La medida y su ruptura

La guerra está perdida, pero aún quedan unas cuantas batallas que disfrutar.

Al entrar en el metro de Madrid tengo la misma sensación que en el de Tokio, o en el de Londres, Budapest, Nueva York… Hace tiempo que llegué a la conclusión de que el Metro es la medida de todas las grandes ciudades… y todas las grandes ciudades son ya similares.

Cada vez hay menos conversación, menos risas, menos libros. Cada vez más silencio malinterpretado, más móviles, más tristeza.

Hoy tocaré los Caprichos de Paganini.

Pienso fugazmente mientras me acomodo el violín, en cuántos viajeros se acercarán esta vez para darme una moneda cuando deje de tocar, y cómo yo desapareceré por las puertas sin aceptar su dinero. Sus miradas serán de extrañeza, de enfado, de incredulidad, tal vez alguno hasta sonría y comprenda, que yo no toco para salvarme a mí, sino para salvarles a ellos.

Comienzo a tocar y el mundo se desvanece, todo es posible todavía.

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