50

Sospecho que cuanto más sabe y aprende uno, mayor conciencia cobra de su insignificancia. Es por esto muy difícil elegir el camino pavoroso del autoconocimiento. Sin embargo, quien elige este sendero, puede llegar a observar en unas pocas ocasiones, cómo las paredes del pozo brillan con tal intensidad, que hacen merecer la pena el voluntario hundimiento de la conciencia.   

49

Con el tiempo uno va pasando por tantas escuelas de la vida que a veces hasta se pierde la cuenta y la perspectiva. Sin embargo hay regustos que uno no pierde nunca, como la apelación al estoicismo para los malos momentos, o como esa certeza esquiva que a veces se roza con la punta de los dedos, y que apunta a un crudo nihilismo que en cambio vislumbro con actitud positiva. 
Y es que por más que considere que casi nada vale nada, ese «casi» me resulta más que suficiente la mayor parte del tiempo. E incluso, para los momentos de desazón total, para esos instantes donde el peso de la existencia cae a plomo y grita que todo vale nada, incluso entonces, ese caer, esa furia de sinsentido, ya resulta ser algo.

48

Supongo que como otros muchos clamo contra dios por no serlo. Pero no me asemejo a la mosca que Nietzsche menciona en Sobre verdad y mentira en sentido extramoral, ensoñándose reina del universo.

Lo diré de otra manera: anhelo la eternidad, incluso fantaseo y ficciono con ella, pero no me engaño y me reconozco aunque me duela, mortal, falible, triste instante.

Así que sí, soy un triste instante incapaz de trascender. Quizá por ello he comprendido que la esencia de la felicidad humana está en los momentos, y que si un momento me hace feliz, entonces debo dar gracias al Misterio que lo hizo posible, sea cual sea, acogiéndolo como una armadura futura.

Una armadura de momentos que estará presta a resistir cuando los malos vientos azoten, pues hay que saber que al igual que lo bueno, lo malo te zarandea para un lado y para otro, e incluso (o sobre todo), lo hace contra el suelo. Pero qué agradable me resulta saber que siempre hay rachas que me elevan a las nubes. Entonces, hasta con descaro miro a dios a los ojos. Y sonrío, gozoso de saber que mi fugaz sonrisa de comprensión es cuanto hay reservado para mí, y que esto precisamente no es poco.

47

Me reconozco impío y blasfemo y no tengo mayor inconveniente en confesarlo. No quiero decir con ello que me guste por ejemplo cagarme en Dios, cosa que nunca hago ni me agrada oír, o que vaya por ahí molestando a sinceros creyentes, cansinos beatos, o peligrosos fanáticos. No, no soy un irreverente de ese estilo pues no sólo allá cada cual con su Creencia (siempre que respete la mía y mi integridad), sino que además reconozco una envidia más o menos sana para aquellos que profesan una fe ciega, y admiración por otros que como Pascal, Kierkegaard, o Unamuno, agonizaron en su duda para terminar venciendo en su Fe. 
Y sin embargo…
me reconozco sacrílego diletante cuando por ejemplo me siento en catedrales para pensar en mundaneidades varias y heréticas, o cuando juego con el lenguaje dogmático para marcarme alguna que otra barbaridad que me debe condenar derechito al infierno, o cuando reto a Dios, a Cristo, o a su Madre, para que se me muestren y me hagan sangre, polvo, nada… o réprobo inminente si lo prefieren.
Y sin embargo…
no hay manera. Pero yo insisto e insistiré, y si me preguntan mi motivación, saldré pronto al paso diciéndoos a vosotros que si les llamo a Ellos, que si supuéstamente les injurio, que si les reto al modo de, «bajad aquí si os atrevéis», es por una causa bien sencilla, y es la de asemejarme de alguna manera a un dios, en la esperanza de picarle, y de ponerle a mi altura o de que Él, o Ella, o Ellos, me pongan a la suya, aunque sólo fuera por un instante y para mandarme al quinto infierno. 
Y sin embargo… nada de nada. Pero les soy paciente, y ya me llegará la hora de pagar… si se atreven.

46

Siento que si algún día resolviera no ya todas mis contradicciones, sino tan sólo la mitad, o incluso alguna de ellas, podría morirme antes de tiempo, pero no sé si de paz o de hastío, si feliz o encabronado, si con sentido, o lleno de absurdos. Y sospecho que no soy el único que alberga tales sentimientos.

44

El dolor enseña más que el placer, y el error más que el acierto. Así de lo que se trata es de querer aprender. Con todo, hay que cuidarse de los detalles pues que enseñen más no quiere decir que necesariamente lo hagan mejor. Si se consigue que al menos la mayor de las veces cantidad y calidad vayan de la mano, tendrás el consuelo de poder decir que cierta sabiduría no te falta.

43. Rabia y Sentido

Yo escribo
Tú pintas
Él y Ella canta
Nosotros resistimos
Vosotros resistís
  Y ellos nos machacan…
O lo intentan. Somos números, códigos de barras, el frío dato de una estadística, de una ley, de una trampa. Nos quieren dormidos, si despertamos, nos quieren gritando “circo”. “Pan” como mucho para ti, si lo haces susurrando, y nunca para tu hermano, que no los tienes, porque son de otro color, o de otro país, o de otra sangre, o de otro armario. Y no se te ocurra abrir el pico con estas cosas, porque eso sí que es de otro siglo, de trasnochado, de anacrónico, de fanático, de iluso, de demonio, de sin dios, de borracho.
                                                                               Pero si miras en la dirección adecuada, hacia las manos, en los ojos, incluso al alma –que quizá no es lo que nos dicen pero que es-, tu puño y el mío hacen un corazón, y nuestro corazón más vuestro corazón hacen un cerebro. Ramifiquémoslo, complejicémoslo, comprendámoslo… y nos veremos más vivos que nunca. Escribo y resisto, pintas y resistes, cantan y resisten, cada uno a su manera, pero a la manera común de saber que gritando en el desierto con el corazón en una mano, el cerebro en la otra, y rodeado de otros tan ilusos como uno mismo,
se puede convocar a la lluvia para que sane pequeñas heridas.
No queremos sanar el universo, no podemos y no lo pretendemos,
pero tampoco queremos oír que nada se puede hacer, salvo salvarse tal vez uno sus bolsillos.
Porque si vivo, es verdad que es para morir, pero lo haré dejando una pequeña estela maculada de sentido, pequeña y sucia tal vez, pero de sentido al fin y al cabo. Para mí, para ti, para nosotros, para vosotros, y contra ellos.