Buenos Tiempos

Debo gritarlo al mundo, aunque el mundo que hay tras este blog sea tan exiguo ¡»Sueños Rotos» está a punto de ver la luz!

Al final no fue un relato largo sino una novela corta. Es increíble pensar lo que iba a ser, y ver en lo que se ha convertido, por qué no decirlo, estoy orgulloso de mí mismo. La sensación es tan agradable. No se escribe por nada, se escribe por necesidad, pero también por orgullo. Esta sensación que me atraviesa me hace tanto bien que me da miedo que se acabe. En unos días hay que volver a empezar todo de nuevo. A buscar nuevas ideas, a crear nuevos personajes, nuevas situaciones… Tanto trabajo que asusta. Pero más asusta abandonar, no ser creativo, conformarse.

2:30

¿Por qué leer?


La semana ha comenzado; todos los chavales duermen al fin y me encuentro ya feliz, leyendo y en el despacho cargado de luz, de resaca por el sábado, sin morir de sueño por mi siesta hasta las diez de la noche, y con “La Regenta” que está en las manos y en el alma.

Rediós, hacía tiempo que no sentía tanta tensión en cada poro de la piel. ¿Cómo es posible que un ateo irredento como yo, que alguien que censura a la Iglesia como yo, pueda pasar momentos tan intensos y parciales a favor de don Fermín de Pas? La respuesta es clara y alta: literatura.

Estoy en el capítulo XXVI, el ateo Guimarán ve las puertas de la muerte cercanas y decide la conversión a la fe, volver al redil de la mano de quien ha calumniado durante meses, don Fermín de Pas. Éste ve la oportunidad de reconquistar Vetusta y marcha para darle los santos sacramentos, sin embargo, una carta de Ana Ozores, se cruza en el camino y decide ir a verla primero. Esas páginas en las que no se sabe si el Magistral de Pas llegará antes o después de la muerte del enfermo, esas páginas en las que el destino de de Pas, traducido en todo o nada, traducido en el milagro de, “haber convertido al ateo”, o el pecado mortal de, “haberle dejado morir como un perro por haber preferido visitar a Ana Ozores primero”, son sublimes. La resaca se hunde en el olvido, las letras vuelan porque quiero llegar a conocer el desenlace al mismo tiempo que me reconcentro en cada coma y por fin, cae la moneda del lado de de Pas –puedo volver a respirar, puedo regresar de Vetusta al despacho, puedo parar y dar gracias a la literatura por hacerme sentir tales instantes.

Ana probablemente hará no tardando otro requiebro, lleva así 800 páginas, don Fermín volverá a pasarlo mal y Álvaro Mesía podrá con seguridad cobrarse venganza, yo disfrutaré de todo ello al servicio de lo que dicte Clarín. Él está vivo como tantos otros escritores mientras yo lo esté, mientras tú lo estés, mientras la literatura sea capaz de hacernos sentir tan vivos que da miedo.

Vetusta está plagada de religión gazmoñera, beatería, hipocresía, miseria moral, y personajes completamente torcidos, don Fermín desde luego no es un ideal, y sé que he tomado partido por un hipócrita personaje que no se lo merece, ¡y como dije soy ateo y anti-eclesiástico por mucho respeto que corran por mis venas! Así que, si no puedo soltar el libro, si no puedo dejar de admirar su construcción, sus calles y sus personajes, será por algo, y claro que es por algo: ¡viva la gran literatura!

Escrito el 8.02.10

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Lo importante siempre es lo que queda por delante, lo andado puede ser bonito, nostálgico, meritorio, pero la apuesta debe ser al presente, a ese presente que mira al futuro y le dice con descaro, te voy a hacer mejor, porque puedo y porque quiero.

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De palabras y hechos:

Durante un tiempo he creído que la palabra es salvífica. Ahora ya no lo creo. Ahora mi intuición es más fuerte: la palabra es salvífica si empuja al acto. Si la palabra no lleva al acto, entonces es una promesa rota, o lo que es lo mismo, un fracaso puro. El acto necesita igualmente de la palabra, pues si no, es ciego, y la ceguera es arbitraria cuando hace, y lo arbitrario no tiende, salvo por casualidad, a ser salvífico.

Todo esto suena demasiado religioso y ambiguo. ¿Qué es aquí “palabra”, y “salvífico”? Además y por lo dicho parece exigirse una fe. Yo carezco de fe, por tanto no puedo aplicarme mi propio mensaje, o quizá pueda traducirlo de un modo conveniente. Veamos.

Las palabras, un discurso, un pensamiento, no sana por muy bueno que sea, si no conduce a la acción que promete. Un ejemplo, puedo encontrar palabras maravillosas para luchar contra la pereza, pero si sigo perezoso no pasan de mera curiosidad. Otro, puedo encontrar perfectos discursos para escapar de las garras de la depresión, pero si sigo sumido en ella las garras apretarán más fuerte.

