5:00

Escribo desde las últimas horas de esta sección, porque apenas si me quedan cuatro horas y media para terminar con este trabajo que durante un año me dio tantas alegrías y tantas penas, tantos buenos recuerdos y algunos malos, tan grandes compañeros, y tan pequeñas miserias.
Recuerdo, o creo hacerlo, el día que me confirmaron que entraba a formar parte de este proyecto, dando saltos de alegría por entre los pasillos de la nave de esa empresa cuyo nombre no consigo apresar, me sentía pleno y seguro de que por fin tendría un trabajo que me satisfacería: no me equivoqué. Tras un año y algunas migajas de días, me marcho consciente de que abandono el mejor trabajo que he tenido, y que lo hago por un proyecto de naipes en el aire
-no soy un funámbulista, pero he arriesgado como si lo fuera.
Hago lo que no considero oportuno, ni siquiera inteligente, y por supuesto lo que no me conviene, pero hago lo necesario para forjar un azar más atractivo, en cierto sentido, hago filosofía contra un posible adobamiento. Lo que dejo atrás me gusta, lo que se avecina me asusta: el reto es el camino.
A mis veintisiete años puedo decir lo que ya muchos no pueden, permanezco libre y con mi futuro agarrado a mi cintura. Libre de cadenas laborales, de pesados ladrillos que deben ser pagados de por vida, y de lugares que bajo el nombre “hogar” son yugos encubiertos. Libre de todo ello, la caída es tan factible, que el vértigo sacude aún más los frágiles cimientos de mis certidumbres.
Sin embargo no me dejo llamar “loco”, puesto que aunque haga una pequeña locura, no pasa de ahí, y cuando quiera, puedo encadenarme. Quizá lo que me moleste sea eso, que siempre puedo retroceder. Pero más bien estoy seguro de que lo que realmente me deja este sabor estridente en la boca, es esa incopatibilidad mía que por un lado tira hacia la comodidad y por otro ansía la aventura. Ahora gana la segunda y sufre la primera, pero si las cosas marchan y me aplico el cuento del esfuerzo que he pregonado entre mis chavales durante este año, quizá consiga que la segunda se dé la mano con la primera. Aunque entonces me quedará por encontrar nuevas razones para fustigarme.

3:20

En una de mis últimas noches de este trabajo insomne que finalmente no lo fue tanto, la música domina sobre cualquier otra apetencia, y Robe sobre cualquier otro músico.
En esta noche a mitad de diciembre, cuando la incertidumbre moteada de mi futuro apenas si me sacude los nervios de tanto que la he pensado, tengo claro qué quiero ser de mayor. Al menos hoy, al menos ahora, sé lo que quiero, pero lo que no tengo tan claro es que valga para ello. Ser escritor, qué bonito sería que el azar, que casi todo lo puede, me deparara tan bello destino.
¿Cuántas etapas quemaré desde que la certidumbre se transforme en realidad?
¿Cuánto me durará la certidumbre?

Libertad como encrucijada II

[Escrito el 20.09.08]

La casualidad ha querido que mis cansados ojos se posen, dos meses y algo después, en el texto de título homónimo, pero des-numerado: no he podido sino hacer una segunda parte.
Hablaba en él de decisiones vitales para mi mundo, y lo curioso es que hace unas horas parece confirmarse que Colonia vuelve a ser el destino. Para aquellos que se pierdan, y perderse es algo normal debido a la escasa información que doy, contemos. Digamos que ante la duda de Köln sí, Köln no, me resolví (¿o me revolví, como fue aquello?) finalmente por un sí, “qué carajo, dios=azar, proveerá”. Pero tal lema se pulió después de tanto sudor gracias a una solución intermedia: Santander. Aquí se me presentó una oferta de trabajo que colmaba ambas prestaciones, a recordar, aventura a la par que seguridad. Sin embargo, parece que lo que durante un mes ha parecido en la mano se volatiliza ahora como ceniza. Y vuelta a empezar.
No, no hay vuelta atrás que valga, si no hay Santander, entonces, “qué carajo, dios=azar, proveerá”. Colonia ahora se presenta más feo que hace meses, más complicado, caro y con mayor incertidumbre, pero tiene algo que antes de mi acto libre carecía: mi firme decisión.
Donde digo firme podría escribir blanda, o acojonada por qué no. Pero algo es inamovible, “decisión”. Por tanto en este mar de dudas, o Colonia para principios de enero, o quizá Santander si las cenizas deciden retornar a mi mano.

