Fascinación, Don Delillo

Don Delillo era la última pata que me faltaba por leer de la terna Thomas Pynchon, D.F. Wallace y el mencionado Delillo, y como en buena medida me pasó con Pynchon, esperaba más. Se supone, si la memoria no me falla, que Wallace ha sido el discípulo de los otros dos y que a veces incluso se le ha llamado un mal imitador. Sin embargo, y tal vez porque de este último he leído sus mejores obras y de los otros dos tan solo piezas pequeñas (Fascinación, de la que ahora hablaré, y La subasta del lote 49, que me dejó tibio y por momentos confuso), Wallace me parece el mejor de los tres. Con diferencia. Con mucha diferencia.

Fascinación creo que es una obra aceptable, pero espero que menor, de un escritor que está considerado como un tótem literario de nuestros días, uno de los imprescindibles. Y hay pocos. Sinceramente, esperaba encontrarme algo así como el puñetazo maravilloso que en su día me dio, al descubrirle, el recientemente fallecido Philip Roth. Hasta compartían el hecho de no tener un Nobel. Roth ya nunca podrá alcanzarlo, para desdoro eterno de la Academia.

Pero vayamos al lío, Fascinación tenía que haber sido mejor, por lo que esperaba del autor, ya está redicho, y también por la trama y sus personajes. Resulta que tras muchos años de volar como rumor, reaparece una película donde el mismo Hitler es el protagonista, y no será una película más, sino una supuesta orgía del dictador protagonizada con su imperio agonizante, más o menos como estaba él en aquellos días, encerrado en su búnker, a la espera del hundimiento final. El conocimiento de la cinta se moverá en la clandestinidad en unos Estados Unidos de los 70 o de los 80 (reconozco que nunca lo tuve claro), donde la prensa, o más bien dos mujeres periodistas de una revistilla cultural de baja estofa, un marchantes de arte (especializado en el mundo del sexo) y un lío de organizaciones gubernamentales de segunda fila, harán todo lo posible por hacerse con la cinta y ver qué hay de verdad en lo que se dice.

Personajes hay muchos, y Selvy, una especie de James Bond con toques existencialistas, es uno de los más interesantes. Su viaje final a ninguna parte, pero cargado de significado personal para él, da entre lástima y qué pensar, que no es poco. Junto a él, Molly, será la otra gran protagonista de la novela. Aunque tengo la sensación que se diluye al final, la protagonista quiero decir.

Relajaré aquí mi tono: el libro me gustó en bastantes momentos. No deja de ser una novela de espionaje, de acción, de traiciones, interesante, que sin embargo deja atrás casi cualquier fuerza de estilo (para mí sin duda un punto negativo) e incluso de temas. De estos últimos algunos sí aparecen que se pueden encuadrar dentro del contexto posmoderno.

Seré ahora un poco agrio: si el leitmotiv es el de que la verdad decepciona, por un lado lo consigue, porque al menos a mí Fascinación me ha decepcionado. Pero por otro, siempre elijo la decepción a la mentira. Por último, creo que lo que contiene al final la película que todos buscan y que nadie ha visto, me ha merecido cuanto menos la lectura de la novela y elaborar esta crítica atropellada. Así que, si alguien está interesado en hacerse con ella, no me hagáis caso y a juzgar por vosotros mismos. Yo por mi parte, espero darle otra oportunidad a Delillo sin demorarme demasiado. Admito sugerencias, faltaría más.

Junio 2018


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