20.07.10

20.07.10

Ayer me dieron una disertación sobre los cuatro tipos de iglesia que hay aquí y tuve la desfachatez de no apuntarlo. Fue Rocío, a sus 14 años, y más o menos dijo así:

La 1ª es la Iglesia Católica tradicional. La 2ª sería la Evangélica, donde te dan un discurso muy bueno y muy bonito para que al final les pagues. La 3ª sería aquella por la que no puedes hacer nada, todo es pecado y si acaso y a veces te permiten respirar. La 4ª sería donde ella asiste, aquella en la que se ponen del lado del pobre, y si se tiene algo se comparte con quien no lo tiene. Le pregunté si era la teología de la liberación y me dijo que sí. A destacar la 2 y la 3 y por supuesto sus 14 años.

En cuanto a hoy, viví otra foto que fue una pena perder. Fuimos una de las compañeras, la hermana Marisa y yo (la otra compañera decidió no venir y parecíamos un chiste –la rubia, la monja y el coleta van por la mitad de El Salvador y…) a visitar unas familias y un colegio, y en una casa, una niña se puso a jugar con unos tapones de fanta y un tablero viejísimo, grande, sucio y ajado, a las damas. Esa niña, jugando a ese juego, en esas condiciones en las que se encontraba la casa, en el suelo y a la entrada, no tenía precio y sí mucho arte. No hubo foto pero jugué con ellos (luego se unió un hermano) unos minutos. Fue precioso y una pena que durase tan poco, pero había que irse.

En cuanto al colegio, me enteré que el gobierno ha puesto en marcha dos programas, uno de uniforme gratuito por el que no hay rivalidades ni distinciones; funciona más o menos bien. Y el otro de refrigerio, por el que todos los chicos pueden llevarse un bocado al coleto por asistir a clase, el único que algunos podrán dar, y para muchos, el mejor. Desde luego, no son malos programas.

Como tercer punto destacaré que hoy se terminó de conformar la actuación con A., la última chica en llegar y a la que al parecer le persigue la mara…

… el miedo es libre, pero la conciencia cuesta mucho esfuerzo como para que vaya derrochándola por las esquinas cagadito de miedo.

Renuncié a Nueva Trinidad, es decir, a lo rural, a “la selva”. Mis compañeras dijeron “no” y me ha tocado tragar, la puta dictadura de la democracia. Espero que al menos las alternativas merezcan la pena.

19.07.10

19.07.10

Según se mire la vuelta al lunes fue bien tranquila o bien fregada. Empezó como lo segundo y luego discurrió suave. Resulta que A. contó que este fin de semana los mareros quisieron acabar con una amiga de su hermana, y disparándola, alcanzaron a su hijo de siete años que ahora se debate entre la vida y la muerte. Por si fuera poco, al parecer ahora la buscan a ella y a su hermana. Y ya tenemos el pitote por tema de seguridad, miedos y acojones varios y lógicos.

Lo de este país y las maras es de psiquiatra. Ya podía bajar Dios a ras de tierra y aventarlos de una vez y para siempre hasta donde se pudrieran a gusto, pues por aquí rezan tanto al Señor, que algo podía hacer por la gente pobre.

17.07.10

17.07.10

Saberlo no quita de sufrirlos: los sentimientos regresan sin previo aviso.

Al margen de nostálgicas anotaciones, diré que esta ciudad de abolengo colonial, es una preciosidad. Está bien cuidada, el turismo se funde equilibradamente con la población local, y si uno se aburre sólo debe levantar la vista para contemplar el círculo de montañas rasgadas de nubes que rodean La Antigua. Una pena que no vaya a pisar ninguno de sus picos frondosos y tropicales. Otro bosque que se me escapa.

