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No comparto la comodidad de aquellos que no se plantean las consecuencias de la existencia de Dios, tanto para negarle, como para aceptarle, y que eligen vivir entre dos aguas, porque resulta una apuesta segura.

Respeto a quienes creen en Dios conscientes de lo que ello supone, no puedo decir mucho más al respecto, o al menos no si ellos no están delante.

Me incluyo entre quienes rechazan toda posibilidad antropomórfica del mismo, rechazan el Sentido de la vida, y sufren del absurdo de la existencia, tratando de buscar pequeños sentidos a la misma.

Y admiro a quienes aún abrazando el Absurdo, son capaces de encontrar un Buen Sentido a la vida, y ofrecen su incansable esfuerzo, bondad, y talento, por el bien de la especie. Es una actitud y una fe que envidio.

Mulholland Drive

Título original: Mulholland Drive (AKA Mulholland Dr.)

Año: 2001

Director: David Lynch

 

Aún no tengo muy claro qué es lo que acabo de ver, pero decido ponerme a escribirlo antes de que lo olvide… o de que lo tenga claro.

Creo que es una muy buena película de David Lynch, de quien su psiquiatra y su psicólogo (y aún me atrevería a hablar en plural para cada caso –y que me perdonen por usar el genérico) se deben sentir muy orgullosos. Creo que tengo una interpretación final llena de agujeros pero interpretación al fin y al cabo, que es mía, y que seguro es muy diferente a muchos que la hayan visto; es más, quizá haya una interpretación para cada espectador, lo cual la hace grande, y tal vez ilógica, pero grande sin duda. Creo que Naomi Watts demuestra ser una actriz espectacular en todos los registros que ejecuta. Y creo que es la película con la escena de mayor contenido sensual que he visto en mucho tiempo.

Por último, si eres raro, te gusta lo onírico, la belleza, David Lynch, armar puzles, desesperarte, todo junto o al menos una parte, anímate a verla y dale una oportunidad… si es que no lo has hecho aún.

Kafka; quiero escribir emails como él escribía cartas

¿De dónde habrá surgido la idea de que las personas podían comunicarse mediante cartas? Se puede pensar en una persona distante, se puede aferrar a una persona cercana, todo lo demás queda más allá de las fuerzas humanas. Escribir cartas, sin embargo, significa desnudarse ante los fantasmas, que lo esperan ávidamente. Los besos por escrito no llegan a su destino, se los beben por el camino los fantasmas. Con este abundante alimento se multiplican, en efecto, enormemente. La humanidad lo percibe y lucha por evitarlo; y para eliminar en lo posible lo fantasmal entre las personas y lograr una comunicación natural, que es la paz de las almas, ha inventado el ferrocarril, el automóvil, el aeroplano, pero ya no sirven, son evidentemente descubrimientos hechos en el momento del desastre. El bando opuesto es tanto más calmo y poderoso, después que el correo inventó el telégrafo, el teléfono, la telegrafía sin hilos. Los fantasmas no se morirán de hambre, y nosotros en cambio pereceremos.

Harold Bloom

Considero El canon occidental de Harold Bloom una especie de biblia literaria. Da igual por donde se abra, te inspira amor hacia la literatura y hacia sus mejores profetas. Aquí va una de las innumerables pruebas:

«Desde una perspectiva puramente literaria, esta es la época de Kafka, más incluso que la de Freud. Freud, siguiendo furtivamente a Shakespeare, nos ofreció el mapa de nuestra mente; Kafka nos insinuó que no esperáramos utilizarlo para salvarnos, ni siquiera de nosotros mismos».

Canciones del segundo piso

Título original: Sånger från andra våningen (Songs from the Second Floor).

Año: 2000

Director: Roy Andersson

 

Ni mucho menos es habitual que reseñe todas las películas que veo, y ni siquiera reseño todas las películas que me gustan. Pero “Canciones del segundo piso”, supe que iba a reseñarla desde la primera escena, y eso sí que es inusual.

Hace mucho tiempo, quizá “El Ángel Exterminador” de Buñuel sea la respuesta a, ese tiempo, que no veía una película tan simbólica ni tan agobiante. Para justificar tales palabras tengo multitud de ejemplos, pero me basta con referirme al atasco inexplicable que sufre la ciudad, del que no hay forma de huir.

 Desde luego no es una película para corazones finos, o mejor, delicados, o más preciso aún, sensibleros. Es sucia, dura, desconcertante… y por momentos bella. Si la sordidez más sorprendente puede ser considerada de algún modo bella.

