26.07.10

26.07.10

Hoy es de los días en los que más tarde cogeré la litera, pero parece preciso que escriba un tanto.

Tocó la despedida de Roberto, el pastor, y su mujer, Yoli. Comimos bien, nos reímos, charlamos amigablemente (él es desde luego un tipo de admirar y ella un encanto), y al final, nos dedicaron una Biblia que dedicaron personalmente; siguen queriendo que acepte a Jesús pero yo sigo sin abrirle la puerta.

No se trata para mí de creer o no creer de acuerdo a como te vaya la vida, o por lo que la Iglesia haga de bueno o malo. Se trata de que yo no puedo creer porque la cabeza (quizá vanidad pero es lo que hay en mí), me dice que Dios es una construcción humana (puede que buena, puede que mala), pero el punto es el de la ficción, y aunque a mí me encantan, ni las adoro ni las rezo.

Como lunes que era, madrugar costó, más que nada eso sí, por lo poco que dormí. Las visitas fueron un poco fracaso; fui al mesón de Michelle y Carmen pero su madre no estaba, luego fuimos a dos mercados y hablamos con varias madres. Y escuchamos entre tanto la historia de un posible caso para la Fundación sobre una niña de 5 años que se quedó sin padre por asunto de maras, enésima historia al respecto.

Juegos y refuerzo, juegos y refuerzo.

A destacar por la noche que Roberto señaló que el 80% de los niñ@s de El Salvador sufren abusos (físicos, violaciones, verbales). Desde luego es para echarse a temblar.

Doy gracias a mis padres por haberme cuidado; su manera fue buena. Y doy gracias a lo que haya, Dios o Azar, por haberme salvado de una de las peores garras que existen; la del abuso infantil, que te desgarra cuando se es una criatura y de la que resulta muy difícil rehacerse. Gracias también a la fuerza de los niños por crujir en ocasiones esa garra y despedazarla, y en esta línea, gracias a todos los que ayudan a que los niños lo logren. Si en algo contribuí, contribuyo o contribuiré a eso mismo, gracias también a mí.

25.07.10

25.07.10

Voy a hacer un ejercicio de pedantería clásica:

Cronos me indica que en apenas 5 días el Apolo de aquí dejará paso al Fuego de allá. Láquesis (¿era ella la de la cuerdecita?) desmadejó sus hilos a voluntad, y su voluntad fue toda una experiencia (y lo que queda). Baco me espera, he comprobado que no en cualquier lugar, pero que en España no me fallará. Y Zeus ya puede ir sacando su sonajero de truenos para despedirnos, porque estas noches tormentosas, Diana no me las llevará con la misma pasión al otro lado del charco. Ahora me toca ser Hermes y relatar lo vivido hoy; vivir para contar, narrar para vivir.

Lo que sigue intentará ser un ejercicio de concreción:

“La Joya de Cerén” a los ojos de un profano no es tan joya. Las ruinas de San Andrés divirtieron por su verde y sus pelibueys. El Boquerón al fin me mostró la belleza en todo su esplendor de un volcán.

Me cito con los mayas, los pipiles, los nahuathl, y su cultura para futuros viajes por Mesoamérica. Me cito igualmente con los cráteres que se me vayan poniendo delante. Y aquí me cito con mi litera, no para dormir pues serán las 17:00, pero sí para rendir al descanso que merecido o no, a mí me viene por ser domingo y poder permitírmelo.

Dije las 17:00 y que no dormiría, y cuando desperté todavía no era esa hora. Vuelvo a las 21:00 ahora precisas, para decir que “Lo prohibido”, que me acompañó hasta hace unos instantes, ha concluido. Ha sido extraño traer al Madrid de Galdós hasta aquí, pero fue interesante, duro por momentos con tanto desamor y deshonor, y brillante siempre aunque el estilo y tanto naturalismo no me apasione.

