The Wire

Una de las mejores experiencias audiovisuales de mi vida acaba de concluir tras varios meses. The Wire (Bajo escucha), cae al fin tras cinco temporadas y más de sesenta horas. Sin duda alguna una de las mejores series que he visto en mi vida. Compleja, real, intensa, sorprendente, verosímil, divertida, tierna, y podría seguir hasta que se acabaran los adjetivos. La echaré de menos ahora que McNulty y Freemon y Omar y Bunt y Presbo y tantos otros desaparecerán de mi horizonte. Casi les toqué. Dejaré una última cita del último capítulo que habla sobre la necesidad o no de tragar mierda y ceder para medrar:
-«El árbol que no se dobla se rompe».
-«Sí, pero el árbol que se dobla demasiado ya está roto».
Empezó como una serie de drogas y policía muy alejado de las chorradas del CSI, luego se sumó el aspecto educativo, el político y en la última temporada, el periodístico. Y siempre mostrando la complejidad y la verosimilitud. A los guionistas, actores, director, fotografía… habría que darles por lo menos las gracias, y yo es lo que humildemente hago aquí y ahora. Así que y por última vez, GRACIAS.

5.07.10

5.07.10

Estoy cansado, no diré que reventado por el que dirán, porque es lunes, y porque no hice la jornada completa con los niños.

Hoy recuperé mis años de patio, pelota y pelotón cual infante, tratando de marcar goles a base de patadas más o menos dulces y coscorrones varios. Luego refuerzos diversos, y luego más juegos y más juegos. Y del Centro de Día a la Casa Albergue: sobrevivir tiene mérito.

Sobrevivir tiene mérito sí, pero debo reconocer que los niños llenan. Comprendo tanta maldad, que cómo no voy a comprender el amor por los niños: si tuviera algo que salvar, salvaría la infancia, quizá incluso por delante de los libros.

Un irredento ateo como yo no puede estar de acuerdo con Coralia en algunas cosas, pero es de envidiar la fuerza y la pasión que saca de Dios para tirar hacia delante. Es evidente que para mí no hay Monseñor Romero que valga, pues las raíces de mi fe ha mucho que ardieron, pero debo reconocer que cuando hoy relató la historia de su Fundación y el esfuerzo con el que carga, me emocioné.

Eso sí, me molesta esa manía de atribuir a Dios y a Romero todas las casualidades buenas, ¿y qué de las malas?, ¿quedan sólo para los hombres? Pero en fin, ella está convencida y de ahí extrae la energía necesaria, nada que reprochar. Siempre lo he considerado una ventaja con respecto a mi ateísmo antropológico, ojalá pudiera tener esa fe. Además, la suya está revestida de cultura y respeto, alejada de monsergas y beatismos.

Me empezaron a joder en el curro…

3.07.10

3.07.10

¿Lo dije ya? Por si acaso: contraste. Diré algo más por el que dirán: contraste, contraste, contraste. Diré y puntos suspensivos. Pasar por Mejicanos (distrito del tercer mundo; pobre, sórdido, oscuro), a un distrito de clase media, y a uno de calles privadas donde el pase está mediando guardias jurados de metralleta al hombro, es todo uno.

Estoy ante una cadena que no les chirría. La asunción del estrato…

Por suerte caí en Mejicanos (donde por cierto hace una semana o así las maras quemaron un autobús y a la gente que iba allí, con el saldo de un autobús menos, 20 cadáveres aproximadamente, y un puñado de hijos de puta para la historia), porque si caigo en esos centros comerciales que me recordaron no a Guada, no a Madrid, sino a Alemania… habría salido por patas gritando algo parecido a esto: “¡Buscaba miseria y no Lacoste, y Plasmas y mierdas caras!”.

Es verdad que Mejicanos está a la altura de un proyecto de cooperante, y que está bien conocer el contraste, sentirlo en los poros como la realidad que circunda y atraviesa 2/3 partes del continente, pero tengo que reflejar que esperaba “más desolación económica”.

Vi el España-Paraguay en primera línea de sillas frente a una enorme TV plana en un Macro-centro-comercial que me desubicaba del tercer mundo hasta escupirme de todos los conceptos preconcebidos de “negritos sin nada que masticar”.

