Ampliación del campo de batalla, Michel Houellebecq

¿Hacia dónde va la novela? Esta pregunta que me hicieron, cuando yo trataba de explicar de qué iba el libro, me atravesó como un bisturí que te deja las profundidades de la carne al desnudo. No tenía ni idea, o al menos no mucha. El protagonista es un informático bastante antisocial (nada raro de acuerdo a los cánones del tópico), que aparte de su pasión por la lectura y de escribir fábulas éticas (aquí ya estamos fuera del lugar común para entrar en terreno extraño), parece tener ganas de que estalle el Sol y todo se vaya a la mierda. Contemplamos su hastío a lo largo de las páginas, y lo hacemos de la mano de un anecdotario que tira hacia lo desagradable.

Es en la vorágine de sus rutinas anodinas y amargas como conoce a uno de sus compañeros de trabajo y, al describirlo por otras cuantas páginas, saltó en mí la idea de que Houellebecq ponía en marcha un recurso narrativo que ya le encontré en otras novelas, la de poner junto a su protagonista antipático y desagradable, otro personaje mucho más desagradable, de modo que por contraste, al lector el primero le resulte más llevadero. Sin embargo me equivoqué y llegamos así al episodio que tal vez justifica por sí solo la novela y el tiempo que se pasa con ella.

Hacia el final de la segunda parte (la obra es corta y tiene tres) ya sí podemos decir ante lo que estamos: un psicópata al descubierto, un enfermo mental muy listo al borde de su crisis violenta, un hijo de puta en toda regla, que a diferencia de otros muchos hijos de puta, no sabe qué hacer con su hijoputismo. En fin, se podría hablar de vacío existencial, pero lo anterior me parece más preciso. Houellebecq, sin embargo se muestra optimista, y su personaje fracasa también en su manipulación psicopática hacia su compañero de trabajo. Por los pelos y no sin consecuencias. Al final, el pobre secundario da mucha pena, sin dejar de dar grima.

El resto de la novela no alcanza ese cénit prematuro y me genera la sensación que luego he corroborado por internet; estaba ante una de sus primeras obras, aunque el francés ya daba muestras de lo que estaba por llegar. Efectivamente y si Wikipedia es precisa, Ampliación del campo de batalla es su primera novela, publicada en 1994 cuando su autor contaba con 38 años. Con Ampliación ya puso en práctica el lema que tanto le ha caracterizado, encontrar las llagas de la sociedad y retorcer el dedo en ellas, lo más fuerte y profundo de lo que es capaz. Y aseguro que es muy capaz.

Algunas de las reflexiones que el protagonista amargado de su tiempo y de su sociedad lleva a cabo, son brillantes (recogeré brevemente dos, la idea de que “el hombre es un adolescente disminuido”, es decir, en la adolescencia alcanzamos nuestra plenitud y todo lo que sucede después es una lenta agonía; la otra, la que da precisamente pie al título del libro, apunta que el liberalismo amplía el campo de batalla de las personas, con este sistema deben luchar por todo y en todo momento, sin edad, sin tregua y sin cuartel unos contra otros), y puedes o no compartirlas (yo por ejemplo creo que el campo de batalla no se debe al liberalismo, sino a algo un poco mayor, la vida), pero quedan ahí para que las mastiques, con calma, si no quieres atragantarte. De hecho, resultará difícil que no te entren ganas de echar a correr, pero ahí surge el último de los problemas que se plantea Houellebecq en su personaje, ¿hacia dónde se puede huir, acaso hacia la profundidad del bosque?

Julio 2018


 

El beso a primera vista, supongo

La única fantasía sexual que me falta por cumplir es enamorarme. Supongo que por eso no llevo ropa interior bajo el vestido rojo. Supongo que por eso voy a su encuentro en la Plaza. Supongo que no va a funcionar, pero eso nunca me detuvo.

El taxista me mira excitado sin demasiado disimulo a través del espejo retrovisor. A mis treinta y nueve años todavía soy capaz de provocar un accidente. «La belleza será tu maldición como lo fue la mía». Esa es la sentencia que mi madre me repitió hasta su muerte.