No es justo comparar, pero Guatemala sigue goleando a El Salvador en cuanto a país, por lo que mi proyecto en F.A. se revitaliza. Vine a ayudar en un núcleo de pobreza, y en eso El Salvador gana de goleada a Guatemala, si bien no se me va de la cabeza que hace apenas dos días leí en 20 Minutos que este país copa el quinto lugar del ranking en cuanto a desnutrición infantil. No está siendo mi impresión, pero de nuevo diré que mi conocimiento del país está siendo superficial hasta decir basta [días más tarde puedo afirmar que efectivamente todo eran impresiones falsas ya que Guate tiene mayor pobreza que El Salvador].

Pocas horas más tarde de disfrutar del paseo diurno de La Antigua, visité el hotel “Santo Domingo”, por recomendación de nuestra coordinadora en España. No esperaba algo excepcional, pero resultó ser un antiguo convento español que caída la noche, se ilumina casi en su totalidad con velas, y el resultado y la belleza de las “ruinas” sí que resultan impresionantes.

Escribiré aún que tuve la mejor comida (en realidad cena), de todas cuantas he tenido estos 17 días, pedí estofado de pelibuey; según el camarero carne entre el cordero y el cabrito, para mí, carne riquísima a secas.

16.07.10

16.07.10

Ayer fue uno de los días más interesantes desde que estoy aquí y sin embargo, el primero si no me falla la memoria, en el que no escribí nada. La razón es simple, no estuve en casa hasta casi las diez de la noche y en lugar de estar acompañado por la tormenta de turno, me acompañó una tormentilla y un dolorón de cabeza incompatible con la escritura. Pero vamos hoy a por ayer.

Sintéticamente digamos que empecé en un cementerio y acabé al lado de una langosta, que empecé con la fe más ignorante y acabé con una muy elaborada.

Ahora no seré breve.

Iniciamos el día con otra visita familiar, esta vez a la casa de las primas Sara y Katty, y que resulta que viven en otro municipio, por lo que nos tocó andar bastante, ¡y en un cementerio!

Si no fuera porque… qué narices, el cementerio era para echarse a reír, al menos si uno viste mi negra piel. Resulta que al llegar nos topamos con lo que llamé el “cementerio de juguete”; las crucetas o cruces eran de colores llamativos, ahora un morado, aquí un naranja, allí un amarillo, y además parecían de golosina. Si no las mordí es porque aún conservo un poco de decoro. Por si fuera poco, estaban “documentadas” con rotri (al menos no vi tipex ni tachaduras de nombres y fechas). Por último, para llegar a la casa había que seguir un camino que consistía en inventárselo por encima de aquellas tumbas.

Tras el camino, Rambo, un pastor alemán de muchas pulgas y más dientes, eso sí, convenientemente atado. Y al fin, la casa. Bueno, si una casa es donde hay un ladrillo aquélla lo era porque tenía unos cuantos, por muy mal puestos que estuvieran, por mucho que reinara la chapa y la madera, y por más que apenas se sostuviera sobre un barranquillo y se columpiara cerca de un precipio.

Como me ocurrió hace dos días, lo más interesante aún no había llegado, ya que todavía nos faltaba la historia personal, la de la abuela de las chicas que era quien las había criado con la ayuda de algunos tíos, ninguno mayor que yo.

Esta vez no es una historia para llorar como la de la niña parapléjica, esta vez es para reír, o algo parecido. La abuela comenzó a decirnos tras la pregunta de la trabajadora social, que ya se encontraba mejor, que había tenido “un agujero en el corazón y que era cáncer, pero que en su iglesia estaban haciendo oraciones por ella, que una profetisa había hablado con Dios y éste le había dicho que tenía cáncer pero no del terminal, y que se curaría.” Así las cosas ella ya estaba mucho mejor, algo que por otra parte no dudo por la capacidad que tenemos de psicomatizar.

