Autor: Carlos Aymí
El diario
Literaturas
A pesar de las pruebas aportadas por el físico Holden Kraus, ni la NASA, ni la Agencia Espacial Europea, ni ninguno de los expertos que han estudiado el tema, están aún por la labor de aceptar las conclusiones del malogrado hispano austriaco.
Para muchos, Holden se estaba riendo de todo el mundo, y es que si ya resultaba difícil creer las conclusiones y los hechos que presentó en su primera rueda de prensa, tanto más lo fue con la segunda. Sin embargo, algo ha habido que ha estado con él desde el principio hasta el final. En primer lugar, su reputación de genio y la ausencia aparente de motivos por los que querer presentar al mundo algo tan extravagante si no fuera verdad, o al menos, si él mismo no hubiera creído que lo era, pues algunas voces apuntan a que fue víctima de un engaño. En segundo y sobre todo, las pruebas, resulta difícil confirmar sus hipótesis, pero hasta ahora nadie ha conseguido refutar sus conclusiones, y desde luego no por falta de esfuerzo.
Pero hagamos aquí y ahora, en un día que el misterio podía estar tal vez resuelto si las circunstancias aciagas no lo hubieran querido, una cronología de los hechos para poner completamente en claro todo el revuelo ocurrido en los últimos meses.
El 4 de febrero de este mismo año, Holden Kraus, un científico brillante y bastante atípico para nuestro tiempo, entre otras cosas por su costumbre anacrónica de trabajar en solitario y aún así encontrar soluciones para el complicado mundo de la física cuántica, afirma ser testigo directo desde su casa, situada en un pueblecito de la provincia española de Guadalajara, de un impacto de meteorito.
La noche del avistamiento es despejada, propicia para que se produzcan observaciones astronómicas de cualquier tipo, y sin embargo, parece que sólo los ojos de Kraus han logrado ver aquello que ningún telescopio pudo. He aquí al parecer el motivo principal por el que astrónomos y expertos en la materia deciden ignorar la información de Holden Kraus. Éste, picado en su orgullo y casi desconocedor absoluto de este campo científico, decide ponerse a buscar el lugar exacto del impacto, que cree tener bastante localizado.
El 9 de febrero, junto a su hija de 12 años, encuentra el lugar a las 12:15 de la mañana. Kraus se llama imbécil por haber tardado casi tres días enteros en encontrar la zona, realmente cercana a su casa, aunque se justifica alegando un extraño efecto óptico del día de los hechos, que le ha desconcertado bastante y que no sabe resolver. ¿Se trata del mismo efecto que impidió el avistamiento a los observatorios astronómicos? ¿Tendrá eso algo que ver con la naturaleza del meteorito? No parece que sea un punto que se vaya a resolverse jamás.
En cualquier caso, la zona de la colisión se halla en la cima de un promontorio, donde se ha ocasionado un pequeño cráter. Holden Kraus, junto a su joven hija, examinan la zona y al fondo del cráter divisan los restos del meteorito. Al principio no albergan ninguna duda de que se trata de una piedra extraterrestre más, pero pronto cambian de opinión. Al examinar de cerca el meteorito advierten que se trata de una roca labrada con una forma más bien rectangular de medio metro cuadrado. Pero lo más extraño está aún por llegar, la hija de Kraus manipula la piedra por una abertura lateral que presenta, y al hacerlo el meteorito se abre y deja al descubierto un objeto pulido, como una losa con extrañas inscripciones, de unos 4 centímetros de grosor y de 30×20 en cuanto al largo y al ancho. Pronto el mundo entero conocerá el objeto como el Códice Extraterrestre.
Holden Kraus no pierde el tiempo y para el 10 de febrero concede una rueda de prensa en la que asisten los medios más importantes de todo el mundo. El científico, ya siempre junto a su hija, muestra fotografías y vídeos del impacto y del meteorito, y ofrece a una comisión de expertos internacionales la propia roca y el original del códice. Kraus anuncia asimismo que ha realizado una copia infografiada de todo el material que entrega, y que pretende estudiarlo de forma independiente.
Durante varios meses se trabaja incansablemente para desentrañar el misterio del códice, si bien parece que mientras la comisión de expertos se afana principalmente en una línea, Holden sigue otra. Resulta que el esfuerzo de los primeros se encamina en refutar los hallazgos, en demostrar el fraude, en ridiculizar y desprestigiar al físico que pretende dar lecciones sobre lo que no sabe. Por su parte, el hispano austríaco se obsesiona con desentrañar los misterios del códice, no alberga ninguna duda de la veracidad de los descubrimientos, y pone toda su intuición, su talento, y el de su precoz hija, al servicio del códice.