Mi madre tenía la mitad de años que mi padre cuando se conocieron, por eso tal vez estoy aquí y ahora; yo tengo más del doble de años que mi amante. Lo cierto es que le confesé mi edad y no se asustó. Lo que no sabe es que soy rica, supongo que ese detalle sí habría sido un problema de verdad.

Mientras me retoco el maquillaje el taxista se vuelve descarado, pero le ignoro y pienso en mi cita, en su ternura espontánea cuando hemos cambiado whatsapps, en su pretenciosa fe adolescente, en su ingenuidad excitante.

Me gustó su atrevida pero cándida propuesta; en mitad de la Plaza cuando y donde más gente hubiera, sin habernos visto antes más que en un par de fotos borrosas, sin ropa interior… Entonces llegaría el abrazo y el beso tórrido. Lo del beso a primera vista me terminó de convencer, supongo.

Hace mucho tiempo que no tengo nada tórrido y no será por falta de escenas. Pobre taxista, si supiera con cuantos he follado y lo lejos que está de tener suerte por más que me mire así. Frente a la maldición que me preconizó mi madre por ser bella, preferí hacer caso a la advertencia de mi padre: «La moral es un cuento y hay cuentos buenos y cuentos pésimos». Los príncipes, por ejemplo, me acosté con varios y nunca tienen sangre azul. Los lobos, por ejemplo, bajo su aparente ferocidad suele haber ternura. Los finales felices, por ejemplo, eso sí que son un cuento.

Bajo del taxi cerca de la Plaza. Mientras taconeo al encuentro supongo que ya habrá llegado junto a la estatua. Me prometió encaramarse al oso y acabar detenida si al final no me presentaba. Sabe hacerme reír y bien sé que para morbo la inteligencia y el sentido del humor.

La veo al pie de la estatua, me ve, nos reconocemos sin dificultad a pesar de la marabunta de gente. Nos sonreímos y nos damos prisa en acabar con la distancia. Ya le dije que podía ser cruel y cuando llega el momento le niego el beso en los labios y le doy uno en la mejilla, muy casto. Tiene unos ojos bonitos y un cuerpo que estoy deseando recorrer. «El beso ha sido todavía mejor de lo esperado», me dice ella muy segura. Siento que es un buen principio para cumplir mi fantasía sexual.


 

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Cáscara de nuez, Ian McEwan

Desde que Homero enseñó el camino de la literatura con La Ilíada y La Odisea, los límites de la narrativa parecen claros, pero nunca lo están, o mejor, el límite es que apenas hay límites. Borges acotó el tema perfectamente bajo la frase “ningún personaje es imposible”. Los dioses pululan con Homero, el loco más cuerdo que todos los cuerdos de su época (y desde luego que la nuestra), campa en busca de gigantes por los campos de Castilla, y un feto es el narrador y protagonista de Cáscara de nuez.

De acuerdo, Ian McEwan parte de una premisa arriesgada, sorprendente, genial y con ello ya tiene buenos mimbres para que su novela eche a andar, sin embargo, ¿cumple con el resto de las expectativas? ¿Sus personajes merecen la pena? ¿La trama tiende su tela de araña de manera irremediable? ¿El estilo y el ritmo están a la altura? Desde mi punto de vista concedo un sí generalizado, más bien concedo un bravo. El conjunto está a la altura y Shakespeare, actualizado, tiene mucho que ver en ello.

Lo que se nos sirve es un escenario moderno en unas intrigas tan añejas como el ser humano; amor, desamor, celos, odio, traición y por supuesto el fantasma de la muerte royendo la esperanza. Pero eso sí, al modo posmoderno, nada de grandes fanfarrias, nada de reinos y coronas en lucha, la única gloria en todo caso que se persigue aquí, es la de la poesía por parte de John, el padre cornudo del protagonista no nato. Pobre John, antes, durante y después del drama.