Una vez más: la globalización es lo que hay, y no estaría mal si no fuera lo que es (más aún en estos países); una cáscara frágil de economicidad que cuando se rasca muestra una capa enorme de pobres y semipobres, que sostienen a otra pequeñita de ricos y asquerosamente ricos. Es decir, la hipérbole de la estructura de la distribución de la riqueza.

Hablemos de Coralia. Me daba que iba a ser madre, es decir, monja, y que por supuesto puritana y sosa, y me encuentro con una mujer moderna, de corte europea, y quizá… Hasta ahora ni el país, ni el recurrente contraste, ni hostias, la mayor sorpresa por el momento es el carácter de su amiga Ana María…

4.07.10

4.07.10

Antes de que se me olvide y por última vez; hoy estuve en Suchitoto y ayer en los Planes de Renderos. Digamos que aquel pueblecito fue zona prohibida durante la guerra y que estaba destruida cuando se firmaron los acuerdos de paz. Hoy, en cambio, es zona turística, un pueblo tranquilo donde respirar la calma que falta en la capital…

Quiero decir que si buscaba un proceso de inmersión en el país, de modo que la pobreza se me pegara en la solapa hasta acabar uncido en ella, no lo encontraré. Hay pobreza, al estilo de las barriadas y poblados españoles, y Mejicanos tiene ese regusto, pero como no me canso de decir, hay más. Y es para alegrarse.

La foto que hoy me hubiera gustado tirar fue la de la señal de “prohibido pistolas”, que colgaba a la entrada de un colegio. Pero lo vi a la carrera y se quedó para el recuerdo y estas líneas.

Ya conocimos a las niñas: un primor y de conducta intachable. Las comparaciones son odiosas pero si comparo con la Residencia de Aranjuez, la conducta de éstos queda por los suelos, a la altura de donde aquéllas limpian sus zapatos. Y seamos objetivos; estas chicas han hecho en un rato más tareas que las que he hecho yo en toda mi vida: limpiar frigorífico, lavar cacharros, preparar cena, más cacharros, fregar suelo, planchar ropa, mesas, limpiar zapatos, preparar desayunos.

Coralia dejará pronto de sorprenderme, pero seguirá gustándome, apoya al FPLN, que por cierto gobierna ahora por primera vez tras su legalización. Esperemos que estos cinco años sea una realidad positiva para un país que lo necesita…

Y hablando de Monseñor Romero, estuvimos en la Catedral pero no pudimos ver la tumba porque andaban en misa. Aquí viene lo curioso, en la parte de arriba se celebraba una misa tradicional, en el sótano, se llevaba a cabo otra, más popular, más “revolucionaria” y social. Ambas a la misma hora y ambas enfrentadas ideológicamente. Contraste y escisión señores, contraste y escisión.

Hoy compré una pieza fundamental para mi futura y nueva casa, una jarrita de cerveza de barro negro característica del pueblo indígena Nahuathl.

Mañana comienza nuestra actividad de verdad, el día a día con los niños.

2.07.10

2.07.10

La ESTA, más preguntas en facturación, más más preguntas en embarque, más más más formularios durante el vuelo, más lo que queda…

La burocracia soviética debió parecerse a esta estúpida paranoia que eso sí, como haga lo que no debo, y para USA no debo hacer más que respirar y bajito, pasaré a la mala sombra mucho tiempo y sin poder quejarme, pues he prometido a los cuatro vientos cosas como que no soy un “nazi clásico”, que no quiero raptar un yankito rubito, o que no llevo caracoles.

Y a todo esto estoy a punto de que nos plantemos sobre el Atlántico. Todo llega (gran mentira), y si hoy lo hago en vuelo, mañana será en barco, como he querido tiempo ha.

Somos nuestras experiencias y cómo las gestionamos (es evidente un plagio de Ortega), y lo que se avecina debería ser bueno… Digámoslo con la frialdad de la ética cuantitativa: toca optimizar y maximizar.

Iba a escribir que he conocido suplicios mayores pero que apenas si los recuerdo. Pero lo dejaré simplemente en que este tormento de avión se acaba en cuanto ponga sus patas de hierro en tierra.

Hace unas 24 horas que abrí los ojos y estoy cerca de cerrarlos sobre la cama-destino en la casa-albergue. No está mal para un día: reventado pero en su sitio.

