3:20

En una de mis últimas noches de este trabajo insomne que finalmente no lo fue tanto, la música domina sobre cualquier otra apetencia, y Robe sobre cualquier otro músico.
En esta noche a mitad de diciembre, cuando la incertidumbre moteada de mi futuro apenas si me sacude los nervios de tanto que la he pensado, tengo claro qué quiero ser de mayor. Al menos hoy, al menos ahora, sé lo que quiero, pero lo que no tengo tan claro es que valga para ello. Ser escritor, qué bonito sería que el azar, que casi todo lo puede, me deparara tan bello destino.
¿Cuántas etapas quemaré desde que la certidumbre se transforme en realidad?
¿Cuánto me durará la certidumbre?

25 de noviembre, tras un mal latigazo

La incertidumbre me machaca los nervios, me congela el ánimo y me castiga el corazón. Y camino hacia la incertidumbre. De hecho, ahora y hoy soy un funámbulo de la misma. Respiro peor y me encorvo. A más edad, más miedo a la duda. Y sin embargo, soy esencialmente duda. ¿Significa esto que cada vez me tengo más miedo? Más miedo a fracasar, más miedo a pudrirme en mis decisiones erróneas, más miedo a perder. Siempre he odiado perder, pierdo a la mayor nimiedad y es como si perdiera un reino. No quiero perder el reino de mi cordura.
Donde esté la duda, allí estaré yo –de acuerdo, acepto el reto: la duda me mira y levanto la cabeza, me clava su mirada y replico, sonríe y escupo su sarcasmo, si me quieres hundir nos hundiremos juntos.
Pero a la duda le da igual hundirse o no, porque aunque es mi incertidumbre a ella le da igual mi salud. La mental y la corporal, esto es un reto conmigo mismo, al margen del mundo, de su gente y por supuesto, de ti, incertidumbre castradora de felicidad, pero dadora de esencia.
Resistir no debe serlo todo, resistir bien debe serlo. La primera piedra del camino siempre es reconocer el problema, luego hay que atacarlo con sabiduría, pero creo que esto no sirve de mucho. Sólo queda reír, reír y reír. Pero acaso río por ácido nitroso, acaso el gas de la risa es bueno. No, no a la convulsión tóxica, necesito una risa sana. Estar con ella es lo más sano que conozco. Estar con ella es la segunda piedra y la última. Pero aún debo asfaltar mucho.
Un mal día, 25.11.08

20 de noviembre

Gustaría de escribir, «en mitad de la nada». Pero si acaso la realidad escupe, en mitad del transitar de la gente, puerta D21, terminal 2, aeropuerto de Frankfurt. No podía estar más lejos de la nada y el gusto puede esperar a pudrirse.

También me gustaría poder contar, «el viaje es corto y el aburrimiento no me llega». Pero también es falso, tanto que hasta escribo perdido en mitad de todo esto. Y es que hoy tuve tiempo de más siempre. En mi futura casa, la que en estas vacaciones fuera mi casita de retiro (y digo muy bien casita porque 30 metros no dan para más nombre). Luego tuve tiempo de más en las estaciones de trenes, dos. Y ahora y mucho, en el aeropuerto. Todo un día invertido en poco más de 2000 miserables kilómetros y tres o cuatro grandes ciudades. Me lo pregunto y no sé qué contestar, ¿hablo en serio o no?
Al menos sí puedo canturrear, «en estas vacaciones, turrón de…» Ah no, que eso es en las navidades, que por cierto ya están aquí. Lo que realmente quería decir es que, «Joder qué pedazo de vacaciones». Largas, agotadoras por momentos pero calmadas otros muchos, con lo que tiene que tener para un enfermo con mi enfermedad, y productiva como nunca: conseguí arrancarme una obsesión literaria y nació otra. Y esto al margen de ideas, proyectos, profundo amor hacia mi compañera y hasta sueños de calidad. Poco más cabía esperar, quizá un poco más de alemán, pero estoy satisfecho del que hubo, un poco más de tiempo, algunos dirán que soy un ansioso pero yo replico que 20 días son minucia, y, si acaso, un viaje de regreso más corto. Pero me resbalan las quejas porque me sobran los buenos momentos.
Y todo esto, hasta que la ciudad de vacaciones, Colonia, se convierta en ciudad de retiro temporal. Y espero que de buen retiro, quizá hasta con trabajo, y si no, con sus múltiples comeduras de tarro pero a las que desde aquí prometo y amenazo: «las sobreviviré, como todas».

¡Por fin te vencí, obsesión!