Hoy cené “casamiento”, ¿adivinen? Frijoles con arroz. Esa comida que me iba a acompañar hasta el hartazgo y que sin embargo hoy tomé por primera vez. Y eso después de que comiera en el restaurante “El Volcán”, allá a las puertas el Boquerón. ¡Y qué comida!, alzándose con el primer puesto del ranking con un lomito en salsa de miel y tamarindo, acompañado de yuca.

24.07.10

24.07.10

Parece que este trío inusitado de convivencia llegará al final del trayecto sin rasgarse las vestiduras ni la piel. Los tres encontramos tensiones pero a estas alturas de gran hermano es lógico, y bueno es que sepamos llevarlas.

Y para llevarlas nada mejor que un sábado conociendo las joyas del país.

La primera que hemos conocido fueron Las ruinas de Tazumal, una construcción piramidal pipil o nahuathl, esto es, una rama de los mayas que se asentaron en El Salvador. No es tan espectacular como otras ruinas vistas en fotos y vídeos, pero dignas de ver en cualquier caso.

Luego tocó Santa Ana, con su catedral colonial y su teatro y su fiesta, pues coincidimos con su patrona, razón por la cual la gente se había lanzado a las calles. Como resultado de lo anterior, unas calles atestadas de gente y tres libros a la buchaca que no pude resistir… Pero lo mejor de Santa Ana fue la comida, Roberto, el pastor, nos había recomendado “El Patio”, un restaurante a las afueras, y nos ha servido para degustar una estupenda comida y para invitar a comer a don Ovidio, nuestro sempiterno y atentísimo taxista de estas aventuras. Por cierto, me zampé un churrasco riquísimo, previo consomé (por partida de doble) de res.

Tocaba ahora ver la panorámica del lago Coatepeque, según algunos uno de los 10 lagos más bonitos del mundo. No conozco muchos, pero éste era precioso. Tras verlo desde arriba tocaba ponernos a la par del volcán Izalco, con una vista al parecer impresionante. Pues bien, después de un buen tramo de subida, el coche-taxi dijo basta y el resto del día se nubló según lo previsto.

Sin embargo, en esos momentos en los que el coche decía quizá tiro, quizá os deje tirados (salió primero canto y luego cruz), yo me fundí por momentos en el bello paisaje de bosques, maizales y cafetales, con mi cámara en mano, respirando paz y buscando diversos bichos por los márgenes de una carretera brutal y hermosa.

Luego de la aventura del taxi estropeado y tras que nos recogiera Evelyn (la hija de Ovidio y segunda y última taxista nuestra) con su hija, y puesto que no pudimos seguir con el plan por estar este cerrado, fuimos a “La boca del Diablo”. Estuvo bonito, y nos acompañó una neblina que allí es clásica y que dio un toque interesante.

El caso es que mañana continuamos con la ruta que a medias quedó hoy, sin subir a Izalco eso sí, quizá lo que más me hubiera gustado (y sinceramente, no me veo volviendo otro año para zanjar esta deuda). Pero fue un buen día, y don Ovidio es un buen hombre aunque con una camioneta taxi regular, y qué coño, disfruté como un enano de ese paisaje que desborda e inunda de verde hasta la sangre, olvidando uno que es carne, para donarse con ternura a una naturaleza que como me descuide en exceso, un día me devorará.

23.07.10

23.07.10

Lo que peor empiezo a llevar es la sensación de cárcel que recorre el país. Al margen del taxi que nos lleva al turismo, de los 100 metros que van de la Casa Albergue al Centro de Día, y de los paseos hasta la Despensa Familiar e internet, hay poco más. Me apetece, y mucho, perderme por cualquier calle (y sé que tengo que esperar a España), soltarme la melena, deambular, y echar a correr con mis cascos y sin preocupaciones.

Para compensar escribiré un microrrelato:

Cuando el carcelero abrió la celda me desperecé, ambos sabíamos que había llegado el día y él no pudo sino poner un tono de letanía y pena a sus palabras, ¿cuál es tu última voluntad?