Sobre lo visto en primera instancia, destaco los contrastes; todo es estilo europeo (perdón por el etnocentrismo), te encuentras a Messi en la publicidad, coches modernos, cadenas conocidas, pero el asunto tiene su toque marca de la casa: chevrolets y rancheras, guardias apostados en los negocios con metralletas, intermitentes inexistentes, gente tirada por las calles. Toda una mezcla, todo muy previsiblemente latinoamericano. Pero no es lo mismo imaginarlo tras oírlo, que vivirlo: cuando se respira se llega más adentro.

8.08.10

Escribí demasiado bueno y bien en El Salvador y en mi “Cuaderno de viaje” como para dejar morir todo ello lánguidamente, por eso subo al blog en esta nueva sección algunos de esos apuntes seleccionados, para que algún perdido me lea, para recordar, y para revivir en la medida de lo posible.

Tengo en cuenta eso sí, las palabras de Joseph Conrad y su protagonista narrador en “El corazón de las tinieblas”:

“Marlow permaneció un rato en silencio.

-… No, es imposible; es imposible comunicar la sensación de vida de una época determinada de la propia existencia, lo que constituye su verdad, su sentido, su sutil y penetrante esencia. Es imposible. Vivimos como soñamos… solos”.

Y todo relato es ese intento por captar la esencia y la verdad de una porción de vida, aunque sea inventada. Y yo estoy con Marlow, también creo que es imposible, pero ese es el juego de toda narración, y aunque se fracase perennemente, del mismo modo siempre se seguirá intentando.

Pues bien, ahí va otro intento, algunos apuntes de mi porción de vida de julio de 2010 en El Salvador.

Estoy más vivo que nunca, perdonen las molestias por ello

Sé que no es muy justo para todos mis fans, uno o dos, que desaparezca durante más de un un mes y que finalmente y tras la angustia por mi ausencia comparezca para escribir lo que seguirá. Pero al fin y al cabo, escribir todavía es algo que hago más por necesidad que por disciplina, y la necesidad me llega ahora para describir palpablemente lo que es la globalización. Pero no se preocupen, volveré pronto, y lo haré para relatar mis experiencias por El Salvador y de un modo semidisciplinado, sin embargo, antes de eso, aquí va mi paranoia de turno.
Hacía siglos que no escribía un sábado, recuerdo quizá el último, allá por Berlín, cuando empezaba mi feliz infierno, esa época en la que aprendí a sufrir, a conocerme, y a descubrir que las entrañas te las puede arrancar cualquier persona, hasta la que más te quiere. Puedo decirlo orgulloso: no hay conocimiento malo, ni siquiera ése.
Aquella época es hoy una nebulosa a la que recurro para reaprender, pero hoy acudo al blog porque mi vida ha dado tantas vueltas desde entonces, que me tiene hoy currando en fin de semana; tras Berlín, con Guada, tras Colonia, y tras la primera etapa en Aranjuez.
Así que tenía que reinventarme, y así lo he hecho. Pero claro, la reinvención es una repetición que se desconoce, y si no juzguen ustedes. Hoy sábado curré, como el viernes, y como haré mañana y el lunes, y no puedo decir, «salgo, me tomo unas copas y regreso», todo está demasiado lejos para un lujo semejante. Así que que coño, decido montármelo a mi manera friki.
Para ello convierto el sábado en muchas cosas, pero destacaré que le hago un ejercicio de globalización inconsciente. Así lo muestran los hechos con esa lectura de, «El corazón de las tinieblas», del polaco Joseph Conrad. Hace años no me gustó en exceso, quizá porque no había caído bajo el embrujo de su descripción, quizá por un millón de detalles más. Si hoy lo releo, y si lo regusto, es por Borges, un eslabón más del motivo de estas líneas. Y es que el gran e irrepetible Borges lo incluyó como uno de los mejores relatos de la historia, y leyendo su antología, no iba a saltarme tal joya.
Pero sigamos, tras la lectura unas buenas cervezas, alemanas y hefes faltaría más; las raíces pueden llegar con ochenta años, y a mí hace unos cuantos que me visitaron. Pero hay más, no merece una simple jarra cuando se puede beber en una taza Nahuatl; antigua cultura maya que pobló El Salvador, barro negro cocido y bien elaborado para que la cerveza y su taza se fundan en un abrazo inextricable de siglos y conciencia: el tiempo en un puño con sabor a cerveza: el paraíso.
Y faltaría más, una buena película, quiero decir, cine en mayúsculas para acompañar el oro líquido. Y la elegida fue «Mi nombre es Harvey Milk», con un Sean Pean bárbaro. Pero la globalización es implacable y aún debía enseñar sus dientes: a falta de 30 minutos dijo basta y punto. Y así quedo, sin saber cómo acaba más allá de la muerte del protagonista, porque la película, en un ejercicio de pura tecnología, decide irse al garete.
Desde luego un día bueno a pesar de faltar a mi cita con los bares, pero así cuando acuda a ellos será más intenso, quizá incluso más grato, y siempre en buena compañía. Es curioso escribir un sábado, es una realidad distinta, pero como todas las demás, es.
Ahora me toca ir a la cama, y soñar a poder ser con la palabra que hoy me impactó por su fuerza, por su belleza, por lo crudo y por lo existencialista que tiene. Ahí va otra vez: implacable.
Implacables son los sábados, que nunca vuelven, y la globalización que dice ,»adáptate o muere», y mi conciencia, capaz de cualquier cosa.

