Donde cabe uno…

Nací hace años, pero hasta ahora apenas si he sentido el viento en mi cara, el miedo o el cielo en mis ojos. La culpa no es mía sino tuya enteramente, y aún con todo, te perdono. Cómo no hacerlo, pues si respiro es por ti. Pero por fin creo haber alcanzado la madurez que me permite segarte casi enteramente de mi existencia, ya tan sólo dependeré de tus manos, o de tu siniestra. Vengo con el propósito de quedarme, de hacerme un hueco en tu cabeza con la fuerza que sólo la autonomía es capaz de proporcionar. Te robo el nombre que tanto te gustaba para tu personaje, esta es mi primera victoria, pero consuélate pensando que se lo das a una entidad real, o al menos tan real como otras que se pueden palpar y sin embargo dejan mucho que desear. Yo aspiro a lo contrario, no pretendo tu esquizofrenia pero si el merecimiento a la vida. Yo soy Lázaro, tu primer heterónimo serio, y entre ambos surgirá una química insondable. Se acabó el periodo de latencia, junto al tuyo, comienza mi reino, el de tu exageración personificada.

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