Ante la esperpéntica disertación sobre el cáncer que recibimos, yo escuché y callé, si bien una de mis compañeras se puso algo negra y quiso explicarle a la anciana alguna cosa sobre el cáncer, por suerte fueron pocas, porque sinceramente, en estos casos, ¿de qué sirve meterse en fregados que no conducen a ningún lado? El caso es que nos fuimos de allí impresionados por las condiciones de vida que pueden llegar a darse, y por las cosas en las que se puede llegar a creer.

Doce horas más tarde, quizá algunas menos, nació otra historia a raíz de esa visita que catapultó mi humor negro. Seré rápido. Hablábamos de que era una pena no hacer fotos de estas historias y de estos lugares, pero que no era plan, dije, el ir haciendo fotos, y que sólo faltaba que le comentáramos a la abuela que posara para la foto y dijera “¡Cáncer!”, como quien dice “patata”. Bueno, pues la gracia debió ser muy ocurrente porque para una de mis compañeras se convirtió ipso facto en una de las anécdotas del viaje.

El día fue transcurriendo con su rutina de niños donde lo más destacable fue enterarme que Mejicanos no es el municipio más pobre de San Salvador, sino sólo uno de ellos.

Y así llegamos a la tarde y a nuestra quedada con el pastor Roberto. Estábamos citados para las 17:15 en una de las zonas más lujosas de la capital, La Gran Vía, un recito que me recordó a Europa, a Alemania de nuevo, y más a Bayern que a otras zonas.

Llegaron a las 17:45, con justificación. En ese impás, mis compañeras entraron en Zara, nació la coña de ¡Cáncer!, y nos preguntamos cuantas personas de la iglesia evangelista aparecerían. Al final sólo fueron dos, el pastor y su mujer, Yoli. La feliz pareja llegaban con la intención, no me enteré hasta unos minutos antes, ¡de reconvertirnos a la fe! Resulta que cuando mi compañera conoció en el avión al pastor, hicieron un trato, si nosotros asistíamos al culto, él se comprometía a una cena donde nos convencería de Cristo. Ahí es nada.

Continúo la historia mucho más tarde y mucho más lejos, y no sólo porque esté en otra ciudad a San Salvador, Antigua, y en otro país, Guatemala, sino sobre todo porque ocupo ahora no la silla pupitre de la Casa Albergue, sino un sillón aterciopelado en un hotel de 4 estrellas. Pero sigamos.

El caso es que la velada fue agradable, fuimos de nuevo hasta el Pacífico y allí comí un buen “cerviche” y pescado, aunque claro, mi educación y la sospecha de que pagarían ellos (si hubiera pagado yo creo que tampoco), me impidieron pedir langosta a 20 dólares, algo que sí hizo la mujer del pastor. Pero al turrón de la conversión aunque sea breve. Entraron en el tema con cuidado, no querían asustarnos. Pero nosotros no queríamos bromas y nos posicionamos enseguida. No fue sin embargo una gran lucha, hubo mucha cortesía y mucha educación. ¡Y por momentos me sentí marginado! El tal Roberto tenía por propósito a mi compañera y yo parecía objetivo menor y si acaso lo era. Acabamos donde empezamos, todos en su sitio y amigos, y no es poco, apenas hubo batalla teológica, y nada sobre cuestionar la Biblia.

Las horas me han castigado, quizá hace unas cuantas hubiera escrito más, pero aquí y ahora es lo que hay.

GUATEMALA

País y capital comparten nombre. Por lo visto hasta ahora se parece poco a El Salvador. Su orografía es espectacular y sus bosques tropicales acosas la carretera a ambos lados. Llegar a la capital es además un registro distinto a San Salvador pues se ve mejores infraestructuras y menos pobreza (esto es al menos la primera impresión, por otra parte el tiempo no dará para muchas más, y siempre desde la óptica de un viaje de turismo frente al de cooperante que realizo en San Salvador).

Al llegar al hotel donde haríamos el traslado para Antigua conocimos a un tipo que resultó ser vicedecano de una universidad de aquí, y si le dejamos nos pone casa y trabajo en el país…

Y ahora aquí estoy, con una buena cerveza, la mejor en este país, de nombre Gallo, y amarga como a veces apetece tomar la cerveza.

Para acabar, el inicio de un relato que quizá no escriba nunca, pero basado o al menos inspirado en hechos reales. Reales y míos:

14.07.10

14.07.10

Son las 19:00 y un pico corto, las niñas trabajan en sus tareas o juegan, mis compañeras las secundan, pero yo me retiré a mi litera-aposento para escribirte: merecido me lo tengo.

La tormenta arrecia, y tirando por lo justo es la quinta o sexta noche consecutiva que rompe a llover tras marcharse el Sol.

Entre truenos y una gripe que parece –al menos eso espero- remitir, escribo lo más interesante de este accidentado día.

Comenzó sobre la 1:00 de la madrugada, cuando la mucosidad y la tos me levantaron del catre para pasarlas canuta al no poder respirar bien durante un rato de cojones: mi peor noche con diferencia.

Coralia me pidió que reposara pero las visitas a las familias me resulta de lo más interesante en este momento, por lo que me armé de fuerzas y me alisté.

Ya en la primera casa el día cobró sentido. Analizaba como siempre la estructura de la vivienda, sus condiciones, etc., y cuando pensaba en el techo renegrecido a causa de la cocina, y cuando lo hacía a la par que mis ojos alternaban con mirar a la niña de dos años que estaba tumbada sobre la cama, la madre comenzó a contar una historia flipante tras un, “esta niña es un caso especial”, de la hermana Marisa (trabajadora social, monja, francesa, valiente y simpática).

Resulta que la niña, enferma de neumonía, no estaba tumbada sino postrada, pues cuando tenía 1 año, mataron a tiros y en su calle a un tipo, y una de las balas perdidas destinadas a ese marero, quiso encontrar a la pobre niña, de nombre Alí, y no bastando con atravesarla los dos pulmones, la bala le dañó también la médula espinal. El plomo se alojó en un costado y tras mucho esfuerzo lograron extirparlo. El resultado sin embargo fue que quedó parapléjica y débil de los pulmones.

Mientras la madre narraba la historia metiendo a Dios y a la fe por todo resquicio (“gracias a Dios”, “Dios me puso a prueba”, “por la fe que tengo…”, “creo en la Virgen para…”, etc.), una de mis compañeras se medio mareó, y la otra rompió a llorar. En esos momentos yo pensaba en Dostoievski, en Iván Karamazov, y en su argumentación contra Dios por la crueldad del mundo hacia los niños y por la permisividad que demuestra: ni puedo ni quiero sacudirme lo que soy.

La compañera semimareada vino a caer del todo en la siguiente casa, si bien la sujetamos a tiempo. Pero las visitas de las otras casas ya estaban destinadas a ser historias menores. Mi otra compañera se marchó con vértigos al poco de regresar al Centro de Día, pero yo allí me quedé bregando con los peques y mi gripe. Al menos pude quitarme el mono de futbolín gracias a un cutrecillo “futbolito”.

Por cierto, por la mañana paseé entre ruinas y por la tarde lo hice dentro del llamado Metrocentro que apesta a Europa y dinero: el corte inglés de turno. Hacía mucho que no lo decía: contraste.

No quiero olvidar la interesante conversación que tuve con don Ovidio (el deje del don me causa simplemente gracia) sobre las maquilas y su práctica; aquí se hace la ropa, se sube a USA, se pone la firma, y se baja mucho más cara. Negocio redondo para los de siempre. Y además recuerdo que trabajar explotado en las maquilas es todo un estatus, algo que la gente aprecia.

Recordemos a Nietzsche escribiendo que lo que no te mata te hace más fuerte. Saldré de aquí muerto o más fuerte, pero sin término medio.

13.07.10

13.07.10

El griposo continúa.

Hoy visité tres casas por llamarlas de alguna manera. Ahí va la experiencia.

En la primera vive Kevin, el tiempo y mi catastrófica memoria provocarán que olvide su rostro, y será una pena, porque da felicidad mirar esa cara. Menos alegría daba su vivienda, a la que he bautizado como una “casa corral”; allí las gallinas comparten sus espacios con las ocho personas que habitan ese extraño y oloroso lugar, construido por ellos mismos y como buenamente pudieron. Ahora al menos, combinan cemento y latón, ya que antes el primero no existía.

La segunda casa fue como la primera que visité ayer, esto es, un mesón (una serie de espacios compartidos de tal manera que cada espacio es una habitación y cada habitación una casa), quizá más pequeña y sucia todavía, pero donde no llegué a entrar al quedarnos afuera. Allí vive William, una de las caras-chiste más chiste que he conocido nunca. Él es tan simpático como su cara, y su dentadurita pica, la suciedad circundante, y la rata con alas que tenía por mascota, no son capaces de apagar ni un ápice mi cariño hacia ese chiquitín tan gracioso.

La tercera casa fue la de Evelyn, la chica con problemas en el habla, rechazada por sus compañeros, siempre sucia, y siempre buscando cariño…

Su casa –cuando digo casa me refiero a las zonas de corral y a los 5 metros cuadrados donde cabía la cama, dos televisiones de las cuales probablemente no funcionara ninguna, el tendedero por el techo, y ropa y libros tirados de cualquier manera, no estaba tan mal como imaginábamos, pues había 4 buenos muros y un aparente buen tejado de latón. Ahora bien, no hay que felicitar al constructor de éste último, pues era absolutamente plano y poco práctico, que sumado a los agujeros que había, provocará horribles goteras en este infierno tropical.

12.07.10

12.07.10

Griposo total en el día en que me quedo de piedra al enterarme que echan a Manu del curro, también a Olga, y que nosotros, mi turno, rotará todos con todos sin sentido alguno, o al menos sin que yo lo conozca. Aunque sea cual sea, será malo pues me tocará en fin de semana, así que la jodienda está servida.

En cuanto a lo importante, digamos que hoy empecé con las visitas familiares. La primera fue a una casa cuartucho llamado “mesón”, donde vivían 3 o 4 adultos y un bebé de 10 meses. Las condiciones en esos metros dejaban mucho que desear y nos dijo la trabajadora social, Silvia, que el “mesón”, es un modo característico de vivienda aquí en El Salvador, consistiendo en un pasillo largo que va llevando a distintos cuartos y cada cuarto es una casa.

Luego marchamos a una vivienda más grande, con mejores condiciones y con tres pericos muy graciosos por mascota. No vivían en la abundancia y ni siquiera era una casa de tamaño medio, pero sí mucho mejor que la anterior, donde una cortina hacía de pared y los metros se contaban con los dedos de las manos.

El día…

11.07.10

11.07.10

Y esta parte de las crónicas veteadas y condicionadas por el fútbol, acaban aquí: España ganó el Mundial. El pulpo Paul acertó 8 de 8, con un porcentaje que supera al mejor cantamañanas, a cualquier vidente, a todo destino. Si no fuera pulpo sino cualquier otra cosa con forma humana, se le divinizaría, pero como es pulpo, lo más posible es que acabe a la gallega. Nunca una casualidad dio tantas veces la vuelta al mundo de boca en boca.

Al margen de la selección, del pulpo y de la estúpida alegría futbolera, no hay mucho que destacar…

10.07.10

10.07.10

El día cuando el reloj marca las 19:15 fue largo, pausado a ratos e intenso por momentos.

Dormí como el mayor de los perezosos pero con un sueño trufado de 1001 ruidos, descollando el de la peor gotera que quepa imaginar. Tras la levantada la agenda marcó la Playa de la Libertad, allí me bauticé en el Pacífico y traté de partir sus aguas sin éxito alguno. Pero eso sí, la foto ahí queda para el recuerdo. Y como recuerdo quedará su arena negra y la bravura de sus olas. El baño apenas existió pero el rato fue grato, y desde aquel rincón del mundo gobernado por un español (estuvimos en un “recinto” llamado La Costa Brava), vimos una predicción más del famoso pulpo Paul. La penúltima, porque mañana juega España y su última elección de ostra-bandera debe quedar para el registro de su gloria profética.

Nada más montarnos en el taxi de don Ovidio estalló la tormenta tropical de turno, pero el día ya nos había respetado y donde íbamos, camino de un culto evangelista, nos daban igual los truenos y las centellas.

Como experiencia fue muy interesante. Nada que ver con una misa católica, apostólica y romana. Aproximadamente la mitad del tiempo consistió en un concierto rock de alabanza a Dios y Jesús, con un grupo de jóvenes como músicos, un par de cantantes y dos pantallas gigantes donde seguir las letras (sin acentos, por cierto). En esta parte del culto se podía apreciar una clara intención de exacerbar el sentimiento y aplacar la razón. Algo que por otra parte no fue ningún secreto porque la segunda parte del culto, con el pastor Roberto como protagonista de la palabra, consistió precisamente en la idea de que a Cristo se le llega desde la pasión y la fe y no desde la razón. El pastor no paró de decir que no se trataba de hablar bien sino de llegar al corazón, pero él obviaba algo que sabía, que para llegar al corazón hay que hablar bien, y más cuando te pones delante de un auditorio semanal o diariamente.

Jugó con esa idea, rechazó constantemente la razón usando razones argumentativas (la NASA se gastó…; Dios te protege porque “estoy vivo” –después de un atraco o varios), tiró de ironía, humor y espontaneidad con verdadera clase, fue muy amable y atento con nosotros, demostró que hay que ganarse a los jóvenes, y usó de sus palabras para deshacerse en elogios y dulzura hacia su mujer, futura mamá.

En fin, fue hábil a más no poder, pero esto es lo de siempre, no se va uno a cambiar de bando por una buena cháchara, y es que sigo creyendo en la mía; en esa que advierte que la Biblia es cualquier cosa menos fiable y digna de confianza; que el fenómeno religioso es un claro antropomorfismo donde el hombre necesita de Dios y lo crea, y no a la inversa; y que mientras haya respeto del creyente al ateo y de éste al primero, todo puede marchar bien.

Y por supuesto, que aquellos que encuentran un Sentido en la vida terrena con vistas al cielo, tienen mucha suerte, pero que yo, desgraciadamente, para tal asunto no levanto los ojos de la tierra firme, y si lo hago, es para mirar las estrellas y no a Dios. Amén (permítanme la broma).

9.07.10

9.07.10

Quisiera recapitular algunos de los puntos más importantes hasta la fecha.

En primer lugar y como escribía el último día, los niños son como dioses en tanto que son capaces de forzar al destino y vencerlo. Ya pueden haber sufrido el peor de los infiernos, que con un poco de suerte son capaces de apagar cualquier llama y reírse de todo determinismo.

En segundo, que esa cualidad divina les sirve a ellos pero no a la especie humana, o al menos no en cuanto a mejorar la Historia, pues ésta se repetirá, si no en un rincón del planeta en otro, y eso cuando no ocurre en los cuatro costados a la vez.

Siguiendo con la idea del niño, recurriendo a la conceptualización nitzscheana y echando mano de la imaginería popular, déjenme decirles para terminar que necesitamos muchos más hombres y mujeres niño, así como un buen ejército de leones para defenderlos de tanto lobo como anda suelto (y que me perdonen los lobos por recurrir a la vieja, injusta y desgastada imagen). Pero por desgracia estamos tan lejos, y por desgracia hay tanto camello…