Presentación

He llegado para quedarme, para arriesgarte y para sacarte de esas oscuridades a las que voluntariamente te sometes. Estoy aquí para ampliar tus principios, para que lo social se una a la acción, para que tu compromiso se cumpla realmente, para que traiciones a tu incompromiso, para que pises parásitos propios y ajenos, para que te muevas de los antros que te encadenan, para que veas y alumbres, para todo eso y más. En definitiva, para que seamos más completos.
Estas han sido mis primeras palabras, pero te aseguro que no serán las últimas. No te debo ningún agradecimiento, si acaso que me acojas en tu seno. Pero te advierto, más te vale sobrevivir pues de ello dependemos ahora tres y un futuro, duro, pero que valdrá la pena.
Y a ti Lázaro, qué decirte. Pues que estoy de acuerdo contigo, que nos llevaremos mal pero que será divertido, y más que nada, necesario. Gracias por la presentación en sociedad. Y ahora, Tú a jugar y Yo a tomarmelo en serio.

La consumación de la Trinidad

Desde hace años ese útero antinatural al que acoges rebuye en silencio tratando de alumbrar, aún antes que a mí, al heterónimo Karl. Yo, más fácil de parir para tu conciencia que él, llegué en su día con la fuerza de un huracán, como todo en nosotros, tan sólo a veces azoto.
Y ahora que nace él, ¿completará la siempre incompleta obra de modo que nos lanzará a un abismo creativo, o seguiremos esperando, ahora tres, a que un rayo nos parta o nos divinice o nos amplie?
¿En esta Trinidad qué representa él? Si tú eres tú, allá contigo, y yo soy tú elevado a la máxima exageración posible, él será esa esencia de acción que pulsiona por salir a la luz y que tu escepticismo cargado de apatía macabramente autofagiza. Karl detiene tu bocado, rompe tus dientes y revierte tu mandíbula. Ahora él se alza sobre lo peor de ti, tu viscosa incapacidad para apasionarte, la pisa y clama:
«He llegado para quedarme, para arriesgarte y para sacarte de esas oscuridades a las que voluntariamente te sometes. Estoy aquí para ampliar tus principios, para que lo social se una a la acción, para que tu compromiso se cumpla realmente, para que traiciones a tu incompromiso, para que pises parásitos propios y ajenos, para que te muevas de los antros que te encadenan, para que veas y alumbres, para todo eso y más. En definitiva, para que seamos más completos».
Te damos la bienvenida Karl, y aunque sospecho que tú y yo no nos llevaremos bien, y peor aún nos trataremos, me alegra saber que tengo un hermano.

Gritando en Silencio (en honor al grupo que ahora me rescata mientras escribo)

Con una patente asincronía entre mi ánimo, que aspira a una inmensa gratitud por la música que me rescata en tantas ocasiones, valga de ejemplo ésta misma, agobiado hasta hace instantes por un sinsabor neurálgico muy propio, y mi instinto, que me llama a hablar del destino, regreso a estos lares.
Más que hablar del destino vengo a aburrir sobre el mío, y mejor aún, de la absoluta falta de éste. Un contumaz escéptico como yo apenas puede rozar con los dedos un par de «certecillas», y una o la más grande es sin duda que el «destino» es la engañadora palabra que sustituye al agobiante «absurdo».
Pues bien, dicho lo anterior añado que siempre tuve claro que mi destino estaba claramente marcado por el sabor a pluma que me sacaría de esta ciudad y me abriría al mundo en letras de oro. Por esta razón, porque quiera o no, llegaré a ser un gran escritor, rehuyo del esfuerzo puro que el asunto necesita. Y no es que ahora venga a descubrir la sucia capa de la mentira por la que no hay teleología que valga, soy lo que soy hace mucho tiempo y sé que me engaño de la peor de las maneras: hay contradicciones inviolables dentro del caos que ordenadamente me manda. Saber lo que se necesita saber no es el motor suficienta para hacer lo que debo hacer. A veces, o ya, practicamente no es ni siquiera una ayuda.
Con todo, confío en que la esperanza a la que niego por sistema, vuelque mi destino hacia las letras, y haga que el absurdo omnipotente complete su obra: Yo, una tragicomedia entre tantas otras en esta carcajada universal del sinsentido.