Ellos siempre me advirtieron que moriría diabético, indigestado, atragantado o vomitando. Ante la certeza de que se equivocaban, sonreí y dije, Trae por favor un kilo de azúcar y una cuchara, gracias.

Reconozco que tras el incidente que aún me deja vivir, siento una gran molestia ante la idea de que ellos todavía puedan llevar razón. Y quizá es verdad que les debo a ustedes una explicación. Pero también es cierto que eso puede esperar frente a la opción que se me presenta delante en forma de sabrosa azúcar. Así que habrán de esperar.

Definitivamente echaré de menos a estos mocosos, o hablando con propiedad, a estos cipotes y cipotas. Aunque también es cierto que me apetece y mucho volver a mis espacios y a mi libertad individual; el gran hermano empieza a pasarme factura y deslastrarme de ellas –y aún más ellas de mí- comienza a convertirse en prioridad.

Hoy con Carlitos improvisé unas tablas de multiplicar de lo más peculiares: incapaz de estarse quieto, salimos al patio y mientras dábamos vueltas en derredor, le preguntaba la del 3 y la del 4 y la del 5 y la del 6. El lunes toca al menos la del 7, y si método es el mismo, a él quizá le engañe pues le gustará y conseguiré que las diga, pero a mí, con toda seguridad, me encantará.

22.07.10

22.07.10

Supongo que siempre estaré presto a que las cicatrices vuelvan a sangrar…

Hoy pudo ser un día interesante. Veremos cuanto. Quiero decir, hoy hablé con un periodista español que desde allí llamó a la F. para informarse sobre nosotros y nuestras actividades; hablé y conté. Di también el email y si me escribiera… [puedo decir algo menos de un mes más tarde que no lo hizo].

Con los niños estuve poco y me dio rabia…

… descubrí que Coralia raya un progresismo fuera de lo común. No se escandaliza con el preservativo, y reconoce sin problemas que al margen de la fe se puede ser buena y buenísima persona, llegando a poner de ejemplo, si no recuerdo mal, al fundador del FPLN.

20.07.10

20.07.10

Ayer me dieron una disertación sobre los cuatro tipos de iglesia que hay aquí y tuve la desfachatez de no apuntarlo. Fue Rocío, a sus 14 años, y más o menos dijo así:

La 1ª es la Iglesia Católica tradicional. La 2ª sería la Evangélica, donde te dan un discurso muy bueno y muy bonito para que al final les pagues. La 3ª sería aquella por la que no puedes hacer nada, todo es pecado y si acaso y a veces te permiten respirar. La 4ª sería donde ella asiste, aquella en la que se ponen del lado del pobre, y si se tiene algo se comparte con quien no lo tiene. Le pregunté si era la teología de la liberación y me dijo que sí. A destacar la 2 y la 3 y por supuesto sus 14 años.

En cuanto a hoy, viví otra foto que fue una pena perder. Fuimos una de las compañeras, la hermana Marisa y yo (la otra compañera decidió no venir y parecíamos un chiste –la rubia, la monja y el coleta van por la mitad de El Salvador y…) a visitar unas familias y un colegio, y en una casa, una niña se puso a jugar con unos tapones de fanta y un tablero viejísimo, grande, sucio y ajado, a las damas. Esa niña, jugando a ese juego, en esas condiciones en las que se encontraba la casa, en el suelo y a la entrada, no tenía precio y sí mucho arte. No hubo foto pero jugué con ellos (luego se unió un hermano) unos minutos. Fue precioso y una pena que durase tan poco, pero había que irse.

En cuanto al colegio, me enteré que el gobierno ha puesto en marcha dos programas, uno de uniforme gratuito por el que no hay rivalidades ni distinciones; funciona más o menos bien. Y el otro de refrigerio, por el que todos los chicos pueden llevarse un bocado al coleto por asistir a clase, el único que algunos podrán dar, y para muchos, el mejor. Desde luego, no son malos programas.