Menos mal que nuestro feto viene bien pertrechado gracias a los podcast que su madre usa compulsivamente para poder dormir (es lógico la dificultad de la madre, el remordimiento y la culpa son una carga muy pesada) y que le enseñarán tanto al narrador. Y menos mal que nosotros encontraremos entre las doscientas páginas (ni siquiera llegan), tanta ironía, reflexión y humor, que nos será muy difícil no querer tragarnos por completo el veneno del drama al que asistimos.

Un drama por cierto opresivo. Apenas respiramos un solo gramo de aire freso fuera de la ruinosa mansión familiar que engendra la acción. Y lo poco que se respira fuera de ella, se sabe que no va a traer precisamente aire limpio. Así que nos quedamos encantados en la casa, contemplando cómo la ruina tiende a desmoronarse, no a relucir, a pesar de nuestras ilusas ficciones. Maldita y obcecada realidad, que al final siempre se impone. ¡Incluso hay que nacer para empezar a morir!

Julio 2018


 

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Doctor Pasavento, Enrique Vila-Matas

Cuando leo a Enrique Vila-Matas sé que voy a sonreír, sé que voy a viajar por los límites de la propia literatura, que me espera una experiencia donde abismo y salvación se darán la mano de manera incansable una y otra y otra vez. Docotor Pasavento desde luego no ha sido una excepción. Y solo debería dar las gracias y callarme. Pero me permitiré ir más allá de lo que debo.

Llego a esta novela tarde, pero salgo feliz. Su voz inconfundible trufada de mezcla de estilos y de metaliteratura, sencillamente abre caminos nuevos tras cada frase, cuando la tendencia de la mayoría de escritores es justo la contraria, cerrar el mundo con cada párrafo. Digo que llego tarde porque a pocos autores he leído tanto y con tanto interés, digo que salgo feliz porque a pesar de no poder obtener ya la impresión que me causara en su día El mal de Montanto, la primera obra suya que degusté, sigo prendado de su inventiva.

En esta ocasión el protagonista es un escritor que ha triunfado, condición sine qua non para dar su siguiente paso: desaparecer. O pretenderlo. Más o menos. Con este leit motiv, recorreremos por un lado junto al héroe de estas páginas, el mundo físico, en especial una calle de París plagada de historia y de coincidencias y, el sanatorio mental suizo donde se recluyó Robert Walser por varias décadas hasta el día de su muerte. Y por otro, el mundo literario, donde sobre todo el mencionado Walser, pero también Kafka, Emmanuel Bove (a quien por otra parte desconocía) y otros muchos escritores, tendrán cabida en las reflexiones y giros de su protagonista. Un protagonista que estará en permanente tensión entre ese querer desaparecer y un contradictorio sentirse frustrado, porque precisamente nadie se preocupa ni se acuerda de él.

Regodeados en la contradicción, avanzamos. El protagonista, Pasavento, que empieza modificando su profesión, de escritor a doctor, en la búsqueda de una mejor aniquilación de su rastro, acabará rodeado de pasados mal gestionados, con más padres y madres y profesiones y amores de los que debería, para conseguir su obsesivo objetivo. ¿Lo logrará? Lean y juzguen ustedes. Y disfruten por el camino, que de eso se trata.

No he podido resistirme y transcribo una página del libro, tan variada, tan rica de matices, tan envidiable:

“…Si lo pensamos bien ‒nos dice Philip Roth‒, veremos que en todas sus novelas Kafka traza la siguiente crónica: alguien es educado para aceptar que todo aquello que le parece absolutamente injusto y fuera de lugar (además de ridículo y muy por debajo de su dignidad) es de hecho lo que realmente le está sucediendo. Dicho de otro modo, esto que está por debajo de nuestra dignidad resulta ser nuestro destino.

