Autor: Carlos Aymí
Varias interpretaciones

Ha muerto el gran Sabato

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El laberinto del fauno
Por fin saldé una deuda hace mucho tiempo contraída, supongo que en ella se entrelazan de modo tragicómico mis desventuras por Berlín y sus múltiples posibilidades para verla entonces, pero la vida y sus sorpresas como bien sé caen de cualquier manera y en cualquier momento.
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De por qué Nietzsche
Orlando
Es verdad que sólo son las 23:30 de un sábado, y del mismo modo lo es que mañana tienes que levantarte a currar, pero tira a la cama no por el trabajo, sino porque después de la combinación perfecta y casual de cervezas, pipas y «Orlando», no hay nada mejor que puedas hacer en lo que queda de día, ni de noche. Arrea.
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¡Bah! Ya bajé un par de veces, llegué hasta la temida y literaria puerta, leí su eterno lema de abandono de la esperanza, entré como un corderito… y en el momento oportuno, le prendí fuego a todo eso y volví a subir con una sonrisa de oreja a oreja. El infierno no es para tanto, te deja un olor a nostalgia, un regusto amargo, un dolor en las entrañas, y una enseñanza para el futuro.