Homenaje

Hoy realicé un pequeño homenaje que sólo yo he entendido, y que en ningún caso tenía previsto. Y me da la real gana de contarlo, así que allá que voy.
Iba camino de correos para recoger mi título de máster de literatura cuando en plena calle mayor ya estaba dispuesto el stand de la librería Cobos, y en él, apostado, su fundador, el venerable anciano Emilio Cobos. Se trata, lo he solventado rápido y sin esfuerzo, del tipo que mejor que me cae de Guadalajara al margen de amigos y familia, y en una de las personas que más respeto. Y apenas si le conozco. Al margen de lo que sigue, poco más: yo andaba por mi adolescencia preñado de pasión arcana y contemplaba en Cobos una enciclopedia esotérica, él se acercó y vino a recomendarme, si no recuerdo mal, la RAE, no compré ni una ni otra. Podría ofrecer múltiples interpretaciones, podría hablar de las veces que le he visto enfrascado entre libros y que tampoco han sido tantas, podría equivocarme y hasta acertar, pero simplemente quiero decir que le respeto, que él en cierta medida, está estampado en mis libros por cierta extraña conexión que por supuesto sólo veo yo.
El caso es que ahí estábamos, él en su casa y parapetado tras los libros de cara al público, y yo con mis pasos despreocupados, mi música, y la rápida decisión de quitarme los cascos y pararme a observar los libros que no tenía intención de comprar (hoy no era día para ello, sin más). Estaba a su lado, él no sé qué narices pensaría, yo buscaba algo para alargar el momento, los best seller no me convencían, pero Borges y su poesía completa me ha ofrecido una contraportada adecuada y un par de minutos de este extraño homenaje. No hubo ni siquiera “hola” o “adiós”, y no hubo compra entre otras cosas porque Borges está en casa, como no, incluso en sus poemas. Me marché dejando el libro cuidadosamente en su lugar, arranqué a andar y me alejé de ese homenaje incomprensible salvo para mí. Pensé entonces en hacerle el honor de escribir la anécdota. Al final ha salido esto, no veo el honor por ningún lado, pero eso es enteramente mi culpa. De la suya por mi parte, sólo hay agradecimiento, porque creo que sin él mi pasión por los libros no sería la misma, y no sabría decir muy bien por qué, pero lo sé, así que, Emilio Cobos, gracias.

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