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He pasado el día pensando en mi hija Nora. En realidad, nunca pude acostumbrarme a la idea de su muerte. En realidad Nora ha sido desde entonces el eje central de mi vida atormentada. Aunque silenciosamente, su muerte fue la que más contribuyó a mi alejamiento del mundo. Nora, pobre criatura de quince años, niña todavía, niña de llanto desgarrador en las últimas horas de su vida, niña agresiva que en ese último día clavaba las uñas en la cara de su odiada madre a la que culpaba de todo, niña de gemidos inhumanos. Dejó el recuerdo de aquel efecto inolvidable, terrorífico, devastador de la droga. Horas finales en el infierno. Un patético adiós a aquellos ojos de brillo verdoso y cegador, a aquel cuello largo y pálido. Niña de quince años muerta. Un coche fúnebre en el funeral. Y Gustav Mahler con sus Canciones para los niños muertos. «El sol sigue brillando en todas partes…» Die Sonne, sie scheinet allgemein… El peor día de mi vida. Nadie sabía la dirección del cementerio.

24

Fue el día de octubre en el que dieron el Nobel de Literatura a Elfriede Jelinek. Por la tarde, en la tertulia me…”

Julio 2018


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Fascinación, Don Delillo

Don Delillo era la última pata que me faltaba por leer de la terna Thomas Pynchon, D.F. Wallace y el mencionado Delillo, y como en buena medida me pasó con Pynchon, esperaba más. Se supone, si la memoria no me falla, que Wallace ha sido el discípulo de los otros dos y que a veces incluso se le ha llamado un mal imitador. Sin embargo, y tal vez porque de este último he leído sus mejores obras y de los otros dos tan solo piezas pequeñas (Fascinación, de la que ahora hablaré, y La subasta del lote 49, que me dejó tibio y por momentos confuso), Wallace me parece el mejor de los tres. Con diferencia. Con mucha diferencia.

Fascinación creo que es una obra aceptable, pero espero que menor, de un escritor que está considerado como un tótem literario de nuestros días, uno de los imprescindibles. Y hay pocos. Sinceramente, esperaba encontrarme algo así como el puñetazo maravilloso que en su día me dio, al descubrirle, el recientemente fallecido Philip Roth. Hasta compartían el hecho de no tener un Nobel. Roth ya nunca podrá alcanzarlo, para desdoro eterno de la Academia.

Pero vayamos al lío, Fascinación tenía que haber sido mejor, por lo que esperaba del autor, ya está redicho, y también por la trama y sus personajes. Resulta que tras muchos años de volar como rumor, reaparece una película donde el mismo Hitler es el protagonista, y no será una película más, sino una supuesta orgía del dictador protagonizada con su imperio agonizante, más o menos como estaba él en aquellos días, encerrado en su búnker, a la espera del hundimiento final. El conocimiento de la cinta se moverá en la clandestinidad en unos Estados Unidos de los 70 o de los 80 (reconozco que nunca lo tuve claro), donde la prensa, o más bien dos mujeres periodistas de una revistilla cultural de baja estofa, un marchantes de arte (especializado en el mundo del sexo) y un lío de organizaciones gubernamentales de segunda fila, harán todo lo posible por hacerse con la cinta y ver qué hay de verdad en lo que se dice.

Personajes hay muchos, y Selvy, una especie de James Bond con toques existencialistas, es uno de los más interesantes. Su viaje final a ninguna parte, pero cargado de significado personal para él, da entre lástima y qué pensar, que no es poco. Junto a él, Molly, será la otra gran protagonista de la novela. Aunque tengo la sensación que se diluye al final, la protagonista quiero decir.

Relajaré aquí mi tono: el libro me gustó en bastantes momentos. No deja de ser una novela de espionaje, de acción, de traiciones, interesante, que sin embargo deja atrás casi cualquier fuerza de estilo (para mí sin duda un punto negativo) e incluso de temas. De estos últimos algunos sí aparecen que se pueden encuadrar dentro del contexto posmoderno.