A primeros de junio Holden Kraus anuncia una segunda rueda de prensa para el 12 de ese mes, que afirma, no dejará indiferente a nadie. Para el 11, y en una jugada que el tiempo hace ver como poco inteligente e innecesaria, la comisión de expertos ofrece otra. En ésta, afirman que la roca rectángular efectivamente es extraterrestre y que el llamado códice es de origen desconocido, pero inciden en señalar dudas sobre la zona del impacto, que ha seguido para ellos un desarrollo poco lógico de acuerdo a las leyes de la física, y en el hecho de que aunque hablen de origen desconocido, no quieren decir que provenga de otra civilización. Así que no concluyen salvo que no han podido, de momento, desenmascarar a Holden.
El 12 de junio y según lo previsto, se produce la esperada segunda rueda de prensa de Kraus que de nuevo la ofrece junto a su hija. Dicen haber descifrado buena parte del códice y para sorpresa de todos, el físico afirma que se trata con total seguridad de un relato extraterrestre:
-La primera prueba inequívoca de la existencia de vida inteligente más allá de la Tierra, nos ha llegado en forma de literatura.
El científico no quiere entrar a juzgar el valor literario de la obra, y ni siquiera concluye el género del mismo, puesto que aunque para nosotros sería de ciencia ficción, para ellos tal vez no sea así. Con cierto humor, eso sí, deja entrever que no es gran cosa, si bien considera que hay que tener en cuenta su pésima capacidad filológica para hacer un buen trabajo de ese tipo, y su escaso gusto por la literatura. Lo importante en cualquier caso es que una vez más Holden Kraus enseña al mundo sus descubrimientos sin reservas, y muestra que la traducción ha sido posible gracias a la base matemática que ha descubierto que contienen las inscripciones del códice, y que le han permitido llevar a cabo algo parecido a una piedra de rosetta extraterrestre. Tampoco se guarda la traducción, aunque dice que aún está en pañales y que se trata más bien de un resumen con anotaciones, que de un texto literario en sí. Efectivamente, los meses y el esfuerzo esta vez en común con otro grupo de expertos, estos de filología, mejoran bastante la primera y difícil versión, que sin embargo es la que se recogerá acto seguido, con sus dudas, sus muchos y consabidos problemas, y sus comentarios entre corchetes del propio Holden:
El amo [el lector deberá ponerle la forma que considere oportuna, pues quien lo haya escrito ahorra absolutamente en la descripción física de los personajes, por lo que sólo sabemos que se tratan de seres inteligentes, pero no, si disponen de dos, de tres, o de cuatro piernas, de una o de dos cabezas, o de si el color de su piel, si es que tienen de esto, es naranja o azul o la típica verde] tras ser investigado por el Imperio Norte a causa de sus experimentos sobre la ¿desmanipulación?, decidió desaparecer temporalmente para no ser hecho prisionero, y para ello preparó un plan junto con su criado, según el cual éste último sería el regidor del dominio mientras el amo no regresara de sus viajes, que se alargarían hasta que ¿prescribiera? el supuesto delito. Sin embargo tales viajes no iban a existir y el amo seguiría en el ¿Sector4? tras aplicarse el inyector de conciencia [al parecer se trata de una tecnología que permite extraer la conciencia de un sujeto –con todos sus recuerdos, facultades, traumas…- e inyectarlos sobre un ser ¿inferior?, que ve anulada su propia conciencia para pasar a funcionar con la del inyectado] sobre su mascota preferida [tal vez algo parecido a un gato ya que se dan claves para atisbar rasgos como tamaño y agilidad].
El criado, que tenía la orden de aplicar inversamente el inyector [el cuerpo del amo queda mientras tanto enterrado en un ¿ataúd?] una vez que el Imperio Norte dejara de impartir su justicia sobre el Sector4, intenta terminar con el plan cuando esto al fin ocurre, pero se encuentra entonces con el problema de que la mascota, dócil durante todo el tiempo de la investigación, se vuelve arisca y no se deja atrapar una vez que el Imperio se marcha. Durante un tiempo el criado persigue a la mascota por todo el sector [el lector deberá imaginar aquí los paisajes, los colores, la fauna y la flora que considere oportuno, pues de nuevo, nada se nos dice], pero no consigue capturarla. El criado termina de convencerse de que algo ha salido mal en la ¿transfusión? de conciencia y que mascota y amo luchan dentro de ese cuerpo por el control, como si ambas conciencias se solaparan. El criado, que conoce algo de la tecnología del inyector, decide revisarlo pero no encuentra ningún fallo y termina por idear un nuevo plan.