1:50

[Escrito 18.04.08]

Me rastreo pero no encuentro ninguna señal que justifique este ansia: Berlín. Es como si un aguijonazo directo al cerebro hubiera hinchado mi nostalgia por aquella ciudad, ciudad de los mil demonios para mis recuerdos, pero tantos de ellos buenos.

Quizá pueda seguir una: las fechas. Mañana marcho rumbo a Granada, hace menos de un año que visité la tierra de la Alhambra y las tapas, gran ciudad en su conjunto. Hace un año y cuatro días, si mi memoria no falla, que se cumple aquella efeméride fatal que luego se desvaneció cual pesadilla. Hace un año mi estado era diferente, y mi situación actual inimaginable, pero hoy, una cosa está igual: las ganas de estar en Berlín.

Ayer la tuve, hoy, queda muy lejos a pesar de que en apenas quince días vuelva a pisar tierras berlinesas en un viaje más bien fugaz. Pero mañana, doy fe de ello, volveré para quedarme otra buena temporada.

4:40

[Escrito el 16.04.08]
Aterido de frío pero no muerto. Los bostezos se expanden pero no duermen. Las ganas huyen pero siempre hay rescoldos.
Escribo así entre desgana bostezos y temblores, razón por la cual no se espere nada de mi. No son horas nada más que para cervezas o camas, y estoy muy lejos de ambas. Escribo para no marchar a casa pensando: “Otro día sin líneas para el coleto”. Pero no confío en nada ni creativo ni meritorio –si no lo hago en mejores condiciones no lo espero entre tumbos.

Ya sacié el apretón por escribir, y como se ve pronto me lleno y más aún me vacío, así que hasta la próxima oscilación.

Ratos de muela y pan

No es asco, pero se acerca. Nada hay que me moleste más que los tiempos muertos en las distintas eternas salas de espera; da igual que sea la consulta del oftalmólogo, la carnicería, o hasta el tanatorio. Todas tienden a tener un rasgo en común: la necesidad de rasgar el silencio.
El silencio debería ser sagrado, y debería serlo porque la palabra lo es. Romper lo primero con un mal uso de la segunda es mancillar a ambos. Si no tienes nada que decir (traigamos a un tal Wittgenstein al terreno mundano) lo mejor es que cierres la bocaza.
Que el tiempo está revuelto, ocurre en todos los otoños. Que los precios andan por las nubes, se lo huelen hasta ellas mismas. Y que fulano era un gran tipo, lo sabemos todos el día de su muerte.
Se trate del super-yo freudiano, de simple decoro y cortesía, o del, «qué dirán si no abro el pico», el caso es que hablar por hablar cuando no hay nada que decir ante gente de la que nada quieres saber, es el castigo más pesado de los muchos con los que cargo.
Por todo ello, nada me agradó más en mi última visita al dentista que lo que sigue. Estaba anclado al dolor y a la silla de espera junto a otras dos personas por culpa de una mala muela, cuando oí el trillado y aburrido, -«pues parece que va a llover». Sin duda que me sorprendió amargamente, pero más lo hizo aquella señora cuando contestó: -«disculpe pero estoy leyendo y no me apetece conversar». No pude sino enrojecer, bajar los ojos humillados no sin antes comprender la sonrisa del chaval, y desear acostarme con aquel martillo de mujer.
El deseo cesó pronto ante la muela, pero la gratitud por recordarme lo bocazas que puedo llegar a ser queda aquí recogido.