Seré ahora un poco agrio: si el leitmotiv es el de que la verdad decepciona, por un lado lo consigue, porque al menos a mí Fascinación me ha decepcionado. Pero por otro, siempre elijo la decepción a la mentira. Por último, creo que lo que contiene al final la película que todos buscan y que nadie ha visto, me ha merecido cuanto menos la lectura de la novela y elaborar esta crítica atropellada. Así que, si alguien está interesado en hacerse con ella, no me hagáis caso y a juzgar por vosotros mismos. Yo por mi parte, espero darle otra oportunidad a Delillo sin demorarme demasiado. Admito sugerencias, faltaría más.

Junio 2018


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HHhH, Laurent Binet

Llegué a esta novela como llego a muchas de mis últimas lecturas, gracias al taller de lectura y escritura donde participo, Habitación13, y después de una charla de los miembros del taller con la escritora Aranzazu de Isusi, que vino a diseccionar con nosotros su maravilloso libro de relatos, Benditas luciérnagas. Al finalizar tocó poner la tarea para la próxima sesión y nos apeteció algo de metaliteratura, salió como referencia El loro de Flaubert, de Julian Barnes (que tanto me fascinó hace menos de un año) y no supimos decir que no.

HHhH cuenta uno de los episodios más apasionantes de la II Guerra Mundial (no diré trágicos, porque esa guerra de la que hemos aprendido menos de lo que deberíamos, está plagada de hechos terribles y no tiene sentido hacer escalas al respecto), protagonizado especialmente por dos soldados paracaidistas de la resistencia checoslovaca y por el dirigente nazi Heydrich Reinhard, que sufriría en 1942 y en Praga, donde ejercía su poder con puño sanguinolento, un atentado a manos de aquellos, que si bien no cambió el rumbo de la Historia (los nazis ya habían cometido demasiados errores para tener posibilidades reales de ganar la guerra), sí que la agitó todavía más, con terribles consecuencias especialmente para el pueblo checo.

Sin embargo, habrá otro protagonista principal en esta historia, y este por momentos me enerva: el propio escritor. Laurent Binet recreará, mientras nos va relatando la historia principal, su propio proceso vital y creativo (podemos decir sin ambages que su obsesión), por este episodio histórico. El problema para mí no está en su estilo, posee una prosa limpia y eficaz, ni en las reflexiones metaliterarias, interesantes e incluso con giros cargados de fuerza, sino en el uso y abuso de él mismo como personaje. Por ejemplo, durante las primeras cincuenta páginas, su pulso personal lo pone casi a la altura del pulso de los hechos narrados. Y por ejemplo, en las últimas líneas, después de una despedida dura y emotiva, tampoco es capaz de prescindir en cierta manera de su ego.

Hecha mi objeción, quiero dejar claro que lo que se cuenta es tan apasionante, y que Laurent Binet lo cuenta de una manera tan acertada (hay que reconocerle un enorme mérito y un futuro brillante, la novela ganó el prestigioso premio Goncourt de primera novela, que escribirá, calculo, con algo menos de 35 años), que recomiendo sin duda alguna su lectura, a poco que como lector seas capaz de mirar al horror a la cara.

La Historia de la Humanidad es dura y aquí tenemos una buena muestra de esa dureza, pero creo que mirando de frente a lo peor de lo que somos capaces, es como descubrimos también nuestra capacidad para lo mejor. Como bien supieron los griegos, a pesar del maravilloso cosmos que tenemos sobre nuestras cabezas, nada hay más apasionante y misterioso que el ser humano. Y la II Guerra Mundial es uno de nuestros ejemplos más extremos.

Junio 2018


 

LAURENT BINET. HHHH. SEIX BARRAL BOOKET (Libros de Segunda Mano (posteriores a 1936) - Literatura - Narrativa - Otros)

Amor de museo

Yo creía estar en mi otoño con apenas veinticuatro años. Ella me dijo que habitaba el invierno pasados los cuarenta. El primer beso nos mostró el camino. El primer polvo nos ungió de santidad. El vicio nos resucitó.