¡Joder!, Después de años arrastrando una obsesión en forma de relato incapaz de narrar, he conseguido arrancármela de muy adentro y de la mejor manera posible: escribiéndolo. Estoy orgulloso y estoy feliz, ya sólo me faltan nimios retoque y un título.
Ahora espero, que como me decía a mi mismo cada vez que fracasaba, el lograrlo suponga un cambio cualitativo en mis necesidades creativas, de modo que saque tiempo y ganas de donde sea para escribir, escribir, y seguir escribiendo.
De momento, no lo voy a colgar en el blog, ni por extensión (25 folios con interlineado), ni por conveniencia, pero si me diera cualquier novedad, probablemente vuelva a aquí a hablar de ello.
Joder, me dan ganas de dar saltos de alegría, hacía tiempo que esa sensación no recorría mis venas. Espero que la misma no se diluya por el peso de sucesivos fracasos.

Cuando la verdad es un tabú

No creo que España sea diferente, puesto que todos los países me parecen igual de estúpidos, compuestos como están por ese animal tan idiota que es el hombre. Sin embargo, hay noticias patrias que parecen rayar la “particularidad hispánica”. Veamos una reciente: el circo de Rajoy con su desfile coñazo.
Como en otras ocasiones, nuestros políticos muestran lo que son y piensan verdaderamente, cuando no están ante las cámaras, pero sí, cogidos en descuido, ante aviesos micrófonos. Y cuando esto ocurre, unos, beneficiarios del desliz, afilan las uñas, y otros, auto-agraviados, se lamen heridas. Pero aquí parece que lo histriónico alcanza cotas pocas veces vista, pues en la supuesta falta de uñas podemos percibir la hipocresía vestida de seda.
Resulta que el señor Rajoy, cuando cree no tener la lengua atada a su discurso de galería, suelta, lo que a mi entender, es de lo más sabio que ha dicho este tipo en su vida, que el desfile de las fuerzas armadas es un coñazo. Y se monta un revuelo en el que nadie parece decirle, “muy bien dicho señor mío”. ¿Y por qué no? Porque nuestros políticos son los seres acartonados que representan una sociedad de la misma condición: Rajoy no puede pensar eso, puesto que no es su papel; ¡es de derechas, su corazón debe de hincharse de orgullo ante el más grande de los himnos y cuánto no ante el desfile de nuestras valerosas tropas, con cabra y aviones a la par, protagonistas!
Además, tenemos el papel de ese rojo cejudo que es la personificación del mal, que si pudiera, lanzaría la cabra (este año al parecer carnero) desde nuestros flamantes aviones destructores de ejes malignos, para hacerla estrellar contra los bienaventurados norteamericanos.
Pero resulta que tanto tópico con patas salta por los aires por un simple coño, o coñazo (aunque bien mirado así funciona a menudo la historia). Y lo mejor de todo es que nadie dice, porque no lo ha dicho el representante adecuado, que sus palabras, al margen de ser de barbas o de cejas, son o pueden resultar, ciertas. Porque veamos, ¿de qué estamos hablando? No es que precisamente lo haya seguido alguna vez con devoción y a lo mejor me equivoco, pero si digo que se trata de estar sentado dos o tres horas viendo desfilar a gente gris y verde, a pasos aburridos, con marchas militares que no suelen ser la alegría de la fiesta, con aviones descoyuntadores de cuellos, y con una cabra final, no hierro mucho. Y aunque lo haga, aunque se trate de una fiesta nacional en la que se rinde homenaje a los hombres y mujeres de España que están dispuestos a defender su país con su vida y con un armamento que es imprescindible para hacernos respetar en un mundo plagado de enemigos. Y aunque aún haya una tercera, cuarta o enésima vía de motivos de esa celebración, ¿no es razonable pensar que a muchos no nos guste tal espectáculo, al margen de su sentido, al margen de su supuesta emotividad, y al margen de las ideas que nos circundan?
Pero no, la máquina debe continuar, ¡que no pare la pantomima! Que muchos supuestos izquierdistas se rasguen las vestiduras por tal oprobio contra el país. ¡Pero por dios, cuántas veces no habéis querido decir lo mismo! Mientras, desde el gobierno la campaña de marqueting parece indicar: “lamamos también nosotros la herida, pues nada les escocerá más”, y así sale la ministra “chaconiana” ¿¡disculpándole!? Por su parte la derecha y en su papel, ora quita hierro al asunto, ora recuerda verdaderas vejaciones a tan sagrado día, como aquél en el que el infausto presidente decidió mancillar el honor de cada español al quedarse anclado en su butaca al pasar la nación norteamericana.
¡Idos todos al cuerno! El desfile es un coñazo para mí, para Rajoy –por mucho que maquille ahora-, y para millones de españoles. Y ojo, al que le guste, felicidades y a disfrutarlo, pero lo patético es que parezca pecado decir que no, que no me siento identificado como español en tan aburrido y anquilosado pasacalles. Y como a mí me gusta pecar, pues cargaré con esa conciencia, ¡uy que miedo! Y quien tenga que guardar las formas que lo haga, y una vez más darán muestras por uno y otro lado del síntoma: si son los “bipolitizados”, que su estrechez de miras raya lo esperpéntico en una profunda incapacidad para analizar la realidad en su complejidad. Y si son los “politizadores”, que su preocupación por conservar el sillón les lleva a atar sus lenguas al compás del guión prefigurado, y que cuando se suelta, dejan escapar aparentes anécdotas que sin embargo dejan patente (aunque esto lo hagan día tras día con chascarrillos o con cosas más serias que chascar) la mierda que sus bocas lastran.
Guadalajara a 13.10.08

