Filosofía para resistir, comprender y pelear

En un mundo como el nuestro donde se habita en lo inmediato, en la urgencia y en la necesidad de lo práctico, resulta comprensible que la Filosofía haya sido arrinconada y se le eche paladas de desprecio bajo las acusaciones de ser difícil, aburrida y de estar pasada de moda. Pero que resulte comprensible de acuerdo a los cánones que nos imponen no quiere decir ni mucho menos que sea verdad y, como me gusta nadar a contracorriente, aunque sea solo por molestar, vengo a presentar tres obras muy breves (digamos que la más larga no se llevaría siquiera dos horas de vuestro tiempo) y de lenguaje relativamente sencillo (digamos que solo requerirá prestar una atención debida), pero de una importancia tal, que quien las lee mejora automáticamente su capacidad de resistencia, de comprensión y de pelea. Y si con la que está cayendo no consideran esa mejora como algo urgente y necesario, pues qué quieren que les diga, mejor no sigan leyendo.

 

“El mito de Sísifo” Albert Camus (tiempo estimado: ni 15 minutos).

Camus publicó en 1942 su ensayo “El mito de Sísifo” para exponer su visión del absurdo, que contribuiría y mucho a asentar el existencialismo (junto a las obras de Sartre y de otros pensadores), un planteamiento de la vida más que necesario en plena II Guerra Mundial y durante una posguerra más que Fría, helada. La Historia nos obliga a hacernos determinadas preguntas y en esos años resultaba necesario más que nunca responder a la acuciante, ¿por qué no suicidarse? Sobre ese punto de partida reflexiona Camus.

Sin embargo, ni siquiera vengo a invitarles a leer todo el ensayo, unas 180 páginas, aunque por supuesto sería la decisión acertada, sino a recomendar encarecidamente el último capítulo, que da título al libro, y donde se nos cuenta que Sísifo, condenado eternamente a subir una roca que caerá de nuevo al llegar a la cima, es definitivamente el héroe absurdo.

Lo cierto es que resulta difícil encontrar páginas donde se entrelacen más bellamente la filosofía y la literatura (solo por eso ya deberíamos honrar a Camus), pero es que además expone una serie de argumentos para superar la sensación de futilidad y sinsentido que nos envuelve tanto ayer como hoy. El absurdo existe, sí, y machaca, también, pero es una condición de posibilidad para rebelarnos, para crear, para sonreírle a la vida y decir, a pesar de todo, todo estará bien mientras respiremos.

Dice Camus al comparar a Sísifo, a Edipo, al Kirilov de Dostoyevski, que “la sabiduría antigua coincide con el heroísmo moderno”, que ellos representan la victoria absurda, que sus destinos les pertenecen después de todo, que la roca del condenado es su casa, que hay que imaginarse a Sísifo feliz.

Pues bien, lo que yo me pregunto y lo que a mí me preocupa es que nosotros, ni antiguos ni modernos, no sé si contemporáneos o postmodernos, o qué sé yo, no podamos decir lo mismo, que nuestra roca ni siquiera sea nuestra, que a pesar de todo, tampoco se esté bien, que no podamos imaginarnos felices más allá de la aparente felicidad en la que tratan y tratamos de envolvernos. Y esto último, los más afortunados… Pero sigamos sin caer en el desaliento, que no hemos venido a caer derrotados.

“Sobre verdad y mentira en sentido extramoral” Friedrich Nietzsche (tiempo estimado: 45 minutos, pero mejor si se le dedica 1 hora).

Solo por conseguir que uno de los lectores de este artículo se ponga a buscar en internet este texto nietzscheano de unas 20 páginas, incluso solo por imaginaros leyendo el primer párrafo, a mí me habría merecido la pena cada palabra que aquí escribo y pienso. Señalaba en Camus que es difícil superar su capacidad para aunar filosofía y literatura, pues bien, el genio alemán lo consigue. Compruébenlo, os reto.

En ese primer párrafo Nietzsche pergeña una fábula donde define toda la andadura de la humanidad como “el minuto más altanero y falaz de la Historia Universal”, y con todo lo que sabemos hoy que no se sabía por 1873, fecha de su publicación, solo cabe decir que todavía es más cierto ahora que entonces, porque, ¿qué seremos una vez se haya apagado nuestro Sol? O, ¿qué después de que nos hayamos ido a la mierda tras cargarnos nuestro propio planeta? Apenas un minuto en la historia del universo, y uno no demasiado feliz, por cierto.

Sin embargo, mientras ese minuto transcurre, hay que sobrevivir y vivir si es posible y para ello, nos dice Nietzsche, el ser humano está dotado del intelecto, un mecanismo capaz de construir apariencias de verdades absolutas, que lo que esconde en demasiadas ocasiones es un pseudoconocimiento rastrero y mentiroso.

La crítica radica entonces no en lo que se es, pues no podemos escapar de nuestra finitud, de nuestra fragilidad, de una vida en constante cambio, sino en querer pasar por verdad lo que no es sino arbitrario, relativo a un acuerdo lingüístico, o social, donde han intervenido olvido e intereses a lo largo de los siglos para construir dioses, o paradigmas científicos, que sin embargo no desvelan una X que está más allá de nuestras posibilidades.