Lo diré de otro modo, estamos ante un carrusel de absurdos cargados de sentidos, y de sentidos sin aparente sentido, cargados de crítica.

Mi memoria es pobre, pero arriesgaría un par de euros a que desde “Eolo”, no me metía entre pecho y espalda una película que me impactara tanto.

Es imposible quedarse con una escena porque me quedaría con casi todas. Sin embargo y por resaltar una, me quedaré con el millonario que cumple cien años. La película, cargada de metáforas, descarga ahí toda la mala baba de la esencia del ser humano, véanla y díganme si miento. Para compensar tanta debilidad, ¿por qué no agarrarme a la fuerza de las voces que atruenan en el metro? Para finalizar, decir que la última escena me dio más miedo que el 99% de las películas que pretenden infundir miedo.

1ª Tanda (selección de tuits publicados en mi Twitter)

Twitter nació para intentar engordar mi blog personal de lectores, y lo cierto es que no sé cuánto ha conseguido su objetivo, ni cuánto lo conseguirá en el futuro, pero lo que sí sé, es que twitter contra mi propio pronóstico, se ha convertido en cierto engorde personal, para lo bueno (creatividad e intercambio viral), y para lo malo (cierta dependencia), y lo que decido ahora es que el blog también trate de engordar a twitter, de modo que la espiral circule en ambas direcciones.

En la búsqueda de lo anterior (más sano y más justo puesto que ambas plataformas se han convertido en necesidades literarias), publicaré una entrada periódica que consiste en seleccionar tandas de veinte tuits, o lo que es lo mismo, tandas de micro-ficciones, micro-cuentos, micro-relatos, o como se le quiera llamar, para que quienes acudan exclusivamente al blog, vean también parte de mi labor en twitter.

 

1ª TANDA (agosto-septiembre)

1. Tres mojigatas leen «Las 50 sombras…» en el metro. Una monja las desprecia. Sonríe, saca su libro de Sade.

2. Y el maestro dijo: −El que esté libre de miserias que adelante un paso… para que el resto le podamos apedrear.

3. Cuentan que volvió a tropezar con la misma piedra. Una y otra y otra vez, hasta que la quebró y siguió adelante.

4. La hermenéutica del lector llegó a tal punto, que los escritores comenzaron a publicar sus libros en blanco.

5. Tengo un plan para ser libres –dijo Eva.                                                                                                               Adán aceptó, pero luego fue un cobarde y encima nos llegó su versión de los hechos.

6. Cada clítoris es un mundo, y alguno más de uno.

7. El psiquiatra me dijo que ya estaba curado. No tuve más remedio que matarlo.

8. El cadáver envuelto en sangre. Las alas arrancadas lejos del cuerpo. Era el cuarto ángel en un mes que moría del mismo modo.

9. Comenzó a recordarlo absolutamente todo hasta con el menor de los detalles. Un mes más tarde se pegó un tiro.

10. Me trepané el cerebro para liberar mis ideas. Ahora vivo con un agujero en la cabeza, que es un surtidor constante de palabras.

11. Decidió deshacerse de todo. Solo le quedaba el sexo y los libros. Decidió que se había deshecho de lo suficiente.

12. −¿Que no me atrevo? Vas a ver ¡Dios no existe!

La Plaza de San Pedro estalló en sollozos. El Papa se había vuelto loco.

13. Arrojó el libro al fuego, pero el libro se negó a arder.

14. Abrí la puerta a las pesadillas y cuando entraron, di un portazo y me lié a patadas con ellas.

15. El verdugo me dijo: −Elige, la imaginación o la polla. −La vida –contesté rotundo.

16. Cuando las voces de mi cabeza hablan, dejo que se desahoguen. Como el resto de nosotros, solo quieren que alguien las escuche.

17. Escuché entre sueños trabajar a la carcoma durante toda la noche. Al despertar se habían comido, no la madera, sino mis piernas.

18. Salió a la calle desnuda y le vistió la lluvia… Lástima que fuese ácida.

19. Se arrancó las alas y saltó por la ventana. Se había cansado de volar.

20. Sobre la nieve sangre, sobre la sangre ceniza, y sobre la ceniza, mi esperanza.

DOMINGOS: del placer, el amor, la lealtad, y el camino.

−Señor agente, soy un saco de errores pero le aseguro que este no lo he cometido…

−Me alegro por usted, pero haga el favor de soplar, no tengo todo el día.