3:00

[Escrito el 23.08.08]

La música recorre ahora las venas que en cualquier otro momento son pólvora cargada. Pero joder, vienes aquí y la mojas y me dibujas una sonrisa de tonto feliz que parece mentira que sea el mismo que piensa casi constantemente la cuerda desesperación.

Libertad como encrucijada

[escrito el 12.07.08]

Veintisiete años y un mes. Además y según cuentan, debe acercarse hasta la hora, las cinco y veinte de la mañana.
Pero a lo que veníamos.
Esta vez la duda, cargar de nuevo con la casa a cuestas -por otra parte una maleta, el portátil y yo mismo- hasta a Alemania, o perder una oportunidad y una odisea por ser complicada, incierta, sacrificada y vete tú a saber qué más. La vida es para valientes me digo para animarme, pero a un escéptico un caramelo así ni llega al paladar. Miro y remiro las opciones, las compartimos y las examinamos, pero puesto que la certidumbre brilla por su ausencia, el tiempo inexorable nos agobia. Hay que decidirse; tres meses de sacrificio y luego la incertidumbre interesante y quien sabe si destructora o catárquica o plena; o hacer un año y luego, juntos, buscar un destino más cómodo pero menos interesante.
El refranero viene a mí cada vez que no sirve de nada, es decir, cada vez que me da una solución y su contraria, y lo mismo hacen las razones. Es la libertad en estado puro: la decisión no prefigurada, el acto que constituye vivencias, la destrucción de la rutina. Y duele. Pero bendita sea, aunque sea para errar.
El párrafo anterior es filosofía, teóricamente es bonito, pero en la práctica no tanto, la realidad baja de esa nube y me vuelve a mirar a los ojos, me vence y me humillo, pero a Cronos le da igual vencedor y vencido, quiere una decisión; Köln sí o Köln no; volver hasta diciembre a perder la independencia o conservarla a costa de sacrificar tal oportunidad; separarme de lo mejor que tengo durante tres meses o quedármelo egoístamente; una mudanza más, o dos; asegurar un trabajo en un idioma que entiendo, o arriesgar mi dinero en una lengua del infierno; aventura mayor o aventura menor.
Quedan unas cuarenta y ocho horas, tic tac. Tiempo más que suficiente para cambiar de idea al menos un millón de veces.

1:50

[Escrito 18.04.08]

Me rastreo pero no encuentro ninguna señal que justifique este ansia: Berlín. Es como si un aguijonazo directo al cerebro hubiera hinchado mi nostalgia por aquella ciudad, ciudad de los mil demonios para mis recuerdos, pero tantos de ellos buenos.

Quizá pueda seguir una: las fechas. Mañana marcho rumbo a Granada, hace menos de un año que visité la tierra de la Alhambra y las tapas, gran ciudad en su conjunto. Hace un año y cuatro días, si mi memoria no falla, que se cumple aquella efeméride fatal que luego se desvaneció cual pesadilla. Hace un año mi estado era diferente, y mi situación actual inimaginable, pero hoy, una cosa está igual: las ganas de estar en Berlín.

Ayer la tuve, hoy, queda muy lejos a pesar de que en apenas quince días vuelva a pisar tierras berlinesas en un viaje más bien fugaz. Pero mañana, doy fe de ello, volveré para quedarme otra buena temporada.

