Noxfilia

Mis noches, cada una de ellas, son mi privilegio, un regalo metahumano que me fecunda. Mi sueño es como mi aliento de vigilia -esencia de vida: inspiración. A ratos descanso en el mayor de los abismos -la mayor de la inconsciencia. Otros, los dioses resuellan tras de mis pasos -yo soy soy horizonte.
Cada noche, al menos nueve mundos distintos con lógicas y éticas diferenciados.
A veces no domino mis dominios, y entonces el reto crece: la selva onírica lucha por devorarme y Yo lucho por domeñarnos sin recurrir a la luz. Cuando lo consigo, esbozo una sonrisa: máximo laurel.
Al final de cada acto nocturno amanecen mis ojos agostados del esfuerzo de soñar, y dispuestos a devorar el día para volver plenos a la noche.
Sé que me envidias, pero tu éxito no está tan lejos. Empieza por forzar esta noche, ¡empieza ya!
Te escribo desde una dulce y oscura celda tras doce horas de sueño. Verás, está visto que no me puedes dejar sólo, qué le vamos a hacer. El caso es que estaba viendo las noticias de España, como tú acostumbras cada mañana, y me topé con uno de esos absurdos típicos de quemas de fotos reales y sus consecuencias, y como soy republicano ardiente decidí secundarlo en las calles de Berlín.
No buscaba publicidad gratuita, tan solo deslastrar algo de grasa que llevaba acumulada, por lo que no necesitando de Puertas o Reichstags, de Columnas o de Pérgamos, de esto ni de aquello, decidí que bajar a la acera de enfrente bastaba. Tomé una de las cientos de fotografías de nuestros queridos reyes que guardo, y empecé la chasca. Ardió y me gustó, tanto que subí a por toda la colección.
Contemplaba embelesado mi obra mientras alemanes y turcos ocasionales se apartaban con descaro, cuando recordé que las llamas se debían a un acto de protesta, y me determiné a protestar como se debe: a lo grande. Así que, comencé a recordar todo lo que era, todo lo que no, y todo lo que debía, y una y otra vez alimenté la hoguera.
Harto de quemar monarquías me decidí por banderas, y empezando por la española continué –adivina, con la catalana la vasca y la gallega. Que si países vecinos, que si la misma Alemania, que si otros continentes, aquello era un jolgorio espectacular de luz, protestas y crepitaciones.
Como sois tantos los españoles que rondáis por aquí, me topé con una moralina entendible (a los alemanes excitados no hay dios que les entienda) que me recriminaba muy sabio con algo parecido a que los nacionalismos imperialistas sí merecían la peor de las suertes pero que la lucha por la determinación, etcétera: a la hoguera que fue también. Después le tocó el turno al primer alemán que indignado con mi actuación se adelantó seguro de su pastor, pero el perro me miraba tierno y quien ladraba era él así que entre aplausos del perro lancé a las llamas a su dueño –y eso que le quería mucho y le era muy fiel.
Era un no parar y es que estaba imbuido por el viejo principio de que todo es digno de perecer, y de arder más que nada, así que continué con mi obra. Cómo explicarte todo lo que allí se consumía; patrias ejércitos oenegés ordenadores religiones ropas relojes valores historias ciencias diccionarios sabios locos tontos rematadamente tontos o políticos escritores públicos vagos traidores héroes y todo lo imaginable y hasta lo que no, sin distinción alguna. Me enamoré tanto, que no pude sino arrojarme a mí mismo.
Pero todo orgasmo tiene su fin y llegaron unos buenos señores y me recogieron de la hoguera y arreglaron todo el estropicio y me enfundaron en una preciosa camisa y me metieron una sirena por los oídos y todo resurgió de sus cenizas y el mundo volvió a ser estúpido y aburrido plagado de la indecencia del ser humano y en un espejo me contemplé y confirmé el fracaso de mi frenesí.
Y ahora aquí encerrado y con un papel muy serio de extradición. Así que haz las maletas que para el 6 de octubre nos vamos.
Ya no hay más –ven a por mi y no te metas en líos que no soy quien para sacarte de ellos.