¿Por qué nos besamos? La química de los cuerpos tiene su propia religión. La razón importa bien poco. Ella había ido hasta el museo de cera con su marido impoluto. Yo con un ligue de entretiempo.

Mi ligue y su marido fueron al servicio. La casualidad hace milagros. En la espera nuestras miradas se cruzaron. La mía como si necesitara la extremaunción, la suya como si me rogase el pecado original. Fuimos la bendita manzana prohibida.

Antes de que saliera su marido del baño, ella se retocó el carmín, antes de que saliera mi ligue, yo me había marchado. Nos saltamos toda ética, fuimos incapaces de pensar más allá de la pasión. Hicimos todo mal… salvo intercambiar los teléfonos.

La primavera duró cinco meses. Follamos en tantos museos como nos fue posible. La humedad se instaló en nosotros. En su rostro habitaban todas las flores. En mi éxtasis ella se deleitaba. La vida derrochaba sentido ¿Qué más podía pedir? Tal vez que hubiera durado toda la vida.

Sin embargo, como vino se fue, el deseo es un altar extraño.


Estuve pensando

La escasa conversación muere definitivamente otro día más al llegar la cena. En el salón señorean los ruidos de los cubiertos, primero las cucharas de plata al sumergirse en los platos soperos, luego, los cuchillos de carne al rechinar contra el vidrio de los platos llanos. Las copas de vino rellenándose cada poco se suman al particular coro. Varios gestos de ansiedad antes del postre, seguidos de consultas compulsivas al iPhone de la mujer, coronan la escena hasta que ella no lo soporta más y explota:

‒Esta niña nos tiene en una incertidumbre agotadora, cada día llega más tarde y tú sigues actuando como un pasmarote. ¿A qué esperas para ejercer de padre, a que la secuestren y la violen, acaso no ves cómo está el mundo?

Él se termina su segunda copa de vino y se sirve una tercera.

‒No te preocupes tanto, cielo, Laura sabe lo que hace, es más lista que nosotros dos juntos.

‒En eso llevas razón, pero no se trata de inteligencia, sino de fuerza. No son horas para una chica de su edad, con su aspecto, una vez que cae la noche…

‒Apenas son las diez de la noche, cielo, y la biblioteca cierra a las ocho. Los exámenes que vienen son muy duros y solo quiere despejarse un poco antes de volver a casa.

‒Ya estás justificándola como siempre. ¡Eres imposible!

‒A mí en cambio me parece, cielo, que la imposible eres tú.

Ella se pone colorada, casi violeta, pero decide callarse al escuchar una llave que maniobra en la entrada principal. Para cuando su hija está frente a ellos ha recuperado el control y la compostura. Deja que sea el padre quien hable primero.

‒¿Por qué llegas a esta hora, Laura? Hace un rato que deberías haber vuelto, la cena se te enfrió y nos tenías muy preocupados.

‒Es verdad, papá, tienes toda la razón, pero al cerrar la biblioteca me fui a pensar por ahí.

La madre interviene mientras se lleva su copa de vino a los labios.

‒¿Y se puede saber, querida, qué has estado pensando por ahí?

‒Sí, madre, estuve pensando que deberíais divorciaros.

‒¡Cómo! ‒Exclaman al unísono el padre y la madre.

La madre ha escupido el vino. El padre está con la boca abierta.

‒Veréis, esta situación es insostenible, estoy harta de que finjáis que todo va bien. Sé que lo hacéis por mí y de veras que gracias… pero no puedo seguir viendo cómo cada día os hacéis daño. Tengo claro que el único motivo por el que no os divorciáis soy yo. Pero yo quiero que seáis felices, todavía sois jóvenes y los dos, en fin, llevo mucho tiempo dándole vueltas a esto, y los dos, cómo decirlo y perdonadme por decirlo… tenéis otras vidas. Vuestros teléfonos lo saben y no me lo neguéis, por favor. No os juzgo. No os culpo. Y espero que vosotros, si no lo sabíais el uno del otro, no os lo reprochéis.

