Ahora

Ahora que la tenaza de la realidad se cerraba con más fuerza que nunca, repunta mi sueño. Ahora que la asunción de la derrota era palpable, resisto. Ahora que el calor congela toda acción, actúo. Ahora que veníamos a escribir: «Nunca seré escritor», tomo aliento hasta la próxima crisis y me pongo a escribir donde debo.

Feliz cumpleaños

Desde los dieciseis, quizá ya en los catorce, tengo la conciencia tranquila: cada doce de junio es una tragedia. Y en esta rueda no sé si poner velas o veintisiete lágrimas.
Entumecido ahora, era hace un momento un torrente de tristeza y amargura, ni siquiera para recordar lo inmediato valgo ya.
Bueno, basta de emperifollados teatros y vuélvete a la cama, que para esto es mejor que no te hubieras levantado. Disfruta como puedas, y hasta la próxima.

Presentación

He llegado para quedarme, para arriesgarte y para sacarte de esas oscuridades a las que voluntariamente te sometes. Estoy aquí para ampliar tus principios, para que lo social se una a la acción, para que tu compromiso se cumpla realmente, para que traiciones a tu incompromiso, para que pises parásitos propios y ajenos, para que te muevas de los antros que te encadenan, para que veas y alumbres, para todo eso y más. En definitiva, para que seamos más completos.
Estas han sido mis primeras palabras, pero te aseguro que no serán las últimas. No te debo ningún agradecimiento, si acaso que me acojas en tu seno. Pero te advierto, más te vale sobrevivir pues de ello dependemos ahora tres y un futuro, duro, pero que valdrá la pena.
Y a ti Lázaro, qué decirte. Pues que estoy de acuerdo contigo, que nos llevaremos mal pero que será divertido, y más que nada, necesario. Gracias por la presentación en sociedad. Y ahora, Tú a jugar y Yo a tomarmelo en serio.

La consumación de la Trinidad

Desde hace años ese útero antinatural al que acoges rebuye en silencio tratando de alumbrar, aún antes que a mí, al heterónimo Karl. Yo, más fácil de parir para tu conciencia que él, llegué en su día con la fuerza de un huracán, como todo en nosotros, tan sólo a veces azoto.
Y ahora que nace él, ¿completará la siempre incompleta obra de modo que nos lanzará a un abismo creativo, o seguiremos esperando, ahora tres, a que un rayo nos parta o nos divinice o nos amplie?
¿En esta Trinidad qué representa él? Si tú eres tú, allá contigo, y yo soy tú elevado a la máxima exageración posible, él será esa esencia de acción que pulsiona por salir a la luz y que tu escepticismo cargado de apatía macabramente autofagiza. Karl detiene tu bocado, rompe tus dientes y revierte tu mandíbula. Ahora él se alza sobre lo peor de ti, tu viscosa incapacidad para apasionarte, la pisa y clama:
«He llegado para quedarme, para arriesgarte y para sacarte de esas oscuridades a las que voluntariamente te sometes. Estoy aquí para ampliar tus principios, para que lo social se una a la acción, para que tu compromiso se cumpla realmente, para que traiciones a tu incompromiso, para que pises parásitos propios y ajenos, para que te muevas de los antros que te encadenan, para que veas y alumbres, para todo eso y más. En definitiva, para que seamos más completos».
Te damos la bienvenida Karl, y aunque sospecho que tú y yo no nos llevaremos bien, y peor aún nos trataremos, me alegra saber que tengo un hermano.

Gritando en Silencio (en honor al grupo que ahora me rescata mientras escribo)

Con una patente asincronía entre mi ánimo, que aspira a una inmensa gratitud por la música que me rescata en tantas ocasiones, valga de ejemplo ésta misma, agobiado hasta hace instantes por un sinsabor neurálgico muy propio, y mi instinto, que me llama a hablar del destino, regreso a estos lares.
Más que hablar del destino vengo a aburrir sobre el mío, y mejor aún, de la absoluta falta de éste. Un contumaz escéptico como yo apenas puede rozar con los dedos un par de «certecillas», y una o la más grande es sin duda que el «destino» es la engañadora palabra que sustituye al agobiante «absurdo».
Pues bien, dicho lo anterior añado que siempre tuve claro que mi destino estaba claramente marcado por el sabor a pluma que me sacaría de esta ciudad y me abriría al mundo en letras de oro. Por esta razón, porque quiera o no, llegaré a ser un gran escritor, rehuyo del esfuerzo puro que el asunto necesita. Y no es que ahora venga a descubrir la sucia capa de la mentira por la que no hay teleología que valga, soy lo que soy hace mucho tiempo y sé que me engaño de la peor de las maneras: hay contradicciones inviolables dentro del caos que ordenadamente me manda. Saber lo que se necesita saber no es el motor suficienta para hacer lo que debo hacer. A veces, o ya, practicamente no es ni siquiera una ayuda.
Con todo, confío en que la esperanza a la que niego por sistema, vuelque mi destino hacia las letras, y haga que el absurdo omnipotente complete su obra: Yo, una tragicomedia entre tantas otras en esta carcajada universal del sinsentido.