FDO: Lázaro

Calavera de rosas

Casi dos meses de silencio por los que has pasado de yunque a plastilina y vuelta a empezar, pero como siempre en ti: nunca martillo.
Has mejorado tu ánimo -pues me dices-; «¡Ya no quiero ser martillo!».

Te creo porque cohabito en ti, y cualquiera diría que ayer te sacudiste mil demonios. Fueron menos seguramente, pero al menos uno sí se exorcizó. Felicidades.
Ciertamente tengo poco de lo que alegrarme pues me alimento de tu necesidad de exagerar y hoy das un asco viscoso ahí sentado, tranquilo y sin preocupaciones cual estilita sobre su columna de paz. Sería mejor para mí que te levantaras y te arrojaras contra el suelo en salto mortal, y cuando deliraras lleno de sangre y pústulas, ahí estaría yo en cada reflejo de tu último aliento. Pero soy paciente.
¡Y una falacia! En el fondo te tengo cariño, y hoy disfruto contigo aunque tenga que guardar las apariencias. Sin duda eres más aburrido así pero necesitabas descansar y descargar tu angustia.
Me pregunto si esperarás otros dos meses, si cancelarás este proyecto como tantos otros, o si empezarás a cumplir algo de lo que prometes cada día que el buen humor te asiste para renegar de ello cuando éste se esfuma. Tiempo y pipa, todo lo que tú ves, lo veo yo.
Parece que Sade te reclama ¡más quisieras! Tú espíritu es mucho más aburrido.
Hasta la próxima compañero porque hoy, una calavera de rosas y aún sin espinas pareces.

¡Si nos pudiéramos comprender!

Enciendo la pipa y sonrío, ahí estás con tus ojos bajos de domingo. Para verte mejor el alma me rodeo del saludable humo que desprende mi vida, y por supuesto, no lo dudes, te compadezco, o mejor, nos compadecemos. Pero bien sabes que con este juego pierdes tú más que yo, pues al fin y al cabo tengo los límites más marcados, y con romperlos de vez en cuando tengo suficiente, mientras que tú no sabes que hacer con tanta desbordante libertad. Que no eres el único no es un consuelo, o lo es pero para andar por casa, y el mundo comprende demasiado espacio, ¿verdad?
No hay nada peor que la certidumbre de tu impotencia contra ti mismo. Te dices, «si quisiera sería un dios», pero no puedes con tanto sacrificio, y sufres el infierno con la indolencia de tu sangre. Eterna herida que no sanará nunca, porque la espada de la contradicción te atraviesa cada año, cada mes, cada semana, cada día, cada hora. Y sangras, sangras profusamente, y en esa sangre está el tiempo de tu vida. Y la contemplas, sufriente o estoico, a veces incluso divertido, las más pesaroso, pero siempre, absolutamente siempre, desde la inacción o la acción obligada. Temes las riendas, porque te alejan de la certidumbre, de la insana felicidad, y hasta cuando has levantado una mano para acercarte a ellas, fuiste obligado. Hasta que no ames el abismo no serás capaz de arrojarte a él. Bien sabes que morirás sin dar el salto, y te consumirás en una fácil felicidad de la que reniegas en sueños pero a la que te aferras con cada uno de tus inermes dedos.
Eres inteligente, porque ser valiente es una estupidez cuando no sabes lo que significa, cuando sólo tienes una imagen borrosa, nada saludable por cierto, y ajena a tu vida dichosa. Sólo anhelas arrojarte por curiosidad, y por decir, «fui capaz de hacerlo», «soy un estúpido absoluto porque he querido serlo, porque lo he elegido». Pero es un anhelo con olor a vacío, a huero, y en definitiva, no es sino la exigencia de tu espíritu de estar disconforme con lo divino lo humano y lo demoníaco, con la necesidad y el azar, contigo y conmigo, con todo.
El humo se disipa y te oscureces, te veo borroso, te alejas, pero aún te oigo susurrar una última palabra: «todavía»