Mujer y marido se miran estupefactos, incrédulos. Sin embargo, su hija no ha terminado de hablar.

‒Como ya os he dicho sé que buscáis mi bien y yo busco el vuestro, porque os quiero a los dos. Por eso, lo mejor sería que papá aceptase la oferta en la isla y no dejase pasar esa oportunidad. Yo me quedaría a vivir contigo, madre, para no tener que cambiar de instituto, pero iría a pasar los fines de semana con papá. Creo que la custodia compartida en esas condiciones sería lo más fácil para todos, pero si os parece injusto podemos darle una vuelta. Lo último que quisiera es que os comportarais como dos niños. Os ayudaré en todo lo que necesitéis y creo que ya es hora de que os deje solos. Debéis hablar.

Ellos se quedan asimilando lo que acaban de escuchar. Laura llega a su habitación, saca su móvil y comienza a escribir emocionada un whatshaap a su novio. Le dice que el plan ya está en marcha, que la parte más difícil está hecha, que pronto podrán verse todos los fines de semana. Al otro lado del teléfono su novio virtual le manda una carita sonriente con una mano, mientras con la otra le soba el culo a su novia de carne y hueso. Mientras, en el salón, la madre y el padre barruntan, todavía sin decirse una sola palabra, que su hija lleva toda la razón.


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Publicado originalmente en dekrakensysirenas.com, @krakensysirenas

Solo quiero

Solo quiero escribir y hacerte llorar

pero no de pena,

sino de alegría.

Solo quiero que Dios pida perdón a los hombres

y los hombres a Dios,

aunque no crea ni en Uno ni en los otros.

Solo quiero que la injusticia tiemble de miedo

y que el dolor se acabe,

especialmente tu dolor.

Solo quiero que la política no pudra los corazones

de la gente buena.

Y que sirva a los gobernados, no a quien gobierna.

Solo quiero arder sin consumir la llama

que la música no pare

que la tinta no cese.

Solo quiero que la literatura importe

que cada palabra cuente

que cada letra sane.

Solo quiero escribir un libro maldito

porque los malditos libros

nos hacen más libres.

Y solo quiero que cuando el universo estalle

cada laberinto haya merecido

la pena

y una bella estela de sentido

quede.


 

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Mi tercera novela

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Debo reconocer que soy un desastre, pero a veces trato de poner remedio. Eso intento aquí. Después de cuatro meses desde que saliera mi tercera novela, con bastantes lectores ya a cuestas y un buen puñado de críticas de las que no me puedo quejar, vengo al blog para promocionar En la palma de su mano. Dejo la sinopsis, unos cuantos enlaces por si os interesa haceros con ella y el hilo en Twitter que he creado para que los lector@s valoréis la experiencia. Y por supuesto, cualquier duda solo tenéis que preguntar.

Sinopsis

Moisés Pineda se encuentra en plena crisis después de haberse pasado media vida engañando a casi todo el mundo, en especial a las mujeres, a través de una consultoría de videncia que ha tenido un gran éxito, pero donde no ofrece más que charlatanería y psicología de autoayuda. Sin embargo, Moisés oculta un secreto que solo conocen sus mejores amigos, el escritor frustrado Arturo Coe y Susana Torre, una mujer decidida y de lengua afilada. ¿Cuál es el secreto? Moisés sí puede adivinar el futuro, aunque la experiencia le demostró el peligro de hacerlo. Será desoír su propia voz lo que vendrá a complicarlo todo, cuando en una fiesta organizada por un conocido multimillonario, nuestro protagonista se decide a leer las manos de sus amigos y de Rebeca, una compañera de trabajo de Susana, que rendirá las reticencias de Moisés para hacer lo que sabe que no tiene que hacer. Lo que Moisés ve en las manos de sus amigos le aterroriza y tratará de cambiarlo al precio que sea necesario. Lo que a partir de ese momento descubrirá de sí mismo y de todo cuanto le ha rodeado en su vida será todavía peor. Madrid se tornará en testigo privilegiado de todo cuanto ocurra.

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