Habla con su esclavo y buscan una nueva mascota del amo, más grande, ágil y fuerte que la primera. El criado ha decidido aplicar su conciencia a la de esta mascota para perseguir a la primera. Considera su plan infalible y deja al esclavo como regente del Sector4 mientras la mascota/criado persigue a la mascota/amo. Cuando la ¿caza? se produce, cuando la garra [por fin un sustantivo físico que nos sirve para guiarnos descriptivamente] del criado somete a la del amo, éste, que no tiene para nada la conciencia solapada o confusa, logra convencer a su criado/mascota de las ventajas de sus nuevas condiciones [¿físicas?], y ambos deciden quedarse en ese estado de conciencias parásitas en cuerpos ajenos.
La historia concluye con el esclavo hablando con su ¿hijo/a? para explicarle que va a usar de nuevo el inyector de conciencia, aplicándoselo él mismo sobre otra mascota del amo, aún más grande, ágil y fuerte que la que usó el criado. La mascota-esclavo sale de caza por el Sector4, y su ¿hijo/a? contempla la escena siendo el nuevo regente de la zona.
El 13 de junio no hubo ningún medio de información importante en ningún país que no abriera informando sobre esa rueda de prensa y sobre ese relato. La sensación general fue la de un gran escepticismo y la de cierta tomadura de pelo, que sin embargo se topaban con el mismo escollo de siempre: las pruebas. Holden Kraus había aportado el código matemático traductor y con él las piezas encajaban a la perfección.
Dos fueron los debates que se abrieron principal y paralelamente a partir de entonces. El primero giraba en torno a lo de siempre, si habíamos recibido o no, la confirmación de vida inteligente más allá de nuestro planeta. El segundo, más peculiar y reducido, discutía sobre la supuesta calidad del relato extraterrestre. Aquí también hubo un amplio consenso por el que se destacaba la pobreza del estilo, la confusión del mensaje, y lo inverosímil de las decisiones. Si bien es cierto que según pasaron los días y se fueron puliendo algunos aspectos, fueron apareciendo más y más defensores del relato. Al fin y al cabo, se señalaba ahora desde esos sectores, se le estaba juzgando desde nuestras categorías y nuestras limitaciones, y aún así, añadían, era posible hacer numerosas interpretaciones válidas y estimulantes de crítica científica, de relaciones inter-seres, de organizaciones socio-políticas, y de juegos humorísticos.
Durante los dos meses siguientes se siguió trabajando en las pruebas y en la traducción, y aunque el interés se redujo como es lógico por la falta de novedades, el mercado no dejó que nos olvidáramos del asunto: se anunció una superproducción de Hollywood; aparecieron cientos de miles de prendas con frases del relato, con imágenes recreadas de las posibles mascotas y de los posibles amo, criado, esclavo, hijo/a; y se desarrollaron geografías del Sector4, e Historias para el Imperio Norte.
El 15 de septiembre, y tras un retiro casi absoluto por parte de Holden Kraus, vuelve a aparecer para anunciar que tras un trabajo incansable durante este tiempo junto a su inseparable hija, ha realizado un nuevo, sorprendente, y casi definitivo descubrimiento sobre el meteorito y sobre el códice que, dice textualmente: “dará mucho que hablar tanto a mis detractores como a aquellos que poco a poco se atreven a defender mis conclusiones”. Así que cita a los medios de comunicación para una tercera rueda de prensa que se iba a efectuar el 1 de octubre, y que se presuponía apasionante.
Estamos a 30 de septiembre y el mundo entero se muestra sobrecogido. Un accidente de tráfico en condiciones aparentemente poco sospechosas, se habla de un simple descuido por parte de Holden, ha acabado con la vida del científico. El hispano-austríaco viajaba junto a su hija de regreso a casa cuando al tomar una curva a una velocidad supuestamente excesiva tuvo un choque frontal con otro coche. Tanto Holden como el conductor del otro vehículo fallecieron al instante, mientras, la hija del físico se encuentra en estado crítico, pero estable dentro de la gravedad, y como no se termina de descartar ninguna hipótesis, la policía se encuentra custodiándola en el hospital.
En estos momentos el Planeta Tierra parece contener la respiración a la espera de que la hija de Holden Kraus, una niña de 12 años, salve su vida, se recupere, y pueda desvelar al mundo el nuevo descubrimiento que junto a su fallecido padre, llevaran a cabo. ¿Estamos cerca del final para conocer la respuesta de si otra civilización a través de la literatura se ha puesto en contacto con nosotros, o nos quedaremos a las puertas de esa certeza?