−Su incredulidad me hiere, su frialdad me apena… ¿cómo podría convencerle de que no miento, de que…

−Sople y convénzame, no me haga perder más tiempo… ni la paciencia.

Y solo forcé un poco más la tolerancia del guardia civil, y luego soplé, y di 0,0, y pude continuar hasta mi destino en la Sierra.

Era domingo. Apenas había salido el Sol ¿Me había vuelto loco?

Llegué al aparcamiento de la Barranca. Ya había gente con mochilas, ropa térmica, bastones… Por supuesto yo no tenía nada de eso.

Tras vencer unos segundos de tentación para regresar a casa, me crucé con un gato negro en el mismo parking,

−¿Qué hace un tipo como tú, en un lugar como este? −Me preguntó el felino desde sus ojos verdes.

Y por supuesto le contesté a pesar de ciertas miradas que se clavaron en mí:

−El problema de tener amigos, es que a veces les escuchas. Y cuando uno de ellos me contó por quinta vez que el senderismo se acerca a la metáfora de la vida, porque cuesta pero compensa, le dije que sí, que me había convencido, y que lo probaría en mi siguiente crisis existencial.

El gato se esfumó, me callé, y dejé de parecer un lunático. Quienes estaban alrededor se quedaron sin saber que la promesa la había hecho un jueves, la crisis llegó el sábado, y que era en ese domingo cuando probaba la dichosa metáfora por cumplir con mi estúpida palabra.

Busqué el cartel que daba inicio a la ruta y me arrebujé en mi chaqueta de cuero negro.

Pronto llegué a un embalse enmarcado en pinos que sin saber bien por qué, me recordó a Neruda y sus versos:

«Podrán cortar todas las flores,/ pero no podrán detener la primavera».

Era otoño y no encontré ninguna flor.

Tenía frío y comencé a caminar deprisa. La pista me llevó por el margen izquierdo del río y tras adelantar a varias personas, reduje el paso cuando divisé los culos de dos chicas. En unos pocos segundos mi imaginación, puesta al servicio del placer, dio para mucho gracias a la combinación de rubia y morena que caminaban a escasos tres metros de mí.

Al ritmo del bamboleo armonioso de sus traseros, desvarié con varios conceptos freudianos, me fustigué de machista sin remedio y, me empalmé. Todo en apenas dos minutos, todo, antes de que la rubia se diera la vuelta y me mirara por unos segundos. Luego se giró brusca, juraría que molesta, le dio la mano a la morena, y aceleraron el paso hasta que me perdieron de vista.

La escena no sirvió para calmar mi instinto ni mis reflexiones rijosas, pero seguir la ruta, los pinos, el cantar de los pájaros, y el viento que se levantó y me dejó helado la zona sensible, sí que ayudó.

Durante treinta minutos de camino le encontré la gracia al paraje natural hasta el punto de volverme romántico cual Caspar Friedrich con su, “Caminante sobre el mar de nubes”, y me imaginé solitario por las montañas bastón al hombro hasta que, me encontré primero con restos de basura fuera de un contenedor, y de inmediato con la zona de mesas y sillas donde la gente comía sus bocatas. Me senté a descansar con el hechizo roto entre mis dedos y por si fuera poco, una pareja cuarentona no tardó en ocupar la misma mesa que ocupara yo, como si pretendieran exacerbar mi misantropía al invadir mi espacio.

Fueron amables conmigo ofreciéndome de su comida al ver que yo no llevaba nada. Cedí. Quisieron ser simpáticos. Lo soporté. Al parecer se conocían desde hacía siete años. No tuve nada en contra. Pero tocaron la tecla que no debían cuando sondearon mi intimidad con preguntas que no les importaban un bledo. Reaccioné arisco, contesté desagradable, y les dejé allí sentados con la sesuda profecía de que su amor estaba condenado a la extinción, por lo que les animé a que disfrutaran del tiempo que aún les quedaba, pues cuando llegara su ruina, ninguno de los dos tenía pinta de que supiera sobrellevarla demasiado bien.

Irritado conmigo, con mi especie, con los domingos, con la montaña, con la vida… comencé un ascenso por el que sudé en parte mi mal humor. Y lo agradecí sin dobleces, pero al llegar a una fuente, llamada La Campanilla y regada por las aguas que bajan de la Bola del Mundo, me topé con una pareja de ancianos que me saludaron con calidez, y cuya mirada indulgente por parte de la mujer me sacó por completo de quicio.