Buscando metáforas

El rumor de la lluvia golpea tus paredes, quieres salir ahí fuera pero ellas te oprimen. Notas su aliento con cada estertor, cada vez más cerca, cada vez más blancas, cada vez más altas. El techo hace tiempo que estalló de la presión, pero el plomo vino a sustituirlo. Sólo el resuello de una metáfora te saca de la habitación y te insufla fuerzas. Tu cabeza se enfrenta a las pétreas paredes y las martilleas hasta sangrar.
La rutina de siempre, tu desgana contra tus ganas. El eterno ciclo: ahí asoma la sanguinolenta victoria, tu cara se empapa y lava el rojizo fracaso de tu mediocre quietud. La lluvia te purifica y seca, pero toca andar, y el camino te conducirá hacia nuevas depresivas paredes.
Un rumor con sabor a pregunta te indigesta: «¿por qué me paro entre paredes tanto tiempo, y por qué me gusta tan poco andar, cuando es lo que me satisface? Soy masoca o idiota».
O quizá simplemente, necesites crecer hacia la infancia para zambullirte de pleno en ese espacio creativo que te hace decir: hoy mereció la pena.
Hoy Yo he sido tu bastón, mañana seré tu zancadilla, así que procúrate valerte por ti mismo, y sangra si has de sangrar, pero rompe siempre paredes.

2:00

Música, dolor de espalda, madrugada y a escribir. Hoy en especial estoy bastante, como decirlo, hasta la polla. Cuando sientes que los menores te han agotado, padeces. Padezco y sufro. Creo que es una mezcla de impotencia, falta de cualidades de educador, y rabia, sobra de ganas de liarse a tortazos. Tensión.
Catarsis es lo que busco y lo que empieza a invadir mi cuerpo, una falsa sonrisa repleta de complejidad sazona un estado que por momentos se disipa y pasa de esa tensión a un estado de relajación lograda.
Falso como una puta, o como un sabio, o como cualquiera de nosotros. Si fuera tan fácil, escribir y adiós a la tensión, entonces estaría con bic y papel hasta en la sopa. ¿Seguro? Si así fuera no escribirías nunca.
¡Dios!, muerto. Prometeo, esa falsa esperanza. Locura, diosa inalcanzable. Yo, amalgama insondable de esa pura normalidad. ¿Dónde está el descanso?, ¿en la muerte? No, en esa cama inalcanzable hasta dentro de unas diez horas.
Trabajo este curioso donde se precie. Agotador, agotador y agotador, no hay mayor tortura psicológica que un día duro en “esta oficina”. Pero todavía no ha llegado ninguno de esos días, así que a callar y a jugar.
Buenas noches, y hasta que les levantes Paciencia. Buenas noches.

1:45

[Escrito el 2.4.08]

Es difícil, si no imposible, encontrar un sólo “estado de cosas” (usado en un sentido muy amplio) que no se pueda definir por una palabra ahorrándonos largas descripciones. Saber esto sin embargo no quita para que tengamos que seguir usando esto último debido a la ignorancia de la palabra definitoria. Leer, y comprender, posee entre otras muchas virtudes, ese encanto de descubrir por un lado que otros pasaron ya por ese estado, y por otro, que la realidad puede dilatarse hasta límites inmarcesibles.
Dos, al menos, son los casos recientes que me traen aquí. Uno, descubrir que toda la idea de un relato de esos que algún día escribiré, está basado en una enfermedad rara (tan rara que me pensaba -iluso eterno- original) pero existente y perfectamente diagnosticada. Permítaseme que obvie tal idea y tal palabra, y más en el segundo caso pues aunque puedo recuperarla, ahora mismo es inaccesible. Dos, corroborar algo más que plausible, lógico, pero que sin embargo viene bien recordar: que todos o casi todos cuando de crear se trata, buscamos excusas para posponer esa obra. Y lo que es mejor, que procastinación es la palabra que define tal mal, que a mí particularmente me anula hasta una in-acción casi total. Pues bien, a ver cuando dejo de procastinar el relato de arriba y me animo a matar dos miedos de una vez.