Como tercer punto destacaré que hoy se terminó de conformar la actuación con A., la última chica en llegar y a la que al parecer le persigue la mara…

… el miedo es libre, pero la conciencia cuesta mucho esfuerzo como para que vaya derrochándola por las esquinas cagadito de miedo.

Renuncié a Nueva Trinidad, es decir, a lo rural, a “la selva”. Mis compañeras dijeron “no” y me ha tocado tragar, la puta dictadura de la democracia. Espero que al menos las alternativas merezcan la pena.

21.07.10

21.07.10

Diez días para el despegue, el tiempo inexorable marca su camino sin dilación posible.

Pensé que ya no vería casa más pobre que la “corral” o la del cementerio, o la de Evelyn, pero la “casa” de Vanesa las ganó a todas. El hecho de no haber entrado me dio un tono menor de impresión que ahora echo de menos, algo así como si no le hubiera tomado bien la temperatura. Pero no fue o no es difícil apuntar que la vivienda carece de toda condición de salubridad y casi hasta de habitabilidad si no fuera por el hecho palpable de que se habita. Está construida de pura chapa de principio a fin, sobre varios desniveles, rayando entre el negro y el oxidado por igual, y faltando espacio por donde se mire. Y allí viven un puñado de personas, y de allí sale cada día Vanesa, muy apañada y bien compuesta, y allí se cuece un buen caldo de cultivo de mareros como es bien lógico.

Los niños y niñas de nuevo me vaciaron toda la paciencia y la imaginación que llevo encima, pero me doy a gusto y realmente voy a echar de menos a personajillos como Cristian, Carlitos, Kevin Alfonso, William, Jesús…, y por supuesto a Evelyn, Lupita, Sara, Wendy…, y faltaría más, a todas las chicas de la Casa Albergue. Todos y cada uno de ellos justifican cada paso que he dado para llegar hasta aquí, y ellos serán los que hará difícil que dé marcha atrás para volver a casa.

19.07.10

19.07.10

Según se mire la vuelta al lunes fue bien tranquila o bien fregada. Empezó como lo segundo y luego discurrió suave. Resulta que A. contó que este fin de semana los mareros quisieron acabar con una amiga de su hermana, y disparándola, alcanzaron a su hijo de siete años que ahora se debate entre la vida y la muerte. Por si fuera poco, al parecer ahora la buscan a ella y a su hermana. Y ya tenemos el pitote por tema de seguridad, miedos y acojones varios y lógicos.

Lo de este país y las maras es de psiquiatra. Ya podía bajar Dios a ras de tierra y aventarlos de una vez y para siempre hasta donde se pudrieran a gusto, pues por aquí rezan tanto al Señor, que algo podía hacer por la gente pobre.

17.07.10

17.07.10

Saberlo no quita de sufrirlos: los sentimientos regresan sin previo aviso.

Al margen de nostálgicas anotaciones, diré que esta ciudad de abolengo colonial, es una preciosidad. Está bien cuidada, el turismo se funde equilibradamente con la población local, y si uno se aburre sólo debe levantar la vista para contemplar el círculo de montañas rasgadas de nubes que rodean La Antigua. Una pena que no vaya a pisar ninguno de sus picos frondosos y tropicales. Otro bosque que se me escapa.

No es justo comparar, pero Guatemala sigue goleando a El Salvador en cuanto a país, por lo que mi proyecto en F.A. se revitaliza. Vine a ayudar en un núcleo de pobreza, y en eso El Salvador gana de goleada a Guatemala, si bien no se me va de la cabeza que hace apenas dos días leí en 20 Minutos que este país copa el quinto lugar del ranking en cuanto a desnutrición infantil. No está siendo mi impresión, pero de nuevo diré que mi conocimiento del país está siendo superficial hasta decir basta [días más tarde puedo afirmar que efectivamente todo eran impresiones falsas ya que Guate tiene mayor pobreza que El Salvador].