Ser consciente de lo que digo es la clave. La palabra por sí sola no puede salvarnos, necesita de nuestra ayuda, de un primer paso, al que le seguirá un segundo, que generará un camino. Esto quizá se pueda llamar método sin demasiados problemas. Y es así como hemos llegado a una llave para abrir puertas que normalmente están cerradas: el método.

Reconozco que lo anterior no es ningún método, pero quizá sí una propedéutica del mismo. Es un primer paso, y dije que de eso se trata. El primer paso es común, el resto es una encrucijada a la que invito a enfrentarse.

Cabagalta de Reyes

La fiebre atenaza mi salud, la tos mi humor, los mocos la alegría. Es difícil que se junten tantas circunstancias como para arruinar un cinco y un seis de enero: el estar enfermo, lejos de la familia, lejos de los amigos, lejos de aquella a quien amé. La salud mental comienza por la física, y si ésta falla, es difícil mantener la primera, más cuando vivo en un frágil equilibrio por el que depende del día el estar bien o regular. Ahora toca estar nostálgico y en resumidas cuentas no demasiado bien. Ahora es cuando las horas deben comerse al tiempo para que pueda recuperarme cuanto antes. Quizá entonces empiece el año con los bríos que hasta ahora me han faltado. Quizá entonces los proyectos vuelvan a definirse, quizá entonces me de alguna alegría, o quizá entonces me llegue alguna buena noticia. De todo ello, lo último es lo que menos espero, por lo menos en lo tocante al trabajo, y si no hay ascenso, entonces hay vueltas: cuánto tiempo por Aranjuez, cuándo empezaré a buscar por Madrid, cuándo sacrificaré la comodidad por el lugar.

Preguntas que nadie más que el tiempo responderá, y probablemente sin satisfacción. Ah, problemas que empiezan por mellar la salud y acaban con todo el edificio de mi psique. Ah, toca esperar mejores tiempos, y mejor salud. Qué remedio. Yo, fiebre, te conmino a que huyas, y lo mismo para vosotros, viscosos inmundos, y agarrada tos.

Supongo que consignar esta fecha me servirá para comparar con el próximo año, ¿qué será de mí de aquí a 365 días? La vida da tantas vueltas, que cualquier cosa es posible, pero yo no espero cualquier cosa, yo quiero algo mejor, yo quiero equilibrio, capacidad de esfuerzo, y felicidad en formas que quizá no haya experimentado hasta ahora. Pero aquí nadie garantiza nada, y mucho menos el ir a mejor. Así que, pidamos simplemente capacidad para resistir.

Un resumen para un año

Toda historia tiene cien tonos, cien posibilidades de ser contada, cien lados poliédricos. Un año es muchas historias. Un año es lo que quiero resumir aquí con cuatro trazos mal dispuestos, podrían ser cien, podría sumarlos y quizá me acercara más a la verdad desnuda, pero vestida o desnuda, la verdad no es gran cosa, apenas si es un estado de ánimo. Y el mío, quiere ser el que sigue.

2009 es una añada intensa, llena de matices y de fuerza bruta, los cambios se han sucedido en 12 meses con una fuerza poco común, y eso que en mis últimos años, cambio es lo que ha habido.

Vayamos a un resumen grosso modo: los seis primeros meses fueron de una felicidad casi plena, en lo personal fue inmejorable, y en lo laboral, en lo laboral se puede decir que resistí a la Academia de Colonia, y al final hasta me adapté. Julio fue el mes de la duda corroyéndome por dentro, y la respuesta que di fue la de que tenía que desprenderme de ella, no de la duda, sino de Ella. Agosto fue el mes en el que no sólo no me atreví, sino que me di cuenta de mi locura. Aposté fuerte por Ella. Los dos siguientes meses se llamaron derrota, mi apuesta fue a caballo perdedor, fueron los del derrumbe y la ruina de la relación. Además fue la búsqueda desesperada de un trabajo en una España en paro –al menos esto lo encontré. Octubre tuvo la secuencia final, el adiós a nueve años, y lo que fue todavía peor, la vorágine que me llevó a un laberinto del que todavía trato de salir, cada día, cada hora, casi cada minuto. Pero noviembre y diciembre han sido los meses en los que aprendí que entre suspiro y suspiro, toca disfrutar, y soñar, y por supuesto, escribir.

Este año fueron muchas cosas, quedará con perspectiva como el año en que lo dejamos, pero también como el año en que escribí mis primeras buenas historias, o al menos eso espero. Escribir es ya una necesidad que necesita ser saciada con regularidad, y espero que en el 2010 sea el primero en el que esa necesidad necesite ser saciada cada día, casi cada hora.