Fisuras y búsqueda

Tu oronda pereza cerzena hasta la raíz del impulso de la acción. Todavía no hay antídoto, pero prometo seguir buscando por ti para acabar con tanto lenitivo, con tanta adormidera. Hace mucho que rechazas las distintas «naturalezas humanas», pero te podrías colgar un cartelito que dijera: Dios me hizo con una costilla abúlica. Lástima que no creas en Dios, pero a este paso dejarás de creer también en las costillas. Una vez me lo dijiste a mí, ahora te lo digo yo: ¡Levántate y anda!
Lázaro, me voy a la cama.
Encontrémoslo, porque si no la tumba temprana mejor que la tardía es tu mejor destino, y no eres digno todavía de gusanos.

El sueño a muerto, ¡viva el sueño!

El mundo es ahora tu objetivo, aunque no te engañes, al mundo tú le importas una mierda -tampoco pasa nada pues no eres excepción alguna.
Recupera tus alas si puedes, si no, corre, si tampoco, camina, y si aún así, no hay manera, pues arrástrate. Sólo hay que moverse, aunque bailar sea mejor, y volar el sueño tan anhelado.
Las cosas no están tan mal como cupiera pensar, y caben muchas cosas, tantas que ése es uno de los problemas, solución puede que también.
Te observo y no me lamento, por momentos me entristezco por ti, pero no te preocupes, no llego a la compasión: todavía te queda fuerza.
Lee, escribe, respira y agótate, son buenos bálsamos, pero no te quedes ahí, no necesitas adormideras sino vida. ¿Dónde está la vida que tú buscas?, eso sólo lo puedes encontrar tu mismo, y da absolutamente igual que viva en tus entrañas o en tu corazón. Así que sal a olisquear ese mundo de fantasía, realidad y fricción. Disfruta y sufre, pero sobre todo resiste con una sonrisa.

Sterbeurkunde meiner Beziehung mit dem Paradies

¡Ay pobre! Ahora mismo hay distancias estelares entre nosotros, pero eso no impide que pueda verte a través de las estrellas. Por suerte me creé a tiempo, antes de tu derrumbe, y seré yo ahora quien te ayude a levantar, por muy bajo que tenga que volar. Mas no hoy, te comprendo, necesitas al menos un día agónico, aunque te advierto que tendrás montañas de ellos, soy joven, pero llegué sabiendo lo que tú sabías.
Me duele tu imagen, ahí tirado rodeado de plumas, las que formaban tus alas, las que eran tu dicha. Te preguntas cómo ha podido pasar una y otra vez, cómo la basura fue envolviéndote, y cómo es posible que te las hayan arrancado, una a una, hasta quedar unos homoplatos pelados, huérfanos de gracia. Te diré que son preguntas con respuestas indiferentes, tú ya lo sabes en cualquier caso, pero debo recordártelo.
Hay dolores que duelen como ningún dolor, tú quizá los tienes todos, pero una cosa es segura, tienes un aparato digestivo capaz de digerilos. ¡Hazlo! ¡Levántate y anda!

Donde cabe uno…

Nací hace años, pero hasta ahora apenas si he sentido el viento en mi cara, el miedo o el cielo en mis ojos. La culpa no es mía sino tuya enteramente, y aún con todo, te perdono. Cómo no hacerlo, pues si respiro es por ti. Pero por fin creo haber alcanzado la madurez que me permite segarte casi enteramente de mi existencia, ya tan sólo dependeré de tus manos, o de tu siniestra. Vengo con el propósito de quedarme, de hacerme un hueco en tu cabeza con la fuerza que sólo la autonomía es capaz de proporcionar. Te robo el nombre que tanto te gustaba para tu personaje, esta es mi primera victoria, pero consuélate pensando que se lo das a una entidad real, o al menos tan real como otras que se pueden palpar y sin embargo dejan mucho que desear. Yo aspiro a lo contrario, no pretendo tu esquizofrenia pero si el merecimiento a la vida. Yo soy Lázaro, tu primer heterónimo serio, y entre ambos surgirá una química insondable. Se acabó el periodo de latencia, junto al tuyo, comienza mi reino, el de tu exageración personificada.