Doce hombres sin piedad

«Doce Hombres sin piedad», de Sidney Lumet (1957):

Una experiencia cinematográfica que salva todo un fin de semana; ya podría haberse cernido todo el gris sobre mí, que esta película me habría rescatado de las sombras. Y lo cierto es que me ha dado las alas que este fin de semana no pudieron nacer a causa del trabajo y el encierro. No hubo cerveza, ni risas, ni conversación. Hubo cine y letras, y aunque los ingredientes fueron buenos, y aunque sobrevivía con un aprobado raspado pero al menos sin suspender, esta película pone una guinda al fin de semana que lo convierte en notable y me lleva a la cama con una sonrisa de asombro y agradecimiento al séptimo arte.

“Doce hombres sin piedad”, está claro que el título es un gancho, pero es aún más evidente que no es cierto, no se trata de la lucha de once malos contra uno bueno, sino la de uno honrado contra el mundo; el mundo de los prejuicios, del miedo, del que dirán, de la necedad, de la vanidad, de la prepotencia. El protagonista, Henry Fonda (vean la película aunque sea para conocer su nombre “real” al final de la peli) no transforma al resto o los convence, sino que incendia el mundo a pequeña escala, a una de la que dependen muchas vidas, todas aquellas que penden del hilo sucio y mugriento de la pena de muerte. Y en ese incendio, esos once queman un sobrepeso que les impide preguntarse realmente por el valor de una vida humana. Tras la deliberación, sienten que el humo del incendio ya no pesa, y respiran mejor.

La película acaba y sí, quizá el acusado sea culpable, pero la duda razonable está instaurada sobre el poso de las conciencias, y éstas ya son incapaces de mandar a nadie a la silla eléctrica tras limpiar sus corazones de las manchas con las que cada día nos envenenamos.

Gracias cine.

Freud pasión secreta

«Freud, pasión secreta» John Huston, 1962

Acabo de ver “Freud, pasión secreta” y sirve una vez más para corroborar mi teoría autobiográfica de que vivo en varios mundos al tiempo, y lo mejor, que si en ocasiones me causa estragos, la mayoría en cambio me encanta.

Pensar que una peli de 1962, con 29 años como tengo y en pleno 2010, me hace recorrer por la espina dorsal un disfrute inmenso, me llena de placer. Verla un jueves cargado con alguna que otra cerveza y en soledad me esboza una sonrisa y me dice friki, y a mucha honra.

Pero el mérito verán que no es mío, pues al fin y al cabo hablamos de una peli sobre Freud, ese gran genio que nos desveló parte de los secretos de la psique humana, y sobre todo nos abrió la puerta y nos empujó dentro del inconsciente. Hablamos de una peli dirigida por John Huston, y hablamos de un guión en el que trabajó Sartre (aunque al final no aparezca en los créditos). Está claro que tres genios no pueden dejar indiferente a nadie por más que se lo proponga y a poco que tenga un poco de seso, y sumemos aún a Montgomery Clift en el papel de Freud, sencillamente soberbio.

Historia, psicología, filosofía, cine, y muros morales derribados con la maza de la pasión por la verdad. Dan ganas de echarse a temblar de puro gusto. ¿Recomendarla? No sé qué decir, si les gusta algo de lo anterior por supuesto, si no, andará caduca para un gusto que será tan respetable como el mío.

Ahora tres momentos concretos que no se si serán inolvidables pero que desde luego escribo para no hacerlo. El primero cuando Herr Meiner le dice a Freud que debe traicionarles, que él ha sido fiel a su clan, el de los neuróticos, y que ahora, a las puertas de la muerte, se arrepiente por fingir un personaje que no es él, así las cosas, le pide a Freud, al que reconoce como neurótico, que les traicione, que se enfrente al dragón de la mentira, al fuego que devora la verdad.

El segundo lo protagoniza Freud con su mujer, ésta está asustada porque las mujeres de todos los médicos de Viena murmuran sobre las preguntas que su marido hace a los pacientes, motivo por el cual muchos le abandonan. Ella le dice que él es el único médico de la ciudad que hace esas preguntas (en ningún momento se especifica el contenido sexual de las mismas pero es algo que se sobreentiende), y Freud contesta con aplomo, seriedad, sin sarcasmo y firme, que probablemente será el único de todo el mundo.

