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Tanto ahora, cuando toco los 30 con las yemas de la incertidumbre, como a los 85, fecha que me despedirá de este mundo si se cumple mi capricho, podré y puedo escribir lo mismo: la angustia más aguda siempre vuelve porque no hay modo real de sobrevivir a la muerte. En este aspecto, fui, soy y seré como todos, y todos fueron, son y serán como yo.
Distinguirse así no es sino el modo particular de afrontar esa angustia. Nada nuevo por otra parte, pero es que no hay nada nuevo que descubrir al respecto, y sólo nos queda recordárnoslo cuantas veces sea necesario. El modo, he ahí la cuestión…

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