Pero veamos cómo lo plantea el propio Nietzsche en uno de sus párrafos: “¿Qué es entonces la verdad? Una hueste en movimiento de metáforas, metonimias, antropomorfismos, en resumidas cuentas, una suma de relaciones humanas que han sido realzadas, extrapoladas y adornadas poética y retóricamente y que, después de un prolongado uso, un pueblo considera firmes, canónicas y vinculantes; las verdades son ilusiones de las que se ha olvidado que lo son”.

Las consecuencias de lo que Nietzsche plantea no son nada halagüeñas: vivimos sobre unos cimientos que pretendemos firmes, pero que son arenas movedizas. Es ahora cuando llegará nuestra elección, y donde creo que podemos fracasar o tener éxito en cualquier orilla que elijamos. Quiero decir, podemos abrir los ojos y tratar de bailar en esos temblores, o seguir mintiéndonos hasta que un día despiertas y te derrumbas con todo  el edificio encima. Pero también puede que no sea así, porque estamos hartos de ver a gente que vive toda la vida engañada, y de asistir a desastres donde asumir la fragilidad y donde haber aprendido a danzar, no fue suficiente ni salvó de nada. Así que mi consejo es que si alguien quiere desengañarse, no lo haga mirando el resultado. Y si no, ¿saben cómo acabó Nietzsche?

“Discurso de la servidumbre voluntaria” Étienne de La Boétie (tiempo estimado: dos horas irán mejor que una, o que hora y media).

Hace más de 450 años, en 1548 para ser precisos, un muchacho llamado Étienne de La Boétie escribe este breve ensayo que está hoy considerado como una pieza fundamental del pensamiento (político y social) moderno. Étienne tenía tan solo 18 años cuando la termina (moriría con 33; no se escape que los tres autores que he traído tuvieron vidas breves y su muerte prematura es una tragedia histórica por habérsenos robado quién sabe qué maravillas), y si no hubiese sido por la obstinación de su mejor amigo para que el texto viese la luz, lo más probable es que la obra se hubiese perdido sin remedio. Ese amigo, por cierto, no fue otro que Montesquieu.

Pero más allá de sus avatares de escritura y supervivencia lo que hace grande el “Discurso” es su originalidad y profundidad. Recurriendo a una erudición clásica y bajo un aparente análisis de las formas de gobierno de la antigüedad, se dedica a dar palos a su presente, la Francia de la época, y por extensión, hará un análisis aplicable a toda forma de tiranía basada en el concepto de servidumbre voluntaria. Concepto que expone y desarrolla y que te puede hacer temblar por su (por desgracia) terrible actualidad.

“No un Hércules ni un Sansón, sino un hombrecillo, frecuentemente el más cobarde”, a este solemos servir, nos dice La Boétie, porque si bien es verdad que “al comienzo uno sirve obligado y vencido mediante la fuerza; pero los sucesores sirven sin pena y hacen voluntariamente lo que sus predecesores habían hecho por obligación.” Y vaya, se me ocurre un ejemplo de casi cuarenta años muy doloroso en el que “personificar”.

Y por seguir lacerando las heridas: “es increíble ver cómo el pueblo, desde que se le ha sojuzgado, cae pronto en un olvido tan profundo de su libertad que ya le es imposible despertar para reconquistarla: sirve tan gustosamente y tan bien que, al verlo, se diría que no sólo ha perdido su libertad, sino además ganado su servidumbre”.

Una vez analizada la situación a través de ejemplos de la antigüedad que le permite presentar distintos tipos de tiranos (para así hablar del suyo sin perder la cabeza), y  hablando también de los “nuestros” venideros (sin poder ser consciente de ello, claro), vendrá a exponer la manera de combatirlos. Una manera que lo convierte en uno de los pilares fundamentales del anarquismo (aunque el término resulte aquí un tanto anacrónico). Pero sea como fuere y yendo al grano, se nos dice que “si estáis resueltos a no servir más, seréis libres”.

El análisis de La Boétie será el siguiente, puesto que no son las armas lo que defienden al tirano una vez se ha asentado en el trono, sino el pueblo que se somete por su docilidad voluntaria, debería ser posible liberarse del yugo del opresor, aún sin la fuerza de las armas. El problema principal a resolver sería la ignorancia a la que está sometida el pueblo, y las promesas recibidas de ser, algunos de ellos, los que en un momento dado llegarán a explotar a los demás. Sin embargo, si se lograra no darles nada a los tiranos (¿pueblo unido?), porque cuanto más se les sirve más fuerte se hacen, si hiciésemos justo lo contrario, “si no se les da nada, si no se les obedece en absoluto, sin combatir, sin golpear, se quedarían desnudos y derrotados”.

Desde luego no vamos en esa dirección, ni entonces, ni ahora, pero es curioso que tengamos el camino abierto desde hace tanto, y deplorable que no nos atrevamos a ponernos en marcha de una vez, o de una vez por todas, porque intentos históricos no faltan.

Llegamos al final de las particulares reseñas en las que he querido aventurarme y aventuraros, y aunque supongo que la mayoría se habrá quedado por el camino, tal vez alguna y alguno incluso queráis más. Si fuera así, id a los textos originales, no os quedéis con mis pobres palabras, recordad que todo está en los libros y que a veces solo falta encontrarlos: feliz comprensión, resistencia y pelea. Y sonreíd mientras leáis, que vamos a necesitar de esa suerte y de esa felicidad.


 

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3 comentarios en “Filosofía para resistir, comprender y pelear

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