Ampliación del campo de batalla, Michel Houellebecq

¿Hacia dónde va la novela? Esta pregunta que me hicieron, cuando yo trataba de explicar de qué iba el libro, me atravesó como un bisturí que te deja las profundidades de la carne al desnudo. No tenía ni idea, o al menos no mucha. El protagonista es un informático bastante antisocial (nada raro de acuerdo a los cánones del tópico), que aparte de su pasión por la lectura y de escribir fábulas éticas (aquí ya estamos fuera del lugar común para entrar en terreno extraño), parece tener ganas de que estalle el Sol y todo se vaya a la mierda. Contemplamos su hastío a lo largo de las páginas, y lo hacemos de la mano de un anecdotario que tira hacia lo desagradable.

Es en la vorágine de sus rutinas anodinas y amargas como conoce a uno de sus compañeros de trabajo y, al describirlo por otras cuantas páginas, saltó en mí la idea de que Houellebecq ponía en marcha un recurso narrativo que ya le encontré en otras novelas, la de poner junto a su protagonista antipático y desagradable, otro personaje mucho más desagradable, de modo que por contraste, al lector el primero le resulte más llevadero. Sin embargo me equivoqué y llegamos así al episodio que tal vez justifica por sí solo la novela y el tiempo que se pasa con ella.

Hacia el final de la segunda parte (la obra es corta y tiene tres) ya sí podemos decir ante lo que estamos: un psicópata al descubierto, un enfermo mental muy listo al borde de su crisis violenta, un hijo de puta en toda regla, que a diferencia de otros muchos hijos de puta, no sabe qué hacer con su hijoputismo. En fin, se podría hablar de vacío existencial, pero lo anterior me parece más preciso. Houellebecq, sin embargo se muestra optimista, y su personaje fracasa también en su manipulación psicopática hacia su compañero de trabajo. Por los pelos y no sin consecuencias. Al final, el pobre secundario da mucha pena, sin dejar de dar grima.

El resto de la novela no alcanza ese cénit prematuro y me genera la sensación que luego he corroborado por internet; estaba ante una de sus primeras obras, aunque el francés ya daba muestras de lo que estaba por llegar. Efectivamente y si Wikipedia es precisa, Ampliación del campo de batalla es su primera novela, publicada en 1994 cuando su autor contaba con 38 años. Con Ampliación ya puso en práctica el lema que tanto le ha caracterizado, encontrar las llagas de la sociedad y retorcer el dedo en ellas, lo más fuerte y profundo de lo que es capaz. Y aseguro que es muy capaz.

Algunas de las reflexiones que el protagonista amargado de su tiempo y de su sociedad lleva a cabo, son brillantes (recogeré brevemente dos, la idea de que “el hombre es un adolescente disminuido”, es decir, en la adolescencia alcanzamos nuestra plenitud y todo lo que sucede después es una lenta agonía; la otra, la que da precisamente pie al título del libro, apunta que el liberalismo amplía el campo de batalla de las personas, con este sistema deben luchar por todo y en todo momento, sin edad, sin tregua y sin cuartel unos contra otros), y puedes o no compartirlas (yo por ejemplo creo que el campo de batalla no se debe al liberalismo, sino a algo un poco mayor, la vida), pero quedan ahí para que las mastiques, con calma, si no quieres atragantarte. De hecho, resultará difícil que no te entren ganas de echar a correr, pero ahí surge el último de los problemas que se plantea Houellebecq en su personaje, ¿hacia dónde se puede huir, acaso hacia la profundidad del bosque?

Julio 2018


 

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