Nuevas rutas

En apenas 72 horas mis pies pisarán tierra firme en otro continente, y poniéndome pedante tan bien como yo sé hacerlo, puedo decir que espero hollar nuevas conquistas vitales.

El Salvador como destino de un proyecto que me niego a pronosticar para no caer en ningún tipo de decepción, depare lo que depare, ya no queda mucho para descubrirlo. ¡Allá que nos vamos neuras y virtudes!

3:58 25

Del SÍ al Pedestal de Barro
Recuerdo la intuición, pienso a menudo en la idea, y creo incluso poder arañar la fantasmagórica clase y al profesor al que escuché lo que sigue.
Nietzsche dijo que toda afirmación conduce irremediablemente a Dios, por eso él escribió en aforismos, para romper el ritmo que conllevan las frases afirmativas encadenadas.
La intuición es fácil pero la idea no lo es tanto, por otra parte, nunca encontré tal sentencia de este mago seductor de la palabra, o no lo recuerdo. Prosigamos. Lo que se nos viene a decir, o lo que al menos yo interpreto y quiero aquí señalar, es que las frases afirmativas se van encadenando una tras otra hasta construir un edificio pretencioso que apunta sin lugar a dudas a lo más alto posible, siendo lo más alto ayer y hoy, Dios, si bien muchos «artistas de la afirmación», sencillamente no llegan tan arriba por haberle decapitado anteriormente, en buena medida gracias al propio Nietzsche.
Pero me pierdo, yo no vine aquí a hablar de filósofos, sino de nosotros, y aún más y faltaría más, de mí. Pero antes de centrarme en el aquí y el ahora, un antes para cerrar con ellos: por eso, por lo indicado arriba, es entendible que todos los grandes filósofos, todos los que han tenido una enorme capacidad elaboradora de discurso, se dedicaran a construir sistemas que empezaban por lo elemental y acababan o en dios, o en el primer principio, o en la lucha de dos grandes contrarios constituidores de todo, o… Porque un pie tras otro, una afirmación tras otra, y al final se llega a la cúspide.
Pero lo que sirve para elaborar sistemas filosóficos, también sirve para elaborar personalidades, y por supuesto, egos. Hay egos que no paran de hablar y autoafirmarse: así no hay quien los baje del pedestal en que viven. De hecho, esta sociedad se constituye de pedestales a cada paso, interconectados por la inmediatez y la prisa. Quizá no tengan un gran discurso elaborado, pero con el suyo les basta siempre y cuando lo repitan hasta el hartazgo y no dejen entrar al aforismo correspondiente, es decir, a la negación, esto es, a la duda. Y es que si sus egos dejan pasar a la duda, el pedestal se corrompe, y se vienen abajo, por eso tienen que hablar mucho y pensar poco: hoy se exige la altura, aunque con este sistema sólo se pueda alcanzar la cima más intrascendente; pero cima al fin y al cabo se pensará.
En cuanto a mí, no sé si pienso desde aforismos, desde fragmentos de ideas ajenas y propias (lo propio cuesta sudarlo, y nunca será tuyo plenamente), pero es difícil que alcance algún día tamaña altura mediocre señalada. Eso sí, alcanzaré otras mediocridades, ¡qué duda cabe! Pero al menos no me veo en pedestales de ego, salvo que lo funde piedra a piedra sobre el desprecio a los ególatras de medio pelo que abarrotan nuestros días.