El tercero llega al final, con el genio frente al mundo exponiendo sus blasfemas teorías, con un Freud seguro de partir en mil pedazos la piedra de la oscuridad que todos los médicos de su época se empeñan en engarzar de nuevo.

Para acabar calificar a la cinta de sorprendente y no por otra cosa que por reflejar de manera soberbia un capítulo de la historia que para variar acabó bien: el genio venció a todos, incluso asimismo.

28

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Debería pasarme la vida leyendo a Wilde y a Sartre, a Sartre y a Wilde. Aparte de sacar una esquizofrenia saludable, metería mi oscura cabeza en la clara contradicción. Ellos recrean respectivamente los mundos perfectos del dandy y del compromiso, de la banalidad y de la lucha.

El primero me saca la sonrisa, el ver la frivolidad de la clase aristocrática de su tiempo como si la tuviera delante, llenando sus personajes y sus diálogos de requiebros idiomáticos impactantes e inolvidables. El segundo me saca la rabia, me hace pensar en la injustica hasta el punto de odiarla inventándome un alma para ello. Wilde me hace admirar su postura del arte por el arte y de, “la vida es una cosa demasiado importante como para hablar de ella en serio”. Sartre me dice que al margen de Dios, hay muchos motivos para tener fe en el hombre, y luchar por ello sin descanso y con fervor.

Si pudiera elegir, mi espíritu se decantaría por el francés, por el abrazo a la lucha y por la apuesta de la contingencia de la libertad propia y ajena, pero reconozco que el inglés tiene un encanto irrechazable, él también se abraza a lo contingente, pero sólo ve lo intrascendente como precio, es decir, como se mira y se ve hoy. Me gustaría pensar exclusivamente en valores, pero qué tentador es eliminarlos y disfrutar de las cosas bellas con precio que podemos comprar. En fin, dos piernas y dos mundos, y mis brazos divididos sin poder abrazar a ninguno.

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Lo malo de las personas es que lo que nos une se rompe, y lo que nos separa permanece. Todo sería más fácil si fuese al revés, pero no somos una casualidad fácil, y eso se refleja en todo lo que somos.

31.07.10

31.07.10

A ver cómo hacemos esto, pues hace dos horas me comía las baldosas por escribir, y ahora que comí y reposé, debo recurrir a la disciplina para hacerlo.

Ya me voy acordando; necesitaba escribir para no gritar: ¡Estoy encerrado en Miami! La idea era ir a la playa, pero el temor (el temor ha sido una constante y ha quitado parte de sus sabor –miedo a las maras, miedo a los autobuses, miedo a cualquier imprevisto en el aeropuerto) ha hecho que haya Miami sin Beach.

Y ahora tan sólo quedan dos horas para afrontar el último tramo del viaje, eso sí, el más largo y pesado: de Miami a Madrid.

Hace unas horas la Casa Albergue, y ahora aquí en uno de los lugares más fresas del planeta. ¿Qué tiene sentido? La velocidad para desplazarnos, para cambiar de contexto, de realidad, terminó por volvernos locos.

Ahora mis ojos ven rubias y latinas y morenas y negras y muchas, muchas, apetitosas. Mi libido está de vuelta. Sólo hizo falta pulcritud. Lo experimenté constantemente en El Salvador, puedo vencer la suciedad, la escasez, el permanente abrazo sudado, la cutrez, los hechos tristes de un país arruinado, pero no puedo vencer y conservar mi apetito sexual al mismo tiempo. No hice tal pacto con Nadie, aunque quizá lo hubiera firmado. Pero mi apetito vuelve, y con él su fuerza descontrolada.

He ahí otra de mis conclusiones de este viaje: mi salud es una de mis joyas, quizá la más brillante. En un mes he tomado prestado una gripe que incubé masoquistamente, pero nada más. Y me libré de los hongos, de las diarreas, de los mareos, del estreñimiento, de excesivas picaduras, y de qué se yo. Una vez más, me siento orgulloso de mi salud, y aún más de mi estómago, me gusta probarle como si en el experimento me fuera la vida, y respondió siempre a la perfección. Es verdad por otra parte que fui prudente, pero mis compañeras fueron por momentos obsesivas, y no se salvaron tan bien.

Ahorraré mi opinión… mi descanso en ese sentido es tan cercano, y es tan merecido.

Es una idiotez pero me cruzó la mente, la atrapé, y ahora la escupo: ¡Qué pena que en el Mayflower no fueran unos cuantos españoles! Todo el Norte de América hispano hubiera facilitado las cosas. Pero bueno, como no fue así y como las ucronías sólo se tejen en la cabeza y si acaso, debo conformarme con constantes “Mayflowers” latinos desembarcando diariamente en el imperio yanki, de modo que por ejemplo en Miami esa marea ya haya anegado cada rincón del lugar.

En cualquier caso y como en todo viaje que se me precie, el inglés se me marca como roto. Cierto es que los idiomas no son lo mío, pero joder, no soy tan idiota y si le dedicara la mitad de tiempo que al alemán, creo sinceramente que alcanzaría mejores resultados.

Una de las ventajas de caminar solo (iba a escribir, de “deslastrarme”, pero no me atreví) ha sido que claramente he ganado en disciplina (también puedo decir “madurez”). Y tal disciplina me va a llevar a poder manejarme de una puta vez por todas con el puto inglés (o al menos eso deseo fervientemente).

Haré rápidamente una lista de proyectos para cuando llegue…

Para terminar este “Cuaderno de Viaje” (si es que no vuelvo a ti), quiero decir que te he disfrutado, que volveré a ti para sacarte partido en forma de artículo, entradas del blog, notas, relatos, y lo que se me ocurra. Y finalmente, que le doy vueltas y con fuerza a dos próximos proyectos: un curso de inglés en Nueva York, y la vieja idea de cruzar el Atlántico en barco.

Cada vez siento más la sensación de que escribir es lo que mejor se me da, esto no quiere decir que se me dé bien, pero sí mucho mejor que otras cosas. Empiezo a pensar que aunque me muera de hambre, que aunque no creo en el destino, he nacido para escribir, y quizá mejor, que me estoy haciendo a mí mismo como escritor.

Un libro, quiero decir, una novela o un relato o cualquier obra de ficción, debe acabar en el momento justo, ni antes ni después. Pero un “Cuaderno de Viaje” no tiene tal exigencia, quise acabar con una floritura, pero no fue posible callar ahí, me dejaba algunas cosas en el tintero y otras nuevas surgieron.

Se me olvidaba comentar que la mejor campaña publicitaria a favor de España ha sido el Mundial de Sudáfrica. Allá donde pisamos, y más que vestimos las camisetas, hay algún “¡Viva España!” o “¡Campeones!” o “¡Qué bien jugaron!”, o lo que surja.

Se me olvidaba también decir que USA gasta los mismos enchufes que El Salvador… ¿Si basta 120v por qué nosotros tiramos de 220?

De nuevo no lo pude resistir: una librería, libros en español, una colección de relatos elegidos por Borges como los más grandes de la historia, y cómo iba a decir “no”. Resultado, un “sí”, doce dólares menos y un libro más.

Tras leer el primer relato del libro que compré, escrito por May Sinclair y seleccionado por Borges como el relato que más impacto le había causado, veo que el paralelismo con “A puerta cerrada” de Sartre, es evidente. O más bien al revés pues el texto que hoy leí es anterior al “infierno son los otros” sartreano. Pero no vengo por eso sino por la idea que descolla de escribir un artículo donde hable de que estamos condenados a nuestros políticos y que son nuestra pesadilla. Porque podemos cerrar los ojos en los kioskos, taparnos las orejas al ver la tele, pero ahí seguirán, y lo harán porque nos los merecemos, y si los merecemos es porque hemos abandonado los asuntos políticos dejándolos en manos…

Ahora es cuando a este “Cuaderno de viaje” [o más bien, a estos “Apuntes selectos], le toca morir.

