21.07.10

21.07.10

Diez días para el despegue, el tiempo inexorable marca su camino sin dilación posible.

Pensé que ya no vería casa más pobre que la “corral” o la del cementerio, o la de Evelyn, pero la “casa” de Vanesa las ganó a todas. El hecho de no haber entrado me dio un tono menor de impresión que ahora echo de menos, algo así como si no le hubiera tomado bien la temperatura. Pero no fue o no es difícil apuntar que la vivienda carece de toda condición de salubridad y casi hasta de habitabilidad si no fuera por el hecho palpable de que se habita. Está construida de pura chapa de principio a fin, sobre varios desniveles, rayando entre el negro y el oxidado por igual, y faltando espacio por donde se mire. Y allí viven un puñado de personas, y de allí sale cada día Vanesa, muy apañada y bien compuesta, y allí se cuece un buen caldo de cultivo de mareros como es bien lógico.

Los niños y niñas de nuevo me vaciaron toda la paciencia y la imaginación que llevo encima, pero me doy a gusto y realmente voy a echar de menos a personajillos como Cristian, Carlitos, Kevin Alfonso, William, Jesús…, y por supuesto a Evelyn, Lupita, Sara, Wendy…, y faltaría más, a todas las chicas de la Casa Albergue. Todos y cada uno de ellos justifican cada paso que he dado para llegar hasta aquí, y ellos serán los que hará difícil que dé marcha atrás para volver a casa.

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