Objetivo y reimpresiones

Después de realizar uno de los papeles más extraños de mi teatral vida a base de ser un prosaico molino de estado de ánimo, vengo acá para cumplir con mi propio juicio y serenar ciertas sentencias, necesario si quiero ser justo con Colonia y lo que me está rodeando.
Empecemos por lo último para que cuando la memoria me falle, las palabras me ayuden. Resulta que hoy me tocó leer en alemán un guión marcando mi acento español, algo por otra parte plenamente natural, para ayudar a un actor alemán –o suizo- que tendrá que hacer en seis semanas de cubano en la época de la DDR, a la que se marcha en un momento dado, y en la que se termina viendo involucrado en un triángulo amoroso mediado por la Stasi. Ahí es nada. La cosa fue tan curiosa como suena; yo leyendo el guión de su personaje, “Carlos Sánchez”, el actor grabándome con la maquinita, y diciendo que “super”, y luego, a traducir en parte, y según medio lo supiera medio me lo inventara, y por último, una desternillante pantomima de interpretación a cámara lenta y en alemán. Toda una experiencia. Y por cierto, el actor se llama Pasquale Aleardi, y realmente es un tipo simpático y llano.

“La academia por lo demás bien, gracias”, podría responder a aquellos que preguntaran por mis últimas semanas, después de haber gritado a los cuatro vientos algo así como que aquello iba a acabar conmigo y después de estar al límite de abandonarla. Ahora todo tiene otro color, mucho más sosegado aunque con una raíz similar: no me gusta dar clases de español, aunque como con tantas otras cosas, no me suponga un problema hacerlo, y hasta me gusta más que muchos otros. Pero como ya dije, mi intuición de hace unos años erraba. Por suerte, la reemplacé por otra, y ésta es la buena.
Y no quisiera ser injusto con esta ciudad, es cierto que no es Berlín, es cierto que no me alegra el alma ni me la destroza, pero estoy aprendiendo bastante de mí. Además aquí terminé mi primer gran relato (al menos grande para mí) cuando estuve de vacaciones, y mi objetivo es acabar el segundo, antes de marcharme. Eso sería la hostia porque como aquél se ha convertido en una extraña obsesión de amor odio. Y encima está la refutación de una intuición y el hallazgo de otra, y por supuesto, el vivir en una estabilidad sentimental. Ah, coño, y ganar dinero, que aunque poco, bastante más de lo esperado. De lo de aprender bien alemán, mejor no hablemos.
Pareciera que disfruto contándome mi vida, pero todo esto que le parece tan espurio a mi memoria, no ya en años, no ya en meses, sino tan sólo en días, puede quedar lejos y perdido en las aspas de ese molino que espera la lanza de un don quijote para sentirse tocado por “la pintura pintada por un ala”, y que mientras espera, devora autofágicamente con un mal regusto.

Un comentario en “Objetivo y reimpresiones

  1. ¡Qué interesante lo del guión! Aunque no puedo evitar pensar que el acento cubano es diferente del tuyo, pero vamos…
    Tienes toda la razón del mundo en lo de aprender bien alemán… ¡a la mierda! Yo ya estoy harta de aquí y quiero irme a mi caaaazaa.
    Besos,
    C

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