Pocas horas más tarde de disfrutar del paseo diurno de La Antigua, visité el hotel “Santo Domingo”, por recomendación de nuestra coordinadora en España. No esperaba algo excepcional, pero resultó ser un antiguo convento español que caída la noche, se ilumina casi en su totalidad con velas, y el resultado y la belleza de las “ruinas” sí que resultan impresionantes.

Escribiré aún que tuve la mejor comida (en realidad cena), de todas cuantas he tenido estos 17 días, pedí estofado de pelibuey; según el camarero carne entre el cordero y el cabrito, para mí, carne riquísima a secas.

16.07.10

16.07.10

Ayer fue uno de los días más interesantes desde que estoy aquí y sin embargo, el primero si no me falla la memoria, en el que no escribí nada. La razón es simple, no estuve en casa hasta casi las diez de la noche y en lugar de estar acompañado por la tormenta de turno, me acompañó una tormentilla y un dolorón de cabeza incompatible con la escritura. Pero vamos hoy a por ayer.

Sintéticamente digamos que empecé en un cementerio y acabé al lado de una langosta, que empecé con la fe más ignorante y acabé con una muy elaborada.

Ahora no seré breve.

Iniciamos el día con otra visita familiar, esta vez a la casa de las primas Sara y Katty, y que resulta que viven en otro municipio, por lo que nos tocó andar bastante, ¡y en un cementerio!

Si no fuera porque… qué narices, el cementerio era para echarse a reír, al menos si uno viste mi negra piel. Resulta que al llegar nos topamos con lo que llamé el “cementerio de juguete”; las crucetas o cruces eran de colores llamativos, ahora un morado, aquí un naranja, allí un amarillo, y además parecían de golosina. Si no las mordí es porque aún conservo un poco de decoro. Por si fuera poco, estaban “documentadas” con rotri (al menos no vi tipex ni tachaduras de nombres y fechas). Por último, para llegar a la casa había que seguir un camino que consistía en inventárselo por encima de aquellas tumbas.

Tras el camino, Rambo, un pastor alemán de muchas pulgas y más dientes, eso sí, convenientemente atado. Y al fin, la casa. Bueno, si una casa es donde hay un ladrillo aquélla lo era porque tenía unos cuantos, por muy mal puestos que estuvieran, por mucho que reinara la chapa y la madera, y por más que apenas se sostuviera sobre un barranquillo y se columpiara cerca de un precipio.

Como me ocurrió hace dos días, lo más interesante aún no había llegado, ya que todavía nos faltaba la historia personal, la de la abuela de las chicas que era quien las había criado con la ayuda de algunos tíos, ninguno mayor que yo.

Esta vez no es una historia para llorar como la de la niña parapléjica, esta vez es para reír, o algo parecido. La abuela comenzó a decirnos tras la pregunta de la trabajadora social, que ya se encontraba mejor, que había tenido “un agujero en el corazón y que era cáncer, pero que en su iglesia estaban haciendo oraciones por ella, que una profetisa había hablado con Dios y éste le había dicho que tenía cáncer pero no del terminal, y que se curaría.” Así las cosas ella ya estaba mucho mejor, algo que por otra parte no dudo por la capacidad que tenemos de psicomatizar.

Ante la esperpéntica disertación sobre el cáncer que recibimos, yo escuché y callé, si bien una de mis compañeras se puso algo negra y quiso explicarle a la anciana alguna cosa sobre el cáncer, por suerte fueron pocas, porque sinceramente, en estos casos, ¿de qué sirve meterse en fregados que no conducen a ningún lado? El caso es que nos fuimos de allí impresionados por las condiciones de vida que pueden llegar a darse, y por las cosas en las que se puede llegar a creer.

