62

Alguna vez lo he reflejado ya: no es lo mismo absurdo, que cinismo, que contradicción, por más que en ocasiones colinden sus límites. Vengo a hablar, porque me gusta hablar especialmente, de esta última, de la contradicción, y en concreto de una de sus manifestaciones más queridas para mí, en tanto que más me ocupan: la muerte.

No se asusten, que la querencia no va más allá del interés que me despierta como asunto filosófico, y que quiero llevar a su mínima expresión de tal modo que se raya al hacerlo, a mi parecer, la contradicción.

Y es que en el asunto de la muerte se dan según lo veo y en última instancia, dos pulsiones brutales, que están reflejadas a la perfección por un lado, en la idea estoica de que morir es algo que no nos debería preocupar ni ocupar, pues cuando uno vive, la muerte no está, y cuando ella llega, nosotros ya no estamos, y por otro, en la de Spinoza que señala que todo ser tiende a perpetuarse y que como dice Borges poéticamente siguiendo al maestro judío, la piedra eternamente quiere ser piedra, y el tigre, un tigre.

La vida así tiene una de sus muchas contradicciones en esa lucha, a muerte por supuesto, entre querer perpetuar la vida y querer olvidarse de que la muerte llega, sabiendo que es ineludible. Y este es el juego en el que andamos, y donde por supuesto, hay que poner en el tablero la muerte del otro, que viene a complicar la partida sobremanera.

59

Tras el lloriqueo de mi amigo por la ruptura con su pareja, no pude callarme:

-Qué quieres que te diga, solo conozco dos palabras fijas e inmutables; una es «muerto», y la otra, la paradójica «cambio».

Aquella noche mi perogrullada no sirvió de mucho, y algo mejor nos fue con el alcohol.

58

Quien aprende a gestionar bien el fracaso es el que podrá llegar al éxito, e incluso si le añade suerte y contumacia, quien logrará mantenerse en él. Está claro por cómo estuvo siempre el mundo, que por falta de fracasos no será que uno no llegue a la cima que se propuso.

57, Fiebre de domingo

Cada día veo con mayor claridad que mi «problema» se orienta en una dirección principal: la literatura. Esta y su núcleo que también se me hace patente, la ficción, me marcan mi relación con el mundo que me ha tocado vivir. Bendito problema, sí, cabe escribir, pero no olvido que el camino que se elige, anula muchos otros, y claro, me entra cierta «nostalgia» por un no será que me entristece. 
Añadamos que tampoco pierdo la cabeza, y no se me permite olvidar el hecho de que tener un camino elegido, no garantiza meta alguna, y si acaso, provoca que aún se aleje más el horizonte. Más nostalgia aún si cabe, por el no será. Vivir es lo que tiene, la insatisfacción es lo que hay, y dentro de ella hay que buscar lo que más te sacie. Tal vez lo haya encontrado, ¡Qué más se puede pedir!

56

En un sentido absoluto, la vida es implacable, y el cuartel que creemos que nos da, no es sino una ilusión, un invento, una ficción. Ficción, invento o ilusión, que no debemos dejar de disfrutar hasta el final, cuando la implacabilidad se muestra.

55

A pesar de que trabajo con niños y de mis estudios sobre ellos, o tal vez por estas mismas razones, cada vez me veo menos capacitado para entenderles, o al menos, para poder juzgarles, etiquetarles, y decir, te tengo, porque te he comprendido.
Un niño siempre escapa a nuestra lógica de adulto por mucho que nos diga, sí papá, sí mamá, sí profesor, y si no lo hace, ya no es un niño, por pocos o por muchos años que tenga. 
Ahora bien, aquí no pretendo un ápice de romanticismo ni de posicionismo, ese es otro debate, denodado, y a sangre si se quiere. Aquí, lo que hay o lo que se pretende mostrar, es la evidencia de una barrera, de dos mundos paralelos de los que a menudo, el adulto, no es consciente, y por ello, se fracasa estrepitosamente al margen de las buenas intenciones que se tengan, cuando se quiere acercar a ese misterio que son los niños. 
Construyamos puentes entre los dos mundos, y crezcamos todos en ambas direcciones, y aquí, sí me posiciono: no pretendo volver a la infancia, pero no quiero niños viejos antes de tiempo, ni ser un adulto carente de magia. 

53

Muchos de los problemas que sacuden a este país y a la mayoría, son de raíces viejas y difíciles de erradicar, y no son otros, que el de quién guardará a los guardianes, quién legislará a los legisladores, y quién nos salvará de nosotros mismos. 
Ahora bien, estamos llegando a un punto político, en el que hacerlo tan solo un poquito mejor, comienza a resultar fácil. Y en cualquier caso, su incompetencia nos abre un espacio y unas posibilidades que debemos aprovechar, si no para arrancar esas raíces podridas (ojalá podamos, pero aquí soy pesimista) al menos, sí para realizar una buena poda.