4:40

[Escrito el 16.04.08]
Aterido de frío pero no muerto. Los bostezos se expanden pero no duermen. Las ganas huyen pero siempre hay rescoldos.
Escribo así entre desgana bostezos y temblores, razón por la cual no se espere nada de mi. No son horas nada más que para cervezas o camas, y estoy muy lejos de ambas. Escribo para no marchar a casa pensando: “Otro día sin líneas para el coleto”. Pero no confío en nada ni creativo ni meritorio –si no lo hago en mejores condiciones no lo espero entre tumbos.

Ya sacié el apretón por escribir, y como se ve pronto me lleno y más aún me vacío, así que hasta la próxima oscilación.

2:00

Música, dolor de espalda, madrugada y a escribir. Hoy en especial estoy bastante, como decirlo, hasta la polla. Cuando sientes que los menores te han agotado, padeces. Padezco y sufro. Creo que es una mezcla de impotencia, falta de cualidades de educador, y rabia, sobra de ganas de liarse a tortazos. Tensión.
Catarsis es lo que busco y lo que empieza a invadir mi cuerpo, una falsa sonrisa repleta de complejidad sazona un estado que por momentos se disipa y pasa de esa tensión a un estado de relajación lograda.
Falso como una puta, o como un sabio, o como cualquiera de nosotros. Si fuera tan fácil, escribir y adiós a la tensión, entonces estaría con bic y papel hasta en la sopa. ¿Seguro? Si así fuera no escribirías nunca.
¡Dios!, muerto. Prometeo, esa falsa esperanza. Locura, diosa inalcanzable. Yo, amalgama insondable de esa pura normalidad. ¿Dónde está el descanso?, ¿en la muerte? No, en esa cama inalcanzable hasta dentro de unas diez horas.
Trabajo este curioso donde se precie. Agotador, agotador y agotador, no hay mayor tortura psicológica que un día duro en “esta oficina”. Pero todavía no ha llegado ninguno de esos días, así que a callar y a jugar.
Buenas noches, y hasta que les levantes Paciencia. Buenas noches.

1:45

[Escrito el 2.4.08]

Es difícil, si no imposible, encontrar un sólo “estado de cosas” (usado en un sentido muy amplio) que no se pueda definir por una palabra ahorrándonos largas descripciones. Saber esto sin embargo no quita para que tengamos que seguir usando esto último debido a la ignorancia de la palabra definitoria. Leer, y comprender, posee entre otras muchas virtudes, ese encanto de descubrir por un lado que otros pasaron ya por ese estado, y por otro, que la realidad puede dilatarse hasta límites inmarcesibles.
Dos, al menos, son los casos recientes que me traen aquí. Uno, descubrir que toda la idea de un relato de esos que algún día escribiré, está basado en una enfermedad rara (tan rara que me pensaba -iluso eterno- original) pero existente y perfectamente diagnosticada. Permítaseme que obvie tal idea y tal palabra, y más en el segundo caso pues aunque puedo recuperarla, ahora mismo es inaccesible. Dos, corroborar algo más que plausible, lógico, pero que sin embargo viene bien recordar: que todos o casi todos cuando de crear se trata, buscamos excusas para posponer esa obra. Y lo que es mejor, que procastinación es la palabra que define tal mal, que a mí particularmente me anula hasta una in-acción casi total. Pues bien, a ver cuando dejo de procastinar el relato de arriba y me animo a matar dos miedos de una vez.

4:00

Escribir a estas horas intempestivas que marca el primer trabajo con el que me siento reconfortado, aunque sea sólo a ratos, parece que me funde en un abrazo con Lázaro. Es como si la alta, baja, y media madrugada, fuera territorio común. Esto explicaría algunos sueños, esto sería harto divertido. En cualquier caso vigilaré los síntomas para cuidarme de tan peculiar enfermedad, no vaya a ser que uno de los dos nos perdamos en el abismo del otro, algo poco recomendable después de haber alcanzado ambos una merecida autonomía.