Doce horas más tarde, quizá algunas menos, nació otra historia a raíz de esa visita que catapultó mi humor negro. Seré rápido. Hablábamos de que era una pena no hacer fotos de estas historias y de estos lugares, pero que no era plan, dije, el ir haciendo fotos, y que sólo faltaba que le comentáramos a la abuela que posara para la foto y dijera “¡Cáncer!”, como quien dice “patata”. Bueno, pues la gracia debió ser muy ocurrente porque para una de mis compañeras se convirtió ipso facto en una de las anécdotas del viaje.

El día fue transcurriendo con su rutina de niños donde lo más destacable fue enterarme que Mejicanos no es el municipio más pobre de San Salvador, sino sólo uno de ellos.

Y así llegamos a la tarde y a nuestra quedada con el pastor Roberto. Estábamos citados para las 17:15 en una de las zonas más lujosas de la capital, La Gran Vía, un recito que me recordó a Europa, a Alemania de nuevo, y más a Bayern que a otras zonas.

Llegaron a las 17:45, con justificación. En ese impás, mis compañeras entraron en Zara, nació la coña de ¡Cáncer!, y nos preguntamos cuantas personas de la iglesia evangelista aparecerían. Al final sólo fueron dos, el pastor y su mujer, Yoli. La feliz pareja llegaban con la intención, no me enteré hasta unos minutos antes, ¡de reconvertirnos a la fe! Resulta que cuando mi compañera conoció en el avión al pastor, hicieron un trato, si nosotros asistíamos al culto, él se comprometía a una cena donde nos convencería de Cristo. Ahí es nada.

Continúo la historia mucho más tarde y mucho más lejos, y no sólo porque esté en otra ciudad a San Salvador, Antigua, y en otro país, Guatemala, sino sobre todo porque ocupo ahora no la silla pupitre de la Casa Albergue, sino un sillón aterciopelado en un hotel de 4 estrellas. Pero sigamos.

El caso es que la velada fue agradable, fuimos de nuevo hasta el Pacífico y allí comí un buen “cerviche” y pescado, aunque claro, mi educación y la sospecha de que pagarían ellos (si hubiera pagado yo creo que tampoco), me impidieron pedir langosta a 20 dólares, algo que sí hizo la mujer del pastor. Pero al turrón de la conversión aunque sea breve. Entraron en el tema con cuidado, no querían asustarnos. Pero nosotros no queríamos bromas y nos posicionamos enseguida. No fue sin embargo una gran lucha, hubo mucha cortesía y mucha educación. ¡Y por momentos me sentí marginado! El tal Roberto tenía por propósito a mi compañera y yo parecía objetivo menor y si acaso lo era. Acabamos donde empezamos, todos en su sitio y amigos, y no es poco, apenas hubo batalla teológica, y nada sobre cuestionar la Biblia.

Las horas me han castigado, quizá hace unas cuantas hubiera escrito más, pero aquí y ahora es lo que hay.

GUATEMALA

País y capital comparten nombre. Por lo visto hasta ahora se parece poco a El Salvador. Su orografía es espectacular y sus bosques tropicales acosas la carretera a ambos lados. Llegar a la capital es además un registro distinto a San Salvador pues se ve mejores infraestructuras y menos pobreza (esto es al menos la primera impresión, por otra parte el tiempo no dará para muchas más, y siempre desde la óptica de un viaje de turismo frente al de cooperante que realizo en San Salvador).

Al llegar al hotel donde haríamos el traslado para Antigua conocimos a un tipo que resultó ser vicedecano de una universidad de aquí, y si le dejamos nos pone casa y trabajo en el país…

Y ahora aquí estoy, con una buena cerveza, la mejor en este país, de nombre Gallo, y amarga como a veces apetece tomar la cerveza.

Para acabar, el inicio de un relato que quizá no escriba nunca, pero basado o al menos inspirado en hechos reales. Reales y míos: