas en hablar de fanatismo e intolerancia. Lo curioso del asunto, (aunque “curioso” quizá no sea la palabra), es que esto provocaría una especie de doble lucha histórica, la que todos conocemos a ras de tierra con sus terribles devenires, y otra en las alturas o allá donde se vayan estas creaciones; una interesante teomaquia que por ejemplo en el último siglo estaría ganando la religión islámica, con una mancha (no tengo una palabra mejor para definir una hipótesis tan improbable) que gana fuerza y adeptos, frente a la mancha occidental, debilitada por la escasez de culto y la aparición de pequeños competidores en forma de sectas de todo tipo.

¿Puedo aportar acaso la más mínima prueba del desvarío que digo? No, o al menos una prueba seria, no. Y que conste que lo digo esbozando una sonrisa porque siento que me pone a la altura de las religiones, que tampoco es que aporten mucho. Pero sí quisiera añadir algo más, no una prueba pero sí quizá un indicio: respeto profundamente a los místicos.

Utilizo la palabra “místico” en sentido amplio y con el siguiente rasgo definitorio: probidad y genio. Evidentemente son muchos los que comparten tales cualidades sin ser místicos, pero los místicos de los que hablo deberían tener esos rasgos para que “funcionen”. Así, Jesús, Mahoma, Buda, Zoroastro, Santa Teresa de Jesús, y algún otro de los que he oído hablar y muchísimos de los que no, serían místicos en el sentido amplio que quiero dar. Y los cantamañanas de turno al estilo del fundador de la cienciología, no entrarían en mi selecta clasificación. A lo que iba, respeto profundamente a los místicos, y está demostrado que en cierto sentido somos capaces de proyectar fuera de nosotros lo que tenemos dentro. Acaso no podrían esos místicos poner una especie de semilla (sí, semen y óvulos en sentido más literal) que generara el embrión de los dioses, o que los reforzaran con fuerza, dándoles lustre y brillo. ¿Acaso una proyección-mancha del dios cristiano no podría cobrar un nuevo ímpetu en su seno tras Santa Teresa o San Juan de la Cruz?

Llego al final de un camino que queda abierto, y pienso que probablemente es muy difícil ser más blasfemo en tan pocas líneas como lo he sido yo. Pero sólo juego con una hipótesis y el pensamiento, y si eso es ser blasfemo para muchos, que lo es, qué le vamos a hacer. Si alguien se ha sentido ofendido, lo siento porque no lo conozco y no me gusta disgustar a discreción, pero ni me arrepiento ni lo comparto, puesto que yo podría escuchar a sus dioses con gusto, siempre que no atenten contra la libertad y el respeto de los seres humanos que probablemente dirá defender, y porque dios y sus múltiples formas, en las que por última vez apunto en estas líneas que no creo, estarán con nosotros hasta que nosotros lo estemos: es una idea que vino para quedarse, puesto que da Sentido, que es lo que más nos falta y lo que como especie no seremos nunca capaces de asumir, tan sólo, y gracias, como individuos. Y lo que me pregunto es si mi desvarío y las múltiples líneas que he dejado abiertas, será recogida con sorna por alguna mancha divina, incipiente, asentada, o agonizante, o más bien quedarán perdidas en la nada.

Aranjuez, 15.12.09

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