El séptimo sello
42. Fernando Pessoa
41. Voluntad de poder
Escribo atravesando las dificultades, lo hago a pesar de tu trabajo, de tu ocio, de tu sueño, de nuestra falta de tiempo. Lo hago a pesar de las lecturas, de la vida, del amor. Escribo mientras vivo, mientras esté en las entrañas,y seguiré escribiendo una vez que hayamos muerto.
El Gran Lewoski
A veces te comes al oso, y otras veces el oso te come a ti.
De hadas y unicornios
A pesar de mi adicción a la soledad debo reconocer que en ocasiones, la curiosidad por la rara especie que somos, me vence, y me acerco entonces a las personas de una manera o de otra.
Esa curiosidad es la que me embargó hace dos mañanas, la que hizo que cambiara de mesa en el bar donde acostumbro a desayunar antes de irme a dormir, después de salir de mi turno de noche.
Era la hora del sol y sombra para muchos obreros, del café para los chóferes, de mi vaso de leche y mi bollo en la mesa del rincón, la más alejada del bar. Una hora en definitiva, rutinaria para un polígono industrial, pero extraña para las dos figuras discordantes que entraron al bar, y se sentaron cerca de la barra.
Se trataba de una madre y de su hija. Era demasiado temprano para una pareja así, y estaban demasiado lejos de un hospital, o de un colegio, o de lo que sea, a donde puedan ir una madre y una hija juntas y a las siete de la mañana. No lograría resolver el misterio, pero cuando iba a marcharme camino de mi mesa del fondo, escuché:
−Porque cuando vayas a la universidad…
No entendí el final de la frase, pero la consideré extraña teniendo en cuenta que la niña no tendría más de seis años, y sí, me senté lo más cerca posible de ellas.
De frente me quedó la pequeña, bebía con gesto aburrido un zumo poleo, de espaldas la madre, con una coca light a su lado. Reconozco que me había intrigado aún más que la frase, el tono. Necesitaba escuchar más de aquello, necesitaba confirmar aquel sinsentido.
Y lo confirmé. La madre resultó ser una cotorra insufrible. Por mi parte, en lugar de desayunar me puse a doblar una servilleta para no perderme detalle de las perlas que la señora soltaba con un tono tan cargante, que a punto estuvo de hacerme rebufar con frases como:
−Porque esa profesora tuya es una mala pedagoga y su sistema de enseñanza bla, bla, bla
−No debes jugar con esos niños tan pequeños, son unos críos para ti bla, bla, bla
−Siéntate más recta; no hagas ruido al beber; límpiate cada vez con la servilleta bla, bla, bla.
Terminé mi figura de papel y me puse con el desayuno. Entonces la niña, como si luchara por conservar un arresto de inocencia, dijo con la dulzura que le faltaba a su madre,
−Hoy he escrito en mi cuaderno que, “la hada vendrá a visitarme si…”
Pero no pudo terminar la frase puesto que la madre saltó como un resorte:
−No se dice “la hada”, sino “el hada”, pues hay una figura retórica en lingüística que nos dice cómo debemos hacerlo para bla bla bla.
Y tan satisfecha de sí misma, la madre se terminó la coca al poco, se levantó, y le dijo a la niña que le esperase ahí quietecita porque iba a comprar tabaco antes de que se fueran.
Yo no cabía en mí de asombro, y sopesé rápidamente varias posibilidades; esperar al regreso de la madre y decirle que era una pedante insufrible; levantarme y darle al pésame a la cría por la suerte que le había tocado; o sencillamente callarme, sin duda mi mejor opción. Pero no opté por ninguna de esas.
Me levanté con mi figurita de servilleta, anduve los pocos pasos que me separaban de la niña, y cuando llegué a su lado le dije:
−Lo importante no es cómo escribas ni digas “hada”, sino que creas en ellas para que te visiten.
Y ante su mirada le regalé mi unicornio de papiroflexia.
La madre, que me vio hablar con la niña, regresó rauda a su mesa y nuestros ojos se cruzaron por un instante cuando me dirigí a pagar para marcharme. Su mirada me declaró culpable de los peores cargos. Y llegué a escuchar que preguntaba con inquietud a su hija qué le había dicho yo. La niña le contestó que algo muy raro, con una voz muy adulta.
Pensé que había perdido la batalla, pero por el rabillo del ojo, aún tuve tiempo de ver antes de irme, que la niña se guardaba el unicornio bien lejos de su madre.
Rebelación mortal
Proverbio hindú
Un libro es un cerebro que habla;
cerrado, un amigo que espera;
olvidado, un alma que perdona;
destruido, un corazón que llora…