Autor: Carlos Aymí
La consumación de la Trinidad
Gritando en Silencio (en honor al grupo que ahora me rescata mientras escribo)
1:50
[Escrito 18.04.08]
Quizá pueda seguir una: las fechas. Mañana marcho rumbo a Granada, hace menos de un año que visité la tierra de la Alhambra y las tapas, gran ciudad en su conjunto. Hace un año y cuatro días, si mi memoria no falla, que se cumple aquella efeméride fatal que luego se desvaneció cual pesadilla. Hace un año mi estado era diferente, y mi situación actual inimaginable, pero hoy, una cosa está igual: las ganas de estar en Berlín.
Ayer la tuve, hoy, queda muy lejos a pesar de que en apenas quince días vuelva a pisar tierras berlinesas en un viaje más bien fugaz. Pero mañana, doy fe de ello, volveré para quedarme otra buena temporada.
4:40
Escribo así entre desgana bostezos y temblores, razón por la cual no se espere nada de mi. No son horas nada más que para cervezas o camas, y estoy muy lejos de ambas. Escribo para no marchar a casa pensando: “Otro día sin líneas para el coleto”. Pero no confío en nada ni creativo ni meritorio –si no lo hago en mejores condiciones no lo espero entre tumbos.
Ya sacié el apretón por escribir, y como se ve pronto me lleno y más aún me vacío, así que hasta la próxima oscilación.
Ratos de muela y pan
Buscando metáforas
9
Soy ateo respecto a dioses y escéptico respecto a ciencias.
2:00
Música, dolor de espalda, madrugada y a escribir. Hoy en especial estoy bastante, como decirlo, hasta la polla. Cuando sientes que los menores te han agotado, padeces. Padezco y sufro. Creo que es una mezcla de impotencia, falta de cualidades de educador, y rabia, sobra de ganas de liarse a tortazos. Tensión.
Catarsis es lo que busco y lo que empieza a invadir mi cuerpo, una falsa sonrisa repleta de complejidad sazona un estado que por momentos se disipa y pasa de esa tensión a un estado de relajación lograda.
Falso como una puta, o como un sabio, o como cualquiera de nosotros. Si fuera tan fácil, escribir y adiós a la tensión, entonces estaría con bic y papel hasta en la sopa. ¿Seguro? Si así fuera no escribirías nunca.
¡Dios!, muerto. Prometeo, esa falsa esperanza. Locura, diosa inalcanzable. Yo, amalgama insondable de esa pura normalidad. ¿Dónde está el descanso?, ¿en la muerte? No, en esa cama inalcanzable hasta dentro de unas diez horas.
Trabajo este curioso donde se precie. Agotador, agotador y agotador, no hay mayor tortura psicológica que un día duro en “esta oficina”. Pero todavía no ha llegado ninguno de esos días, así que a callar y a jugar.
Buenas noches, y hasta que les levantes Paciencia. Buenas noches.
1:45
Es difícil, si no imposible, encontrar un sólo “estado de cosas” (usado en un sentido muy amplio) que no se pueda definir por una palabra ahorrándonos largas descripciones. Saber esto sin embargo no quita para que tengamos que seguir usando esto último debido a la ignorancia de la palabra definitoria. Leer, y comprender, posee entre otras muchas virtudes, ese encanto de descubrir por un lado que otros pasaron ya por ese estado, y por otro, que la realidad puede dilatarse hasta límites inmarcesibles.
Dos, al menos, son los casos recientes que me traen aquí. Uno, descubrir que toda la idea de un relato de esos que algún día escribiré, está basado en una enfermedad rara (tan rara que me pensaba -iluso eterno- original) pero existente y perfectamente diagnosticada. Permítaseme que obvie tal idea y tal palabra, y más en el segundo caso pues aunque puedo recuperarla, ahora mismo es inaccesible. Dos, corroborar algo más que plausible, lógico, pero que sin embargo viene bien recordar: que todos o casi todos cuando de crear se trata, buscamos excusas para posponer esa obra. Y lo que es mejor, que procastinación es la palabra que define tal mal, que a mí particularmente me anula hasta una in-acción casi total. Pues bien, a ver cuando dejo de procastinar el relato de arriba y me animo a matar dos miedos de una vez.