Libertad como encrucijada II

[Escrito el 20.09.08]

La casualidad ha querido que mis cansados ojos se posen, dos meses y algo después, en el texto de título homónimo, pero des-numerado: no he podido sino hacer una segunda parte.
Hablaba en él de decisiones vitales para mi mundo, y lo curioso es que hace unas horas parece confirmarse que Colonia vuelve a ser el destino. Para aquellos que se pierdan, y perderse es algo normal debido a la escasa información que doy, contemos. Digamos que ante la duda de Köln sí, Köln no, me resolví (¿o me revolví, como fue aquello?) finalmente por un sí, “qué carajo, dios=azar, proveerá”. Pero tal lema se pulió después de tanto sudor gracias a una solución intermedia: Santander. Aquí se me presentó una oferta de trabajo que colmaba ambas prestaciones, a recordar, aventura a la par que seguridad. Sin embargo, parece que lo que durante un mes ha parecido en la mano se volatiliza ahora como ceniza. Y vuelta a empezar.
No, no hay vuelta atrás que valga, si no hay Santander, entonces, “qué carajo, dios=azar, proveerá”. Colonia ahora se presenta más feo que hace meses, más complicado, caro y con mayor incertidumbre, pero tiene algo que antes de mi acto libre carecía: mi firme decisión.
Donde digo firme podría escribir blanda, o acojonada por qué no. Pero algo es inamovible, “decisión”. Por tanto en este mar de dudas, o Colonia para principios de enero, o quizá Santander si las cenizas deciden retornar a mi mano.

3:00

[Escrito el 23.08.08]

La música recorre ahora las venas que en cualquier otro momento son pólvora cargada. Pero joder, vienes aquí y la mojas y me dibujas una sonrisa de tonto feliz que parece mentira que sea el mismo que piensa casi constantemente la cuerda desesperación.

Libertad como encrucijada

[escrito el 12.07.08]

Veintisiete años y un mes. Además y según cuentan, debe acercarse hasta la hora, las cinco y veinte de la mañana.
Pero a lo que veníamos.
Esta vez la duda, cargar de nuevo con la casa a cuestas -por otra parte una maleta, el portátil y yo mismo- hasta a Alemania, o perder una oportunidad y una odisea por ser complicada, incierta, sacrificada y vete tú a saber qué más. La vida es para valientes me digo para animarme, pero a un escéptico un caramelo así ni llega al paladar. Miro y remiro las opciones, las compartimos y las examinamos, pero puesto que la certidumbre brilla por su ausencia, el tiempo inexorable nos agobia. Hay que decidirse; tres meses de sacrificio y luego la incertidumbre interesante y quien sabe si destructora o catárquica o plena; o hacer un año y luego, juntos, buscar un destino más cómodo pero menos interesante.
El refranero viene a mí cada vez que no sirve de nada, es decir, cada vez que me da una solución y su contraria, y lo mismo hacen las razones. Es la libertad en estado puro: la decisión no prefigurada, el acto que constituye vivencias, la destrucción de la rutina. Y duele. Pero bendita sea, aunque sea para errar.
El párrafo anterior es filosofía, teóricamente es bonito, pero en la práctica no tanto, la realidad baja de esa nube y me vuelve a mirar a los ojos, me vence y me humillo, pero a Cronos le da igual vencedor y vencido, quiere una decisión; Köln sí o Köln no; volver hasta diciembre a perder la independencia o conservarla a costa de sacrificar tal oportunidad; separarme de lo mejor que tengo durante tres meses o quedármelo egoístamente; una mudanza más, o dos; asegurar un trabajo en un idioma que entiendo, o arriesgar mi dinero en una lengua del infierno; aventura mayor o aventura menor.
Quedan unas cuarenta y ocho horas, tic tac. Tiempo más que suficiente para cambiar de idea al menos un millón de veces.

Ahora

Ahora que la tenaza de la realidad se cerraba con más fuerza que nunca, repunta mi sueño. Ahora que la asunción de la derrota era palpable, resisto. Ahora que el calor congela toda acción, actúo. Ahora que veníamos a escribir: «Nunca seré escritor», tomo aliento hasta la próxima crisis y me pongo a escribir donde debo.

Feliz cumpleaños

Desde los dieciseis, quizá ya en los catorce, tengo la conciencia tranquila: cada doce de junio es una tragedia. Y en esta rueda no sé si poner velas o veintisiete lágrimas.
Entumecido ahora, era hace un momento un torrente de tristeza y amargura, ni siquiera para recordar lo inmediato valgo ya.
Bueno, basta de emperifollados teatros y vuélvete a la cama, que para esto es mejor que no te hubieras levantado. Disfruta como puedas, y hasta la próxima.