30.07.10

30.07.10

Y venga despedidas, y venga abrazos, y venga recuerditos, y algunos lloros, y algunas mentirijillas sobre las cartas que no escribiré, y algún que otro apretón de manos, y muchos besos, y muchos “cuidaos” y “estudiad”, y por fin, todos los adioses debidos.

Si lo bueno de viajar son las despedidas previas en forma de fiesta, las despedidas del viaje no son tan buenas a pesar de la fiesta. Son el cierre de un ciclo.

Ya apunté que en este ciclo he cosechado unas inusitadas ganas de tener al menos un hijo si “la suerte me acompaña”, y del mismo modo, repetí una y otra vez, la certeza de la fuerza de los niños. Por otra parte, no sé si me implicaré y me complicaré más de lo que antes hacía, pero probablemente no, pues al fin y al cabo, desde el 2 al 30 (me queda aún un día), no me he visto cambiar considerablemente. Pero es que funciono así, ¿y qué esperaba acaso? Es muy difícil realizar un viaje en el que me “encuentre”, pues ya estoy muy bien situado, y moverme de ese punto ni es fácil ni probablemente beneficioso. No me han picado las maras, ni tampoco Dios, ni las ganas de quedarme a vivir en estas condiciones precarias: mi piel queda intacta, encariñada si acaso, más llena, cómo no, pero del mismo grosor.

Y otra vez más, ¿acaso podía ser de otra manera? No hace falta viajar al infierno de los hombres para saber que éste existe. Y yo lo sé de sobra, mucha historia, mucha filosofía, mucha literatura, y la suficiente vida y las suficientes ganas de conocer al ser humano como para empezar a rasgarme las vestiduras, cortarme las venas, hacerme el harakiri, o colgarme del revés, por unas cuantas o muchas constataciones in-situ de lo que es el mal.

Moverme hacia delante sin perder el eje central, eso quería y eso he conseguido. Bien por mí y hasta el fragor del viaje, si acaso te saco, Cuaderno.

29.07.10

29.07.10

Joder, joder y joder, ya pasó prácticamente le mes. La primera semana se hizo larga pero el resto fue rodada, y ahora apenas si queda alguna despedida. De aquí a nada el avión nos reclama, en menos de una semana estoy currando, quizá con casa nueva, y seguro que dándole vueltas a mil cosas y un proyecto. El tiempo ni corre ni vuela, se las pela.

Hoy tocó la semidespedida del Centro de Día, con el baile de “la vaca mu”, sin agua porque estuvo cortada por horas,, con sorbete y bombón (sentí que no era mucho por nuestra parte pero al final parece que tampoco fue poco), y con unas cuantas fotos. Más tarde una semidespedida con Coralia (quizá la veamos antes de marchar, quizá no), y una despedida completa de la hermana Marisa, esa gran monja, mejor, una gran mujer, una muy buena persona.

Espero que el “quizá” salga “sí” y antes de partir volvamos a ver a Coralia, el corazón y la cabeza de este bonito proyecto que parece languidecer poco a poco (tema fondos, tema maras, tema edad), pero que mientras perdure seguro que seguirá forjando sonrisas en los niños más necesitados: aquellos a quienes les robaron la infancia, la inocencia.

Al fin llegó la sorpresa para las niñas de la Casa Albergue; cine más cena en un burger (cadena por nombre Biggest). La película fue uno de los ratos más divertidos que pasé en El Salvador; las niñas disfrutando del cine como locas, muchas de las cuales no habían ido nunca o casi nunca, al mismo tiempo que echaban un Schrek 4 que para ser latino era profundamente divertida. Más tarde la cena, otro gran rato. Con tan poco se puede hacer tanto que no sé cómo no se le cae la cara de vergüenza a los que más tienen por hacer tan poco, o más bien, por impedir que se haga más, mientras ellos además hacen lo peor. Ellos y sin rodeos son el mal; la avaricia, el poder, la corrupción, son su sangre, y su sangre envenena cada rincón de este mundo.

Por fin regresamos a la Casa Albergue, y venga a bailar, y venga a sacar fotos, y al fin, todos a la cama. La despedida última queda para mañana. No lloraré, estoy curtido en despedidas y las lágrimas, ya lo saben, caen más por estupideces que por emociones.

El sábado casi ni tocaré este país ya que a las 7:00 las alas parten rumbo a Miami, y mañana viernes toca recogida, despedidas definitivas y medios tiempos, por lo que hoy fue el adiós a la rutina. Apenas sacudida una rutina, no tardará en empezar otra. De rutina en rutina, y mientras vuelvo a tirar, a disfrutar y a vivir lo más y mejor posible, donde la clave ha de ser lo que entiendo por “más” y por “mejor”. Y cabe decir sin riesgo a equivocarme, que a pesar del dineral que palmé en este viaje, los conceptos los apliqué bien, y cuando quiera reír, sólo tendré que pensar en Areli, en Wendy, en Trinidad, en Rocío, en Verónica, en Katerin, en Maricela, en Conchita y en Ana Gloria, y cómo no, en Toñita. Y faltaría más, en mis chicos y chicas del Centro de Día. Y esa sonrisa me llevará a “más” y a “mejor”.

28.07.10

28.07.10

Como la luz se hizo, en ocasiones se esfuma. Y esa es la razón de que ayer “decidiera” no escribir, la luz dijo basta a las 20:00, y mientras en otros lugares se le responde con un bofetón de plomos hacia arriba, aquí se agacha la cabeza y se dirige uno a la cama acompañado de velas si hay suerte.

En unas horas llegará la reunión, esperemos que no se nos vaya de las manos y que no nos dediquemos a juzgarnos en demasía. Y en unas pocas más, las fiestas, el cine, las despedidas. El avión aguarda tras un mes, y la búsqueda de casa, y la vuelta al curro.

Así las cosas empiezo a preguntarme si la experiencia me ha cambiado, esas cosas que uno hace al expirar un proyecto de este estilo. Pues bien, iba a responder que no, que sigo siendo el mismo, más curtido en dolor ajeno pero sin haberme modificado a mí mismo un ápice. Sin embargo, dando vueltas sobre la incómoda litera en la noche de ayer, concluí algo que si revienta mis parámetros: quiero tener hijos.

La cosa no es tan espectacular, pues siempre he dudado al respecto, pero creo que de aquí me llevo un paso al frente a favor del “sí”. No hay una fuerza mayor en la naturaleza que la de un niño, capaz de tragar y digerir el infierno, para devolverlo en forma de sonrisa. Si eso puede hacerlo con el Dolor Personificado, qué no podrá hacer con una bonita y saludable infancia. Y por qué no decirlo, me apetece formar parte de tal aventura.

El otro punto a destacar es la relación sumamente compleja de Dios con Latinoamérica, y de la corrupción con sus dirigentes. Ambas las conocía, pero al vivirlas en primera plana, se comprende su abismo casi insondable.

La segunda la escuché más que la vi, pero con la primera, pude observar la otra cara de la moneda con respecto a la tradicional Iglesia europea, es decir, el lado bueno, un Dios que en ocasiones sirve para salvar personas al menos aquí en la Tierra. Si las opciones son las maras o Dios, el trauma eterno y vicioso, o la fe, bienvenidas sean las Iglesias y sus seguidores, por mucho que mi piel no sienta las punzadas de Cristo.

También he de decirlo, como conocí a buena gente, profesan “cultos decentes” (qué fue primero, ¿el huevo o la gallina?), pero bien harto salgo de escuchar sobre cultos radicales, oscuros, intransigentes y estúpidos, que dan un calor que abrasan.

En fin, que de todo hay, y más en Latinoamérica (y más aún en concreto en la realidad salvadoreña que es la que he conocido), en la viña del Señor.

El susto del curro llegó vía email explosivo. Está claro que me tenían que dar las vacaciones, y desde luego lo han conseguido. Al parecer yo me daba de baja voluntario por no querer el turno de tarde. Tras llamar a la directora, todo parece solucionado. Eso sí, puedo ir despidiéndome de las noches y diciendo hola a las tardes.