Has sido una añada agridulce año 2009, has sabido como sabe la vida, contradictoria. Brindo por ello. También por el dolor que abre el mundo hacia nuevos caminos. Ahora cada esquina sabe a posibilidad. Brindo por ello. Ahora el pasado huele a nostalgia. Brindo por ello. Ahora el presente ya no es paraíso, pero tampoco el mismo infierno. Brindo por ello.

Canal Cero

Una de las grandezas y al mismo tiempo una de las miserias que nos constituye como especie, es la capacidad que tenemos para fascinarnos, y no sólo con los grandes misterios del universo, o con los menores, o con pequeñeces terrenales o absurdos humanos, sino también con lo fútil y vacuo, pues también somos capaces de apasionarnos con aquello que no nos aportará nada.

Para acabar prendado por cualquier cosa, apenas necesitas de algo más que tiempo. Cuanto más tiempo le dedicas a una cosa, a la que sea, más importante te parecerá y más atracción sentirás por ella. Así tiende a dar igual que se trate de literatura, de estrellas, o de televisión. Objetiva, potencial y tristemente, engancha tanto leer a Cervantes como ver al friki de turno y de moda.

Una sociedad que no aprecia el esfuerzo, no invertirá sus horas en aquello que apasiona pero que cuesta. Y es que una sociedad que no aprecia el esfuerzo, malgastará su tiempo en aquello que no cuesta esfuerzo, aunque probablemente sí dinero. Por tanto, una sociedad como la nuestra, que como habrán adivinado es de las que no aprecia el esfuerzo, está montada a lomos de un tiempo que cabalga sobre grados indecentes de bazofia.

Cómo no comprender ahora que la normalidad –que no es otra cosa que el mayor número de casos de algo-, arroje y produzca a ciudadanos medios que en circunstancias medias sabrán todo del friki, y nada del genio. Es más, el gasto de su tiempo hará que necesiten saber del primero, y reírse del segundo.

Todo lo anterior podría no parecer problemático si usamos las varas de medir que se usan en nuestra sociedad, como por ejemplo la del dinero o la del éxito: lo importante no es ser médico o crápula (hoy día hay muchos adeptos de esta profesión), lo importante es que seas lo que seas, debes tener los bolsillos llenos. Pero quiero ir más allá y enfrentarme a otra vara, predilecta de los gurús que llenan las pantallas, y que reza lo siguiente: lo importante es ser feliz, ¿y si lo somos mirando una pantalla para qué necesitamos enfrascarnos en batallas mayores?

Reconozco que la respuesta que daré quizá sea demasiado subjetiva, pero me sirve para romper sus varas, y no es otra que el poso. Enfrascarnos en batallas mayores deja un poso mayor. No es lo mismo leer “Guerra y paz”, que ver un partido de fútbol, no es lo mismo ver “Ciudadano Kane”, que leer prensa rosa, no es lo mismo comprender la teoría de la relatividad, que atender al último modelito de la reina. Como dije, quizá estemos ante algo subjetivo, pero los que hemos probado de los dos lados, sabemos que el poso que deja uno y otro, nos hace identificar lo que vale la pena y lo que no, nos hace saber cuando estamos perdiendo el tiempo y cuando no.

En cualquier caso el problema no es la subjetividad, sino la objetividad. El problema es que esta sociedad nuestra, trata a la mayoría de sus ciudadanos como idiotas, dándoles un tiempo idiotizado y banal, que produce así banalidad e idiotización. El problema es que se está sembrando una sociedad estéril que recoge y recogerá su fruto en personas con forma de cáscara vacía.

Y termino con brevedad: el círculo es vicioso, y continuará imparable. Pero hay que decir que hay responsables, y que hay que señalarles con el dedo. Y por supuesto, que hay que ofrecer alternativas. Hay que ofrecer otro tiempo, hay que ofrecer otro ocio, hay que revalorizar el esfuerzo.

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¿Sólo se vive una vez?

No estoy de acuerdo. Lo que creo más bien es que sólo se muere una vez y se viven muchas. De hecho, ésta es la gran ventaja de la vida frente a la muerte… si sabes aprovecharla.

El juego de la vida es largo, no provoques nunca tu último aliento, pues en tal caso en el último estertor de ese último aliento, sólo habrá arrepentimiento, y la marcha atrás ya no será posible.

Cuanto más conozcas las reglas del juego, más posibilidades de tener éxito. Aquí nadie garantiza nada, pues esto es una de sus reglas. Quieres otra, el camino es lento, sinuoso, y está lleno de múltiples veredas: detrás de un largo invierno puede aguardarnos una fugaz primavera que justifique la peor de las nieves.

Y abre los ojos porque aún se puede ir más allá, se puede gozar del frío ateriendo tus heridas, se puede degustar la sangre corriendo por tu alma, se puede ser feliz incluso bajo la rota fragilidad humana. Busca el modo, y búscalo por ti mismo, porque ciertamente puedes apoyarte en otros, pero recuerda que es tu vida, que serán tus reglas, y que será tu juego.

18.12.09