No pude evitarlo y apoyado en el caño de la fuente, hice gala de mi pedantería, mi mal gusto y mi desfachatez, al contestar el saludo y la sonrisa que me ofrecieron con esta pregunta a quemarropa:

−¿Y qué es lo que se hace con el amor cuando el placer se seca?

La pareja me miró con calma, sin ofenderse, luego se miraron entre ellos, y fue la anciana la que me contestó con una sonrisa en los labios.

−Somos optimistas y hasta la mayor de las ruinas conserva los cimientos. Además, por encima del deseo está el amor, y por encima de este, la lealtad. Nosotros nos somos leales después de haber vivido felices las contradicciones del deseo y del amor, y no podemos pedir más.

Y aún añadió, creo que con sorna:

−Pero jovencito, no desesperes porque tal vez te puede ocurrir a ti lo mismo, y si tienes esa suerte, entonces seguro que se te quitará ese ceño de mal humor que gastas.

Por supuesto me quedé mudo, y ella tuvo la bondad de no hurgar más en mí.

Dos minutos más tarde, sin que nadie hubiera roto el silencio, los ancianos se marcharon. Fue el hombre quien antes de irse y tras mirar a su pareja arrobado, me dijo con cierta complicidad:

−Vaya genio que gasta ella ¿eh?

A lo que tampoco pude contestar más que con mi boca cerrada, y un gesto de idiota. Aún me quedé un buen rato allí plantado, con el correr del agua llegando dentro de mí, y sin notar el viento.

No salí de mi cabeza hasta que escuché voces de niños. En cuanto los divisé con sus padres me marché despavorido. Tomé el camino de regreso sin apenas levantar la vista del suelo. «Abatido», describe muy bien cómo estaba tras mi caminata.

Llegué al coche y al arrancar recordé los versos de Machado, que transformé en:

Hoy hice camino, que no sé dónde irá a dar.

Romero (Apuntes, 3)

Emily Dickinson

POEMA 258

Hay un cierto Sesgo de luz,

las Tardes de Invierno –

que oprime, como el Peso

de los Cantos de la Catedral –

Una celestial Herida nos inflige –

no deja cicatriz,

sino diferencia interna,

donde los Significados, son –

Nadie puede enseñarlo – Ninguno –

este es el sello de la Desesperación –

una aflicción Imperial

que nos envía el Aire –

Cuando llega, el Paisaje escucha –

las Sombras – contienen el aliento –

cuando parte, es como la Distancia

en la mirada de la Muerte –

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¿Por qué escribo?

Porque la literatura es la Mentira en la que más creo.

Por supuesto no desdeño otras mentiras como el sexo, la familia, la amistad, mi ateísmo, los viajes, el sudor, la risa, la cerveza, el cine, el arte, y hasta esa cosa que llamamos amor.

Lo que ocurre, es que he aprendido a disfrutar de lo anterior, en buena medida y en su máxima plenitud, “literaturizándolo” todo. No al principio, pero sí una vez que la descubrí, mi pasión por la literatura fecundó al resto de mis pasiones, al resto de las mentiras que me hacen no tener prisa porque llegue la única Verdad.

La noche americana

Título original: La nuit américaine

Año: 1973

Director: François Truffaut

 

Una obra maestra. Debería finalizar la entrada con la frase anterior, pues todo lo que añada a partir de ahora perturbará la mejor definición que de esta película se puede dar. Pero ya deberían saberlo, no sé callar.

Y una obra maestra de lo más atípica para mis sentidos, en tanto que la visioné de un modo tranquilo, desapasionado, y sin embargo, consciente de la maravilla que tenía ante mí. No me zarandeó el alma, el corazón, o los intestinos, pero su estética y su temática me caló profundo  hasta aseverar de modo indiscutible la etiqueta de película imprescindible.

Truffaut haciendo de director de cine que habla sobre el rodaje de una película, me parece ya de por sí una combinación de espejos imposible de superar, más cuando el juego se produce con la mayor de las naturalidades y sin ninguna pretensión. Vida es lo que rezuma la película. Vida y sus problemas. Vida envuelta en cine, y cine envuelta en vida.

Hay muchos motivos para no perdérsela, pero no quiero extenderme y, acabo con este:  la fuerza que irradia la belleza de Jacqueline Bisset. En alguna de sus miradas, y debido a mi insoportable cursilería, pude encontrar, no la sensualidad aparente, sino la misma idea de belleza reencarnada. Acabo y trato de arrancarme esa mirada, consciente de que no es para mí. O quién sabe, pues hay mujeres que sí son mágicas.